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Techo de Cristal

Hillary Diane Rodham en 1969

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Un concepto que apareció por primera vez presumiblemente en el Wall Street Journal, en 1986, y desde ahí se ha venido popularizando cada vez más y estudiado en igual medida por sociólogos, filósofos y antropólogos. Un concepto que como metáfora viva es extremadamente diciente. Diciente porque la transparencia de su nombre lo oculta y hace visible al mismo tiempo. Pero qué significa este concepto. Palabras más palabras menos lo que alude es a la barrera real que tiene que sortear una para llegar a los cargos directivos de corporaciones y empresas. Una barrera que no se ve pero que está tan presente en el mundo que ya no es un secreto y los grupos que pelean por los de las mujeres y los estudiosos de genero lo tienen tan presente que se está estudiando en todo el mundo occidental cada vez con más fuerza. Se sabe que la fuerza laboral de una es tan grande como la de un hombre y las mujeres a duras penas logran mandos medios.

 

La historia de la lucha moderna por los derechos de la mujer se remonta a la década de los cuarenta del siglo veinte. En 1947 se reunió por primer a vez la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, en New York, poco tiempo después de la creación de la . “Entre 1947 y 1962, la Comisión se centró en establecer normas y formular convenciones internacionales que cambiaran las leyes discriminatorias y aumentaran la sensibilización mundial sobre las cuestiones de la mujer. En sus aportaciones a la redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Comisión defendió con éxito la necesidad de suprimir las referencias a “los hombres” como sinónimo de la humanidad, y logró incorporar un lenguaje nuevo y más inclusivo.” Cada vez se fueron ganando más derechos y el debate estaba en la palestra pública; las mujeres vienen ganando espacio y reconocimiento en todos los ámbitos profesionales y laborales. En Colombia la primera mujer en entrar a estudiar en una universidad fue Gerda Westendorp, que fue admitida a la carrera de medicina, y en el año de 1936 ingreso a estudiar derecho la que fuera la primera abogada colombiana: Gabriela Peláez. Cada década se ganaban nuevos derechos y se visibilizaba el papel de la mujer en el mundo occidental.

 

Sin embargo la lucha sigue y no se ve manera de que haya igualdad prontamente; las mujeres siguen siendo ciudadanas de segunda clase y viven un eterno maltrato, disfrazado pero maltrato al fin de cuentas. El caso más famoso que podemos evidenciar de que este concepto sigue vivo es la última campaña presidencial del país más poderoso del mundo. Era la campaña que tenían enfrentados a dos candidatos diversamente opuestos, la demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump. Todos daban por sentado que Hillary sería la eventual ganadora, pero como dijo un periodista norteamericano, era más fácil que llegara un negro a la Casa Blanca que llegara una mujer. Y no se equivocó. No contaron con el glass ceiling barriers o techo de cristal. Las mujeres tienen un largo camino que recorrer y varios muros que derribar para poder ser todo lo que el mundo heteronormativo les ha cercenado. La razón práctica patriarcal sabe cómo neutralizar a la fuerza femenina y así lo ha venido haciendo en el devenir de la historia contemporánea. Hay estudios serios de varias universidades alrededor del mundo que saben cuántas horas diarias trabaja una mujer teniendo en cuenta su trabajo en el hogar y saben cuántas horas trabaja un hombre teniendo en cuenta esa misma variable, y la diferencia entre una mujer y un hombre está alrededor del treinta y ocho por ciento más carga laboral en las mujeres, y sin contar los estudios que han observado que los hombres ganan mucho más que las mujeres en los mismos ámbitos y destrezas.

 

Nos toca esperar que a esa lucha por una equidad e igualdad se les unan a las mujeres, cada vez más hombres que comprendan que sin esa equidad e igualdad el mundo será un lugar peor y menos habitable. Al fin y al cabo estamos habitando el mismo planeta.    

 

 

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