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Tumaco, la prueba de un Estado Fallido

Por Alexander Quiñones Moncaleano

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En la semana inmediatamente anterior el se estremeció por cuenta de un incidente entre la fuerza pública y campesinos cocaleros del municipio nariñense de Tumaco. La antinarcóticos disparó contra un grupo de campesinos, y mató a seis de ellos, y dejó heridos a doce más. Las redes sociales dieron a conocer la , mostrándonos diferentes videos y evidenciando la brutalidad policial.

Primero se dijo, sobre manera en los medios tradicionales, que no se sabía de donde provino el fuego, pero todos los presentes sabían que el fuego vino de los agentes de la ley. Los videos que le dieron la vuelta a Colombia mostraron las amenazas de la policía antinarcóticos. La confusión no era tal. Se supo que el fuego vino del lado de la policía nacional.

Tanto fue la confusión que a los dos días una comisión integrada por la Defensoría del Pueblo y una de Verificación fueron recibidas a bala. Esta es la hora que muchos sectores de la sociedad se preguntan a quién responde este comando de la policía que está dando plomo a todo lo que se mueva, periodistas, Defensoría y comisión de verificación.

Colombia pide una investigación a fondo que dé resultados, ya el Vicepresidente Oscar Naranjo visito la zona e hizo un consejo de seguridad especial. Ya fue confirmada de manera oficial, por parte de la Defensoria del Pueblo, que el plomo que causó la masacre en el municipio de Tumaco fue responsabilidad de la Policía Antinarcóticos. Y según fuentes oficiales, ya hubo suspensión de algunos agentes que estaban presentes los días de los hechos.
Todo este incidente demuestra que el país no se sabe a quién responden las fuerzas policiales del país, y que estamos lejos de ser un Estado de Derecho con todas las garantías procesales y de ley para que se funde una sociedad responsable y llena de oportunidades, y al contrario lo que podemos concluir con la masacre por parte de la Policía Nacional es que estamos en un Estado Fallido, un lugar que los que deben legislar cooptan, los que deben impartir justicia sobornan, los que gobiernan se venden, y para completar los que deben cuidar la sociedad civil en vez de eso, la asesina y agrede.

Ya no hay manera de hacer valer el valor de la paz. Colombia como sociedad debe exigir que esta masacre por parte del Estado no pase desapercibida y siga usando su maquinaria de exterminio. Y para que esto no pase debemos desde diferentes ángulos presionar y que los responsables sean castigados de manera ejemplar.

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