Uncategorized

Simone Veil, muere a sus 89 años

 

, murió a sus 89 años

 

Figura señera de la vida política francesa, académica de la lengua, Veil sobrevivió al campo de exterminio de

 

Popular hasta los tuétanos, impulsó la ley que despenalizó el en en 1974, uno de sus más grandes logros y su gran aporte a la sociedad francesa, conocida y reconocida en el mundo entero por esta acción.

 

Puede decirse que está en la misma línea de  Charles de Gaulle, de François Mitterrand o de Emmanuel Macron. Obtuvo una inmensa autoridad moral e intelectual. Simone Veil, fallecida esta noche a los 89 años, llegó a ser la persona más respetada de Francia. Sobrevivió a Auschwitz, tuvo muchos detractores a partir de su propuesta de la despenalización del aborto.

 

Nació en Niza el 13 de julio de 1927 en una familia judía, , que no practicaba el judaísmo religioso, sino el intelectual: el patriarca, Émile, arquitecto, supo trasmitir a sus cuatro hijos que pertenecer al Pueblo del Libro, al Pueblo de la Ley implicaba un especial esfuerzo en el pensamiento y la escritura.

 

En  abril de 1944, soldados franceses y alemanes cargaron a los Jacob en trenes de ganado con fin últino a Auschwitz. Estaba cerca el caótico final de la guerra. Después de Auschwitz, en enero de 1945, fue enviada a pie, junto a su madre y una hermana, en la terrible “marcha de la ”, hacia Mauthausen y después a Bergen-Belsen. Solo Simone y una hermana sobrevivieron. Se ignora dónde murieron su padre y su hermano. Se dejó por siempre el número que le grabaron con tinta negra en el brazo: 78651.

 

De vuelta en Francia con una hermana, experta en todas las tragedias y con una formidable voracidad vital. Se graduó con honores en la más prestigiosa escuela universitaria de Francia, Sciences-Po, se casó con Antoine Veil, tuvo tres hijos e ingresó en la carrera judicial.

Políticamente se ubicó entre el gaullismo y el socialismo moderado de Pierre Mendés-France. En la guerra de Argelia luchó por los derechos humanos de los prisioneros argelinos. En 1969, el presidente Georges Pompidou la persuadió para que ocupara un puesto en el l Ministerio de Justicia.

 

En 1974, el presidente Valéry Giscard d’Estaing y el primer ministro Jacques Chirac le asignaron el Ministerio de Sanidad y la misión más compleja del momento: aprobar una ley sobre la interrupción voluntaria del embarazo. Simone Veil no flaqueó. Recibió miles de ataques. En la Asamblea Nacional tuvo que escuchar los gritos del diputado conservador Jean-Marie Daillet (de su propio partido) acerca de los fetos arrojados al “horno crematorio”. Ella, que era una sobreviviente del exterminio, se enjugó las lágrimas. Su discurso del 26 de noviembre de 1974, pronunciado mientras a las puertas de la cámara se manifestaba una multitud contra la reforma, es histórico: “No podemos seguir cerrando los ojos ante los 300.000 abortos que, cada año, mutilan a las mujeres de este país, que ofenden nuestras leyes y humillan a aquellas que los padecen”.

 

Tres días de debates terribles, finalizados con una dura votación. El aborto quedó legalizado. A esas alturas, los políticos franceses habían descubierto lo que ya sabían sus colaboradores ministeriales: que Simone Veil era de hierro y, además, aterrorizaba a cualquiera en sus momentos de ira. Era un tótem moral y, además, una luchadora implacable.

 

En 1979 encabezó las listas de la UDF giscardiana en las primeras elecciones al Parlamento Europeo por sufragio universal. Y se convirtió en la primera presidenta de la cámara. A principios de los 90 volvió al gobierno francés como ministra de Justicia. Para entonces, su figura había alcanzado proporciones heroicas. Quienes la insultaron durante los debates sobre el aborto fueron hilando excusas, un año tras otro. Veil era alguien de una sola pieza.

 

Se hizo a un lado de la política y se consagró a su trabajo en el Consejo Constitucional y a la presidencia de la Fundación para la Memoria del Holocausto. Tras la muerte de su marido y de su hermana lo dejó todo para consagrarse al recuerdo. Había escrito varias veces que en el momento de su muerte pensaría en las víctimas del nazismo. Según sus hijos, sus últimos diez años consistieron en eso, en recordar una a una a las personas que había visto morir, las conocidas y las desconocidas, los familiares y los extraños.

 

Políticos e instituciones homenajearon a Simone Veil al conocerse su muerte. El presidente Emmanuel Macron dijo que había encarnado los valores más elevados y lo mejor de Francia.

 

no critiques, crea

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *