Opinión

¿Y Ahora Quién Podrá Ayudarme? Una historia contada por una persona que no es abogada: Yo

Por Martha Elena Rangel

Una historia contada por una persona que no es abogada: Yo

Part of Justitia sculpture at Roemer Square in Frankfurt/Germany.

Todo muchachito o muchachita que nace en el mundo se estrella con el concepto de “justicia” a través de la mamá. La dulce cantaleta que desespera a cualquiera: No te comas todo el pan que es para compartir con tus hermanos; no cojas ese esfero que es de tu papá; tienes que compartir tus juguetes; y el famoso para todas las mujeres: “Siéntate bien y cierra las piernas que pareces un marimacho.

Más grandecita, mi abuelo me presento a los enciclopedistas y comenzó el cuento de los derechos y deberes, descubrí que Antonio Nariño casi lo matan y estuvo preso toda la campaña libertadora por traducir del francés “La declaración de los derechos del Hombre” aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente francesa el 26 de agosto de 1789. Básicamente contaba con tres premisas fundamentales: Libertad para movilizarse de un lugar a otro, cosa imposible en un sistema feudal, el derecho a la propiedad privada y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y la justicia.

Nunca entendí por qué mi mamá no me dejaba sentar con una pata en San Felipe y otra en San Antonio, a no ser por evitar que dejara bizco al personaje que estuviese enfrente. En fin, el ser humano, siempre ha soñado con una sociedad “justa”, una sociedad en donde tranquilamente nazca, ame, se reproduzca, escriba un libro, siembre un árbol y muera, de muerte natural no ultimado a balazos por pensar diferente o por poseer una tierrita que le guste mucho al vecino.

Faltaba entonces dos cosas que según los abogados marcaban un hito: La separación de poderes y el “Habeas corpus”. La separación de poderes tiene que ver con que el dirigente de turno no tenga a su servicio la justicia y el poder legislativo, para garantizar independencia y evitar abusos de poder.

El habeas corpus que garantiza que usted no muera en la cárcel esperando un juicio justo. que lo pienso, no hablo de la evolución de los derechos humanos y menos del concepto de equidad porque Colombia no ha alcanzado la declaración de los derechos del hombre de 1789.

Veamos como una humilde socióloga lo ve: Que tal que de pronto se apareciera Luis Carlos Sarmiento Angulo y cuatro gañanes bien corpulentos, a decirme que necesita mi armario, que se siente bien orgulloso cada vez que le digo apartamento, y que de ñapa necesita mi pensión debidamente consignada a su nombre porque o si no, me mata a mis hijos….Pues yo, a mis 60 años, casi cumplidos, no me puedo dedicar a la más antigua profesión, no quiero protagonizar el cuento de la Cándida Sofía y su mamá desalmada…. El, arrimado a los tres días huele a feo, no queda más que acudir a la justicia y pedir limosna.

Pero resulta que me estrello con un fiscal que trabaja para el cacao… ¿Será que algún día la justicia se entera de mi caso? Un año, dos, diez y a darme por bien servida de poder vender colombinas en los semáforos. Eso sí, no puedo armar mucho escándalo porque me ultiman a balazos.

Eso señores y señoras, pasa diario en Colombia. No porque Gustavo Petro nos quite nuestras casas, hogares o empresas., eso a diario les pasa a los campesinos de mi país, a las comunidades ancestrales, a los colectivos.

Los terratenientes, políticos notarios, togados y cacaos de este país, les gusta, enarbolando la bandera del progreso, de apropiarse de la tierra de campesinos y campesinas de este país. Robarles la tierra es robarles la vida, la dignidad y el futuro. Un campesino no sabe más que sembrar, traerlo a la ciudad es volverlo mendigo. Vaya mire usted, cuánto vale y cuánto dura un proceso de restitución de tierras. Yo tengo un dicho muy chapetón pero muy cierto. Cuando un campesino o campesina, se enfrenta al estado para que le devuelvan su propiedad, es como si Dios se enfrentara contra un gitano.

No sé si ustedes han seguido de cerca el proceso de Efromovich contra una comunidad campesina, veamos:

El cumplimiento del fallo de la Corte Constitucional -que dirimió la pelea histórica de campesinos por una porción de 1.200 hectáreas de la Hacienda La Gloria, en el Cesar- estuvo a punto de desatar otro pleito entre grandes proporciones, esta vez entre el empresario Germán Efromovich y el polémico exministro y exembajador Carlos Arturo Marulanda.

Esta emblemática hacienda fue adquirida en el año 2008 por el empresario propietario de Avianca, quien le compra a Marulanda 6.000 hectáreas en el sur del Cesar y 2.500 en Bolívar. Estas tierras, conocidas hace una década con el nombre de Bellacruz, llevan la sombra de haber sido agrandadas de manera sustancial por cuenta de presión de grupos armados ilegales. (El circo en la Hacienda La Gloria: Efromovich le gana pulso a Marulanda: Revista Semana: JUSTICIA | 6/6/2017 3:39:00 PM)

 

¿Ustedes si creen que Colombia debe seguir robando al más pobre a favor de los ricos? ¿Ustedes si creen que en Colombia los poderes deben estar a favor de los cacaos porque ofrecen trabajo al 15% del país? ¿Ustedes sí creen que un campesino o campesina debe llorar porque su tierra está buenísima para que la usufructúe un terrateniente que es dominante ante poblaciones indefensas?

¿El ciudadano colombiano se debe enfrentar ante el poder dominante para poder sobrevivir?

Ni siquiera estamos a la altura de la revolución francesa, bien burguesa por cierto, para ponernos a hablar de equidad ¡Qué Barbaridad!

También te puede interesar Condenados A Muerte: Cacería De Brujas Y Barbarie

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos! No critiques, crea

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *