Periodismo

¿Yo elegí ser puta?


elshabbat.com


New York


Por Kharen Ramos Loaiza


“¿Yo elegí ser puta?’… Elegir es difícil cuando se limitan las opciones…lo elegí con una pistola en la cabeza. Una pistola de abuso sexual, traumas, pobreza, migración forzada, racismo, desigualdad, falta de educación, falta de amor propio.”

Mi relación con la explotación sexual ha tenido varias etapas, la primera fue muy chiquitica (5 o 6 años) cuando un familiar me ofrecía regalos por ayudarle a hacer “ejercicio”, se acostaba encima mio y hacia flexiones, luego me daba chocolatinas y dulces. Luego empezó a darme plata y regalos más serios, tangas y bolsitos. Yo, inocente, un día conté que él me había regalado alguna cosa y él lo negó, empecé a entender que lo que hacíamos era clandestino (notese el plural) para cuando entendí bien lo que pasaba, sentí que era mi culpa. Que yo me había “vendido”, “prostituido”, cuando mi familia se dio cuenta y me llevaron a la fiscalía a denunciar, la actitud de los fiscales fue la misma ¿no te diste cuenta que no estaba bien? ¿Si? vea, muy raro.

A los 10 años una amiga de la cuadra, que tenía 13 y siempre andaba en carros con tipos, empezó a llevar a un man, decía que era el “novio” pero siempre iban era a buscarme a mi, me baboseaba, me miraba las piernas. Un día me pidió que la acompañara a donde su novio a ver una película, me dejó tirada en una estación de metro esperándolo a él, el tipo llegó y ni se extrañó de la ausencia de mi amiguita, me llevó a su casa, me amarró, me quemó… 5 horas después me devolvió al metro con un beso. Yo no le conté nada a nadie, en ese tiempo era así, nunca hablaba sobre mi con nadie, cuando salí a la calle estaba el grupito de niñas de la cuadra gritándome obscenidades, que si me movía así, que si lo chupaba asa. Me pasmé y no entendí que pasaba. Tuvieron que pasar varios años y encontrarme a mi amiguita y su mamá regentando un negocio de scorts en medellín, para entender lo que pasó ese día: me habían vendido. Tuve suerte de volver a casa. Para ese momento ya mi imaginario sexual estaba arruinado, me veía como una puta, entendía mi cuerpo como algo destinado a dar placer a los hombres, mi “primera vez” (voluntaria) fue siendo una estatua y mirando al techo, pensando en otras cosas ( y la segunda, la tercera…)

Tuvieron que pasar los años y encontrar un compañerito hermoso e inocente que me hiciera conocer el disfrute de mi propio cuerpo, la ternura. Creí que todo estaba atrás, no relacionaba mis problemas para trabajar en equipo, la irritabilidad, la desconfianza, con lo pasado. Pensé que ya estaba segura de quien era “empoderada”. Unos años más tarde me vi sin plata y sin trabajo, pensé ¿Por qué no usar eso que me ha dado tantos problemas -mi sexualidad- para qué me mantenga? ¿Por qué no explotar el cuerpo? Hice un ejercicio: Me subí al metro e imaginé que, cuando se abrieran las puertas, el primer hombre que entrará, sería mi cliente. A ese hombre tendría que besarlo, chuparselo, de ese hombre tendría que dejarme penetrar. Hice el recorrido de la linea A así. Me bajé mareada, al borde de las nauseas. No, nunca, definitivamente no así. Entonces ¿qué tal ser webcamer? sin contacto físico, sin peligro, con control de quienes y qué pueden ver. Tal vez sí. Busqué varios estudios, hasta que encontré uno, fui con mi hermanita que también lo estaba pensando.

Nos prometieron el cielo y la tierra, nos vendieron las mejores condiciones laborales con la mayor retribución. Al día siguiente empezábamos. Un turno de 8 horas, sin descanso, la puerta se abría al empezar el turno y se cerraba hasta el final de este. 12 niñas repartidas en 3 salones separados por biombos, viendo y escuchando lo que todas hacíamos. Tu entras a una plataforma de webcamer (con 600 pantallas activas de niñas haciendo lo mismo) y tienes que llevarte gente para tu sala, se gana por “tokens”, 1 token: US $0.06

Céntimos de dolar, eso si lograbas que alguien te pagara, se paga por propinas cuando haces lo que el cliente pide, o si logras llevártelo a un privado, lo cual es difícil porque hay cientos de niñas haciendo cosas más atrevidas que tu, y gratis, so…Dicen que muchos entran solo para conversar, pues… era difícil hablar, yo no activaba mi micrófono porque se escuchaban gemidos (fingidos) de todas las otras niñas. La de al lado parecía tener un orgasmo cada 20 minutos, yo estaba desesperada, tenía calor, quería irme…Cada cierto tiempo entraban hombres a mi sala y me pedían cosas, uno entró y me dijo que quería un privado, pero que primero me probará la ropa que traía de repuesto, me hizo cambiarme varias veces como a una muñeca barbie y luego se desconectó.

Otro estuvo toda la sesión dándome ánimos (ánimos: haciéndose pajas gratis) y quedó de volver al día siguiente. Yo no echaba a nadie de la sala, porque todos eran clientes potenciales, no entendía bien que hacer y tampoco encontraba motivación para ponerme a dar gemidos de la nada. Cuando se terminó la jornada, vi que la aplicación había sacado varias fotos mías durante la sesión, no podía borrarlas porque no tenía permiso de administrador. Por la miseria que acababa de ganar, le regalé al Internet una hora mía, de mi intimidad, sin derecho a recobrarla.

Salí aturdida, cogí mi bicicleta y me fui a ciudad del río, me tiré a llorar en la manga, a la media hora me llamó mi hermanita, atacada en llanto, no entendía que le pasaba, se sentía muy mal, muy triste. Yo estaba saliendo de una depresión y esa experiencia me mandó al pozo. No volví por lo ganado ese día, no volví nunca por allá. Tuvo que ser así para entender cosas pasadas, empecé a relacionar mi sentimiento de frustración, de poca valía, esta vez no tenía que ver con la violencia física, con el asco de las huellas ajenas, con el contacto indeseado.

¿Por qué me sentía igual que en otras ocasiones? si esta vez -supuestamente- no fui ultrajada? Llegué allá por mi propia voluntad y demás carretas. Empecé a entender cosas nuevas sobre la voluntad, sobre el consenso, sobre el valor de mi intimidad. Llegar a ese lugar por hambre y necesidad, no es igual a llegar voluntariamente, el hambre es una pistola que nunca baja. Desnudarme sin imposición física ajena, excusando la necesidad del trabajo, volviendo a patrones de indefensión aprendida, no es consenso, no es voluntario.

Mi intimidad vale mucho para permitir que extraños posean vídeos y fotos que nunca más me pertenecerán, sin saber quienes son, ni para qué los han de usar. Mi intimidad es mía, pertenece a mi disfrute y es solo para eso, para mi encanto y regocijo. Pretender que es voluntario vender tu intimidad sexual, cuando la motivación es la necesidad, no tiene nada de voluntario, repite patrones de explotación, de abuso del consenso.

Por otra parte ¿quienes consumen estos contenidos? ¿Hay alguna relación entre el familiar que me abusaba y pagaba con dulces, él tipo que me compró a una amiga, y él que me vistió y desvistió como una barbie a través de la pantalla? ¿Algo, aparte de mi, los vinculaba? Claro que sí, son hombres que pagan por sexo, pagan por aquello que -sin dinero, ofrendas, chantajes de por medio- no obtendrían. Creen que pueden hacerlo, se sienten habilitados para ello, aunque algunos hechos sean más delictivos que otros.

El consumidor de webcam se sentirá mejor persona que mi violador de niña, pero siguen los mismos patrones: PAGAN, no tienen en cuenta el consenso, ni el disfrute, ni el valor, solo su propio placer y el saber que poseen dinero, autoridad, PODER.

Hace poco me inscribí en una plataforma en donde se ofrecen clases de materias básicas y cuidado del cuerpo, me contactó un ruso, Pavel, quería que le ayudara a aprender estiramientos y a descontracturarse, estuvo yendo a mi casa, a la tercera sesión me ofreció dinero por sexo. Me enfurecí, no entendía de donde venía mi indignación – y él tampoco- le parecía perfectamente natural, me decía que si yo no quería, seguramente conocía alguna amiga que si. Le dije muy claro, que si me ofrecía dinero es porque sabía que YO NO QUERÍA TENER SEXO CON ÉL.

Qué se aprovechaba de tener mayor capacidad adquisitiva para chantajearme con ello y acceder a mi intimidad sexual, qué si quería tener sexo con alguien que no quería con él entonces quería una , qué cómo podía disfrutar violar pagando a alguien y luego irse tan campante. Todo eso pude decirlo, porque ese día intuí que algo no iba bien y le pedí a mi compañero que se quedará trabajando en casa, de lo contrario no se si hubiera sido violada, pagando o no. En un mundo regido por el dinero, cash, efectivo, la money, en donde todo se compra con ello.

La vivienda, la salud, la comida, la educación… En un mundo en donde los varones ganan más, poseen casi la totalidad de la tierra, son los gobernantes y dueños de la economía, que alguien pueda ofrecerte dinero a cambio de una intimidad sexual que tu no pediste…que no consentirías ni desearías sin dinero de por medio, el mal llamado “trabajo sexual” es una explotación continua y sistematica, que se reproduce luego a todo nivel. En el marido que viola a la mujer, porque la mantiene. En las mujeres que aguantan convivencias infames…por falta de recursos, en el profesor que abusa de una alumna a cambio de una nota, en el jefe que viola a la secretaría para no echarla, en el familiar que manosea a una niña chantajeándola, en la mujer que es violada y luego le cierran la boca con un fajo de billetes.

El tan “empoderante” trabajo sexual es uno de los pilares de la indefensión aprendida en las mujeres, del acoso sistemático en los hombres, que sea “el trabajo más antiguo del mundo” solo lo hace más aberrante y nos cuenta desde donde vienen las raíces de nuestra desigualdad. Crea mujeres que fácilmente pueden ser chatanjeadas, que no entienden el valor de su propio cuerpo (más allá del dinero) de su disfrute, de su intimidad.

Educa hombres puteros, chantajistas, abusadores, convencidos de poder hacer siempre su voluntad con las mujeres, objetos para su consumo.

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