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Vulnerables por Default, La Aventura biológica


Vulnerables por Default, La aventura Biológica

Por Diana Marcela Mejía Granados

“Aquí reside lo importante en lo que respecta a mí y a quienes piensan como yo. Nuestra creencia no es una fe. No confiamos exclusivamente en la ciencia y la razón, ya que estos son elementos necesarios en lugar de suficientes, pero desconfiamos de todo aquello que contradiga a la ciencia o atente contra la razón. Podemos discrepar en muchas cosas, pero lo que respetamos es la libre indagación, la actitud abierta y la búsqueda de ideas por lo que valen en sí mismas.”
Christopher Hitchens

Flacos u obesos; bonitos o feos; inteligentes o incapaces; sanos o enfermos, son algunas de las indagaciones incesantes y eternas incertidumbres que nacen en la cabeza de nuestros genitores incluso antes de concebirnos. Nuestra constitución física, emocional e intelectual es el resultado de una aleación entre factores ambientales y genéticos y va más allá de un simple cálculo matemático sobre probabilidades reales o empíricas. No basta conocer si tendremos riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio por sedentarismo extremo – como cuando nos dejamos poseer por la madre de todos los vicios y vamos de carro a la tiendita de Dona Maria localizada a meras dos cuadras de donde vivimos – o nacer defectuosos y con el rabo torcido tal cual como en la prole de los Buendía, debido a que fuimos producto de una relación endogámica, donde el primo se arrimó mucho a la prima. No. Los riesgos a los que estamos expuestos son tan variables que van mucho más allá de lo que podamos imaginar.

Estar leyendo estas cuartillas es todo un suceso. Créanme. Toda nuestra es una literal competencia. Una especie de triathlon categoría IRONMAN donde somos guerreros micrométricos combatiendo desafíos a veces obvios, pero en ocasiones volátiles e invisibles. Desde la embriogénesis, es decir, durante el desarrollo exponencial de la masa celular después de la fecundación, y décadas posteriores a este magno evento, estamos supeditados a la lucha constante contra la y según el escenario en que nuestra maquinaria celular se encuentre podríamos desarrollar cualquier tipo de patología, o sea, enfermedad. Y ahora como todo está de moda, voy a comentar brevemente sobre el top one de la famosa lista de quejas modernas.

Voy a hablar sobre el temido, controversial y zodiacal . Gracias a él, cientos de investigaciones alrededor del mundo están siendo realizadas para intentar desencriptar sus bases biológicas y entender el mecanismo molecular por el cual se presenta. Y básicamente las teorías apuntan al desequilibrio entre la multiplicación – tanto vertiginosa como caótica – y la muerte de cualquier tipo de tejido corporal. Nuestro ciclo celular está dividido en etapas y es tan eficiente que en cada fase se ejecutan tareas específicas y cada una es eliminatoria de la siguiente. Es decir, si no se cumplen los estándares de control de calidad, simplemente no vamos hacia adelante. Nuestras mitosis no ocurren a la topa tolondra. Cada nuevo peldaño se alcanza porque poseemos mecanismos intrínsecos de rescate y reparo del contenido en el núcleo que cada célula humana, lo que permite un crecimiento armónico y organizado. Y aunque nuestra naturaleza goza de una perfección fascinante y una inteligencia casi divina, no todo está tan fríamente calculado, siempre hay un PERO, o mejor una dualidad, como El yin-yang. El bien y el mal.

A priori, todos nacemos con “aliados” conocidos como genes supresores tumorales que intentan escudar las células y reducir el chance de malignizarse y de otro lado, unos no tan amigos, sino más bien medio “fariseos” llamados proto-oncogenes, que, si les dan papaya se super expresan y pueden activarse e inducir la aparición de tumores. Es por esta razón, que a pesar de que en ocasiones jugamos a ser buenos cristianos y tener un estilo de vida medio decente siguiendo al pie de la letra las indicaciones del profe, podamos ser merecedores del premio mayor de la lotería y desarrollar un cáncer. Y en vez de morir de la dicha, fallezcamos por intoxicación a la quimioterapia.

Sea porque ocurrió una mutación en el guardián y dejó nuestras células más susceptibles o porque se revotaron los anarquistas proto-oncogenes, estaremos siempre en la cuerda floja intentando no mirar el abismo. La duda y la pregunta de: ¿por qué a mí? Quizás llegue a ser esclarecida en las siguientes décadas, cuando la tecnología sea capaz de interpretar la avalancha de datos procedentes de nuestra y podamos acceder por lo menos al cincuenta por ciento de la información codificada en nuestro genoma. Esto por supuesto no va a significar la emancipación a nuestras marcas atávicas ni nos va a tornar super humanos pero si nos va a permitir prevenir contundentemente a los agentes ocultos fuera y dentro de casa y saber capotear a la intrigante muerte. Mientras tanto podemos seguir respondiendo como Christopher Hitchens: cuando le diagnosticaron cancér y se preguntó ¿por qué yo? Y de imediato se respondió ¿por qué no?

no critiques, crea

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