La explotación minera de oro en Colombia: impacto ambiental y para la salud humana

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El Shabbat



Por Fabiola Rojas Valenzuela


Medusa es un personaje mitológico griego que petrificaba con su mirada a quienes osaban mirarla; de su cabeza emergían, en reemplazo de cabello, temibles serpientes.  La explotación minera opera de manera similar a Medusa: el impacto ambiental de la explotación de oro en Colombia es enorme, y esta actividad, que se ejerce  de manera legal e ilegal, además de causar daños permanentes al ecosistema, genera otros tipos de impacto social. Entre ellos podemos mencionar el grave deterioro de la salud de los habitantes de las regiones explotadas, la aparición de mutaciones genéticas, el desplazamiento, el cambio forzoso de actividad de los otrora campesinos que trabajaban la tierra o se dedicaban a la ganadería y el aumento de la violencia en la lucha de los grupos al margen de la ley  por el control del negocio ilegal o artesanal.

Las tasas altas de desempleo y la falta de oportunidades, llevan a los trabajadores de estratos bajos de las regiones mineras a dedicarse a la actividad peligrosa de ser minero. Y la consideramos peligrosa no solo por el alto riesgo de accidentalidad, sino también por la manipulación de sustancias tóxicas indispensables para la extracción del oro como son el mercurio y el cianuro. La mayoría de trabajadores de esta actividad empiezan a sufrir de graves enfermedades y mutaciones genéticas. Además, se expone a regiones enteras dedicadas a la minería a cielo abierto, a padecer unas graves condiciones humanitarias.

En un artículo de El Espectador (2013) podemos leer:

“Según Atehortúa, aparte de la minería, ‘en Segovia no hay nada más para hacer’, por eso no se imagina dedicado a otro oficio, incluso si su salud está en juego. Después de manipular por cinco años mercurio con guantes y tapabocas, poco a poco empezó a sentirse débil, le dolían los huesos, la cabeza, vomitaba y su visión no funcionaba igual que antes. De acuerdo a un estudio realizado por la ONUDI  (Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industria) en diciembre del año pasado, Pedro Luis y otras 50 personas del municipio elegidas aleatoriamente están intoxicadas con mercurio, es decir, los niveles del metal en su orina superan los 35 microgramos.

Además de síntomas de malestar, Pedro Luis sufre de temblores, caída de las uñas y del pelo y pérdida de memoria.  Los síntomas coinciden con los que la Agencia de Sustancias Tóxicas y Registro de Enfermedades de Estados Unidos ha declarado como derivados de la exposición al mercurio, a los cuales se suman daño cerebral, malformaciones y problemas de riñón (en Segovia se han tenido que hacer 15 trasplantes en los últimos tres años, según la ONUDI).   En 2009, Naciones Unidas alertó que la zona entre Segovia y Remedios era la tercera más contaminada del mundo por el mal uso de mercurio, cromo y cianuro, principalmente en la minería (se calculaba que había emisiones de 180 toneladas de mercurio al año en la región). Según Oseas García, investigador de la ONUDI, la presencia prolongada de mineras y el uso histórico del mercurio son los principales responsables.  Sin embargo, el organismo internacional y la Gobernación de Antioquia emprendieron en 2009 un proyecto para mitigar los efectos del nocivo metal. Así, con programas de prevención y educación lograron cambiar el sombrío panorama: en las calles de Segovia se pasó  de 13,6 microgramos de mercurio por metro cúbico en el aire en 2010, a 2,85 en noviembre de 2012.”

La actividad industrial de la extracción del oro a cielo abierto tiene varios efectos de alto impacto ambiental que se derivan de los métodos destructivos requeridos para que una producción sea eficiente y rentable para quienes se benefician de este negocio. Con este objetivo se provoca la destrucción de la flora y la fauna, el uso discriminado del agua, la utilización de químicos tóxicos y la contaminación del aire y el agua por la descarga de desechos emitidos por el proceso de extracción del oro.

La redacción del periódico El Tiempo (1995),  pone de manifiesto la importancia de que el Ministerio de Medio Ambiente exija estudios previos de impacto ambiental y expone los daños que se han causado al medio ambiente por el ejercicio de la explotación minera a cielo abierto:

“En el campo geológico se producen cambios topográficos y geomorfológicos debido a la remoción de las capas superficiales del terreno. La inestabilidad de los terrenos al dejar las formaciones rocosas al descubierto, pueden ocasionar el desencadenamiento de fenómenos erosivos. También se produce un aceleramiento de los procesos de resquebrajamiento de la roca con separación de las partes y fallas en las unidades rocosas por el uso de la dinamita.  En el campo biológico, el impacto sobre los bosques naturales y la contaminación del agua ocasionan la pérdida de recursos y especies en peligro de extinción.  En cuanto al plano social, en cualquier zona de explotación minera, se da un aumento de la demanda de los servicios, migraciones masivas de población, cambio de actividades económicas y sociales y por ende el abandono del campo.

Paralelamente, la construcción de vías y oleoductos para sacar el producto explotado produce alteración de suelos, fauna y flora en todos los ecosistemas por lo que necesariamente tienen que pasar; se puede presentar contaminación por derrames no previstos o accidentes causados por descuido o intencionalmente. Así como contaminación visual o gaseoso por las emisiones de gases o escape del polvillo en el caso del carbón, que es transportado desde las zonas de producción hasta los puertos de exportación, vía terrestre.  Según estudio hecho en la región por el Consejo Regional de Planifiación de la Costa Atlántica (Corpes), aún no se tiene conciencia del valor de los recursos para su uso interno, así como tampoco se ha conseguido una conciencia ecológica que permita desarrollar la minería a gran escala disminuyendo el impacto ambiental”.

Se presenta la destrucción de la fauna y la flora porque se requiere la remoción y deforestación de grandes extensiones de suelo para explotar el yacimiento, el cual debe estar cercano a la superficie, por lo tanto se destruye irreversiblemente la capa vegetal.  Como consecuencia inmediata se afecta directamente  el  hábitat natural de diversas especies, desplazando también la fauna, por ende también ocurre la desecación del suelo circundante, así mismo la disminución de agua de lluvia que circula libremente sobre la superficie de un terreno.  También resultan afectados los cursos de agua y acuíferos próximos y la producción de contaminantes residuos de la producción minera aumenta el riesgo de accidentes y envenenamiento de plantas y animales.

Otro de los factores agravantes de la extracción del oro es el uso indiscriminado del agua.  Como le describe en su artículo Richard Cole (2017) “El oro se encuentra generalmente solo o aleado con mercurio o plata, pero también puede encontrarse en minerales como calaverita, silvanita, nagyagita, petzita y krennerita. La mayoría de mineral de oro actualmente proviene de minas subterráneas o a cielo abierto. Los minerales a veces contienen tan poco como 5/100 de la onza de oro por tonelada de roca.  En todos los métodos de refinación de mineral de oro, el mineral generalmente se lava y filtra en la mina, luego se envía al molino. En el molino, el mineral se muele en partículas más pequeñas con agua, luego se vuelve a moler en un molino para pulverizar el mineral”.  En estos procesos para separar el oro del mineral se usan técnicas donde se emplea cianuro o mercurio , pero el elemento que la minería usa a gran escala es el agua.

En los municipios antioqueños de Segovia, Remedios y Zaragoza  se practica en algunos sectores la llamada ‘minería ilegal, convirtiendo la región en unas de las zonas más contaminadas en el mundo por mercurio. En la publicación de Colombia informa (2015), los mineros organizados exponen sus inquietudes por el impacto en el medio ambiente “La mina Cogote se encuentra en un espacio lleno de árboles a las afueras del pueblo. Debido a los procesos del mercurio y del cianuro, es sabido que la minería contamina los ríos y la naturaleza. Segovia es uno de los municipios más contaminado del mundo; según la Defensoría del Pueblo “en los municipios de Segovia, Remedios y Zaragoza, del departamento de Antioquia, se encuentran concentraciones de mercurio en el aire y en las fuentes hídricas 1.000 veces superiores a las permitidas por los estándares internacionales.”  Al preguntar si están haciendo esfuerzos para reducir el impacto ambiental, Fabián responde: “Nos hemos puesto la tarea de trabajar de la mano con el Estado para que nuestra actividad impacte lo menos posible. Que la tecnología sea amigable con el medio ambiente. Estamos tomando medidas para mitigar el impacto, por eso hacemos este proceso de arborización, de plantar y de cuidar las fuentes hídricas. Nosotros ya no utilizamos mercurio y hay un producto que se está investigando que remplaza totalmente el cianuro, es totalmente amigable con el medio ambiente y además es más efectivo”.

Este uso indiscrimado del agua puede alterar el curso de los ríos, acabar con especies animales en vía de extinción,  secando humedales y bofedales (humedal de altura) y afluentes. Además, se produce una formación de lagunas o pantanos con aguas toxicas, lo que genera, además, el desplazamiento obligado de tribus autóctonas de la región: muchos han tenido que irse de su lugar de nacimiento, produciendo la extinción de culturas.

Esta misma discusión fue puesta de relieve en el Periódico El Tiempo por Biogenic Colombia (2017): “Colombia es el mayor importador de mercurio en el mundo (cerca de 130 toneladas/año) y el tercero en el mundo en producir emisiones de mercurio al ambiente.  El mercurio es el mayor causante de contaminantes antropogénicos (35% de las emisiones mundiales);   además de estar asociado, así sea en pocas concentraciones, a daños neurológicos y también deformación fetal.  A pesar de que se conoce el efecto ambiental y en la población humana por el uso de mercurio en Colombia, este es un problema que aún persiste en las regiones aledañas a las zonas mineras y se está expandiendo a varias regiones del país, debido al incremento en áreas mineras. Por ejemplo recientemente se descubrió que en la Serranía de San Lucas (Bolívar) existen cerca de 1.5 millones de hectáreas en minas de oro, siendo considerada la mina de oro más grande en todo Latino América. El incremento en áreas mineras no solo trae problemas ambientales por el uso de mercurio, sino también por la deforestación causada por la exploración de nuevas áreas para minar.”

Otro de los factores que causa impacto ambiental es la contaminación por descarga de desechos emitidos al finalizar el proceso de extracción del oro, los cuales son muy tóxicos. Principalmente se utiliza ácido sulfúrico para cobre y sodio, y cianuro para el oro; éstos son vaciados en fosas que con el tiempo se filtran a través del suelo, provocando una gran contaminación en reservas de aguas subterráneas. Generalmente cuando la empresa encargada de la explotación termina, se marcha dejando en el lugar estos desechos, los cuales siguen contaminando por muchos años.  Además, se presenta una grave contaminación del aire y agua, hay  un grave impacto atmosférico, debido a la contaminación por emisiones de partículas sólidas, gases y ruidos. La de mayor gravedad es la contaminación producida por las emisiones de azufre, producidas durante el proceso de purificación de los minerales; a estas emisiones se unen los contaminantes que llegan al aire a través de las aperturas del suelo mediante cargas explosivas.

 

En la región del Chocó la explotación ilegal del oro pasó de ser artesanal antes del 2000, a la explotación con maquinaria pesada como las retroexcavadoras, dragas y balsas, debido a  que el precio del oro en los mercados internacionales se elevó por la demanda en las industrias norteamericanas y europeas. Mosquera (2011) dice  lo siguiente: “En el siglo XXI los minerales han tomado relevancia en la economía del país, los precios de los minerales y el carbón han estado en alza lo que produjo que la industria minera tome un auge en el ámbito nacional”.  Esta región afrodescendiente fue gravemente impactada, puesto que con el auge de la explotación minera se presentó mayor presencia de grupos al margen de la ley y su guerra por el control de este negocio; además, se convirtieron en zonas de cultivos ilícitos y empezaron a padecer la respectiva violencia terrorista que los caracteriza.

Zuluaga y Vásquez (2014) lo expusieron así: “Este auge minero ha traído consigo aspectos positivos para el país en lo económico y en la posibilidad de acceso de la inversión extranjera.  Sin embargo, este desarrollo trae consigo, un alto impacto en su entorno, que comparado con otras industrias, se hace más visible y devastador.  Algunos efectos de estas prácticas son el reasentamiento causado por la minería a cielo abierto, la contaminación de las fuentes hídricas por metales pesados, del aire y el ambiente por la emisión de sustancias toxicas, dispersión de partículas, gases y vapores.  Así, La biota y los ecosistemas en los cuales se desarrolla actividades de exploración y transporte minero se ven afectados.  También genera procesos de sedimentación que originan cambio en el régimen de los ríos y cambio en la forma del suelo. Incluso este renglón económico genera un impacto negativo sobre el mercado laboral y la salud de los trabajadores. (p. 188).

 

En el año 2001 en el Chocó había 302 hectáreas afectadas por la explotación de oro artesanal,  en el 2014 pasó a tener 36.185 hectáreas de selva arrasada por retroexcavadoras, dragas y balsas.  En edición del 4 de Julio del 2016, el periódico El Tiempo dio a conocer  un informe sobre explotación de oro a cielo abierto, entregado por la Oficina de Naciones para la Droga y el Delito y los ministerios de Justicia, Medio Ambiente y Minas:

“Según el estudio, este tipo de minería arrasó a nivel nacional en el 2013 con 24.450 hectáreas de cobertura de bosques naturales y vegetación secundaria, casi 10.000 más que las destruidas por los cultivos de coca, que llegaron a las 15.404 hectáreas.

La pérdida de cobertura de bosque asociada a las actividades de explotación de oro de aluvión para el año 2014 fue de 2.681 hectáreas, y se concentró en el departamento del Chocó, con 2.300 hectáreas, el 86% de la pérdida asociada.

“De los municipios afectados por minería de oro a cielo abierto, Nechí en Antioquia va a la cabeza; sus 6.232 hectáreas arrasadas corresponden al 8 por ciento de todas las zonas afectadas del país.  Le siguen Nóvita e Istmina, Chocó; esos dos municipios juntos tienen 10.244 hectáreas afectadas, para un total de 13 por ciento.  Medellín essegún el censo minero citado en el documento, el destino principal del oro extraído en Cauca, Chocó y Guainía.  El informe también concluyó que de los 30 municipios que forman el departamento del Chocó, 28 han tenido algún tipo de explotación de oro a cielo abierto, entre el 2001 y el 2014. Solo los municipios de Acandí, Bahía Solano y Juradó no presentan afectación. Por su parte, los ríos San Juan, Quito y Atrato son los más afectados. En general, los cuerpos de agua que tienen explotación de oro registran altos niveles de contaminación por mercurio y cianuro.”

 

La ONU también se pronunció en su informe  del Ministerio de Justicia y la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC); allí determina que en 17 de los 32 departamentos del país, la minería de oro en aluvión cada mes deforesta más de 2.000 hectáreas de bosques y vegetación, y solo el 2% de las áreas detectadas posee títulos,  licencias ambientales, solicitudes de legalización o propuestas de contrato, El 40 por ciento tiene amparo de títulos o solicitudes de legalización, pero sin licencia ambiental, mientras que el 60 restante no cuenta con ningún permiso para la explotación.  De igual manera Periódico El Tiempo (2016) en el mismo informe mencionado, expresó: “Los parques naturales y reservas forestales tampoco se salvan de esta práctica, pese a ser áreas especialmente protegidas.  El informe señala que de los 59 parques nacionales naturales que hay en Colombia,  5 están siendo afectados por explotación de oro de aluvión con uso de maquinaria en tierra.  En total, 47 hectáreas han sido explotadas por la extracción de oro a cielo abierto.  ‘Independientemente de su magnitud, genera alertas por los efectos que se ocasionan sobre los ecosistemas‘, advierte el documento.  La reserva nacional natural Puinawai registra la mayor afectación de su ecosistema, con 25 hectáreas detectadas.  Nueve parques más estarían en alto riesgo de ser dañados, pues están situados a menos de 10 kilómetros de distancia de zonas con explotación minera.”

 

Otro de los riesgos de la explotación minera artesanal o gran escala representa riesgos de daño para la salud humana, no solo para los mineros, existe el daño colateral para las personas que habitan en los alrededores de las zonas explotadas.  El mercurio y el cianuro, químicos usados en la extracción del oro son altamente tóxicos para el ser humano, el mercurio produce enfermedades crónicas y el cianuro enfermedades agudas, malformaciones en el cuerpo, disminución en la capacidad visual o auditiva, deficiencias en los sentidos y hasta la muerte.

 

Según Jorge Villadiedo, coordinador del Programa Factores de Riesgo Ambiental, de la Secretaría de Salud Departamental, en el artículo sobre “Riesgos de salud en la explotación de oro” publicado en un  artículo del periódico El Universal (2011) “El análisis indica que la absorción directa del vapor de mercurio liberado por incineradores en la extracción del oro, al ser absorbida directamente por el minero provoca intoxicaciones que producen salivación excesiva, dificultad para respirar y fatiga, bronquitis, temblores e irritabilidad, cambios en la personalidad (por daños en el cerebro), sensación de dientes que flotan y dolor en los mismos, daño renal y respiratorio que puede conducir a la muerte.  Es ideal que quienes trabajen en la extracción del oro, lo hagan con los implementos de seguridad necesarios para evitar al máximo la exposición al mercurio.  Pero para el caso de Bolívar, serían muy pocas las personas que utilizan estos elementos preventivos.  “Aunque la explotación minera de oro en Bolívar lleva muchos años, es muy compleja porque quienes la realizan, en su mayoría, son mineros pequeños y muy pocos cumplen las normas de seguridad industrial, dijo Vargas Martínez.  El medio ambiente también se afecta por la actividad minera.  “El bosque en el que se está realizando la explotación tiende a desaparecer; la falta de recolección de los residuos de mercurio hace que lentamente estos sedimentos lleguen hasta las fuentes de agua que surten los municipios, contaminándolas, al igual que  a los peces”.  Los peces no mueren al ingerir residuos de mercurio, sin embargo al recibirlo lo transforman en la forma más tóxica de este elemento llamada metilmercurio, que luego afecta a las personas que lo consuman.  “La afectación humana se da por la ingestión de peces y agua infectados: acá no hay un sistema de tratamiento de agua que la desinfecte bien, ni la gente hace tratamiento de potabilización de agua en su casa; la contaminación de los peces es incontrolable con la utilización de mercurio y tiene consecuencias graves”, explicó el Coordinador.  Según el funcionario, las fuentes de agua de municipios como Norosí, Río Viejo, Tiquisio, Montecristo y Arenal del Sur, ya se encuentran contaminadas.  Los más vulnerables al metilmercurio son las mujeres embarazadas y los niños.  Cuando la sustancia llega al organismo del feto, ejerce la mayor parte de su toxicidad en el sistema nervioso.  “Si la exposición es baja hace que los efectos no sean tan evidentes, pero  se puede notar poca capacidad de aprendizaje y retención de información; aunque el bebé puede nacer normal, podría desarrollar retardo mental o físico, y si la exposición ha sido alta podría perder la coordinación de movimientos, tener convulsiones, desarrollar ceguera e incapacidad de hablar”, afirmó la médica Natalia Reinosa Giraldo.  Hay otras consecuencias como disminución en la capacidad auditiva, deficiencias en los sentidos del olfato, gusto y tacto; atrofia muscular, alteraciones del aparato digestivo, pérdida del apetito y peso, daños en los riñones, malformaciones, y en casos extremos estado de coma o muerte.”

 

El cianuro es otro de los venenos más usados para la extracción de oro, el  principal efecto nocivo y letal de las diversas variedades de cianuro es el impedir que el oxígeno portado por los glóbulos rojos pueda ser utilizado como aceptor de hidrógeno en el final de la cadena respiratoria intramitocondrial de las células.   En el artículo del periódico El Universal (2011) se informó:  “En los humanos ingresa al organismo por la piel y es tóxico.  La exposición de mujeres embarazadas puede provocar malformaciones fetales. Además produce efectos letales y complicaciones como palpitaciones, irritación, tensión en el pecho e intoxicaciones.  Si sus residuos llegan a las fuentes de agua, pueden provocar mortandad de peces, contaminación en el aire e intoxicaciones en quienes la consuman.   La destrucción de ambientes nativos en el área de explotación es irreversible, disminuye la irregularidad hídrica y contamina el suelo y sus efectos pueden darse incluso después de que la mina haya sido abandonada.”

 

La ciudad minera de Segovia en el Departamento de Antioquia, además de ser la capital minera de Colombia, es la ciudad más contaminada con mercurio en el mundo, su  quebrada La Cianurada perdió su nombre ancestral y su naturaleza, en su recorrido desemboca en el río ‘Aporreado’, sobre ella es donde más se practica la minería ilegal, y las minas legales de la Gran Colombia Gold también reposan en sus orillas.  Es la acumulación  de agua más contaminado del mundo.  Por eso en Segovia son habituales   los casos de bebés con seis dedos o sin extremidades, son tan recurrentes que ya es muy normal, todo está  contaminado con mercurio además del cianuro.   A los turistas y visitantes hay que prevenirlos de que deben llevar su comida enlatada.

 

El Blog Las2Orillas, publicó el 18 de noviembre del presente año, el artículo de  Juan José Jaramillo (2017) donde afirma “La WWF  (del inglés World Wildlife Fund; en español: ‘Fondo Mundial para la Naturaleza’)  publicó en noviembre un estudio contundente: por cada persona, Colombia es el país que más mercurio produce en el mundo.  China es el segundo país liberando 0.3 kilogramos de mercurio al año por cada habitante, mientras que Colombia produce 1.6 kilos por persona.  No tenemos rival. 159 municipios de Colombia sufren la contaminación por mercurio, y en total se producen 205 toneladas al año.”

 

Además de la violencia ejercida por paramilitares y guerrilla que se disputan el control del negocio, y el   grave riesgo para la salud de los habitantes de la región, en el mismo artículo Juan José Jaramillo (2017) expone también el grave daño ambiental: “ Cada año, el cauce de la cañada se va corriendo un poco por las retroescavadoras y las dragas que empujan las paredes Del Río.  El agua no corre por el mismo camino de hace 10 años. Los campesinos  mineros que viven a lado de La Cianurada recuerdan, como si fuera un mito, cuando las orillas amanecían cubiertas de peces muertos: sabían que la Frontino acababa de descargar tierra junto al agua.  Algunos incluso dicen que los peces literalmente saltaban del agua huyendo del mercurio. Hace años no se ve un bagre ni una dorada. Ni siquiera los gallinazos han vuelto a probarlos.”

 

CONCLUSIONES

 

El medio ambiente es el lugar donde habitamos todos, y el derecho que tenemos como nación a consérvalo sano es un derecho  colectivo protegido por la Constitución Política de Colombia (1991) “Artículo 79. Todas las personas tienen derecho a gozar de un ambiente sano.  La ley garantizará la participación de la comunidad en las decisiones que puedan afectarlo.  Es deber del Estado proteger la diversidad e integridad del ambiente, conservar las áreas de especial importancia ecológica y fomentar la educación para el logro de estos fines”,  conexo con el derecho a la salud y la vida, Constitución Política de Colombia (1991) “Artículo 11. El derecho a la vida es inviolable. No habrá pena de muerte”,  y son derechos fundamentales de primera generación, inherentes al ser humano, protegidos por los Tratados internacionales de derechos humanos, a pesar de la protección universal en Colombia están  ampliamente vulnerados.   Su destrucción parcial o total derivada en el tema que nos atañe, el impacto ambiental que causa la explotación minera, es grande y casi que incalculable.  Las transformaciones y el impacto al medio ambiente afectan   los recursos hídricos, geológicos, biológicos, atmosférico y socio-económicos.

En el recurso hídrico la minería a cielo abierto causa contaminación de los cuerpos de agua por los productos químicos usados para la extracción del oro y vertimientos domésticos e industriales relacionados con la actividad minera,  incrementando  el contenido de los sedimentos, la desviación de los cauces de los ríos que generan inundaciones, transformación del paisaje y pérdida de cultivos.  En la fauna y la flora, el impacto sobre los bosques naturales y la contaminación del agua ocasionan la pérdida de recursos y especies en peligro de extinción.  Paralelamente, la construcción de vías afectan fauna y flora en todos los ecosistemas por donde que necesariamente tienen que transitar.  Así mismo contaminación visual o gaseoso por las emisiones de gases a la atmosfera.

Los proyectos mineros como el del Páramo de Santurban prometen en sus estudios y planeación que  la explotación a gran escala reduce notablemente el daño al medio ambiente,  plantea   otras alternativas al uso de químicos toxicos como el mercurio y el cianuro, pero no parecen existir garantías como ocurre con la explotación del carbón y el petróleo que ha dejado histórica daños irreparables al ecosistema Colombiano y a la salud de los habitantes de las regiones explotadas.

 

El  Ministerio del Medio Ambiente ante las denuncias del Alcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernandez de que ya se expidió licencia del Ministerio para su explotación  sobre el páramo, informó sobre su delimitación, el 19 de noviembre del 2014 la sala de prensa del Ministerio de Medio ambiente(2014) exprésamente lo informó asi: “En el tema minero, aseguró el Ministro de Ambiente, que “se respeta la actividad ancestral, las personas que realizan pequeña minería podrán continuar haciéndolo, pero deberán formalizarse”.  Anunció que el Gobierno nacional iniciará un recorrido por las 123 mil hectáreas protegidas para, junto con la comunidad, “aterrizar el mapa a territorio” y poder iniciar los planes que el gobierno ofrece a las comunidades.  Los ministerios de Ambiente, Agricultura, Minas, Trabajo y Defensa, así como el DPS, las corporaciones autónomas, las gobernaciones y los municipios, jugarán un papel fundamental en la implementación de proyectos que fortalezcan y recuperen el ecosistema al tiempo que garanticen una vida digna a los 15.000 habitantes de la región.

El resultado de este trabajo, que se realizó durante dos años y medio con la intervención de autoridades científicas, académicas y técnicas, se convierte en un modelo metodológico aplicable a los demás paramos dentro y fuera de Colombia.”

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