Riesgo Cero

 

Riesgo Cero



por Diana Marcela Mejías Granados



Aun despúes de dos siglos de análisis exahustivos y asosciaciones que quizá parezcan inverosímiles hechas por dos genialidades, y , para dar explicación a la teoria evolutiva,  persiste el deseo vehemente de la comunidad científica por descifrar el acertijo detrás de nuestra especie humana. En ocasiones resulta incomprensible y un tanto absurdo que en medio de este planeta repleto de criaturas de todos lós ordenes, tamaños, colores y sabores, existan especies genéticamente tan similares, como, por ejemplo, las inteligentísimas máquinas con ropas del género Homo sapiens y aquellos minúsculos reclutas taquicárdicos denominados Mus Musculus, también conocidos en el argot popular como roedores o ratas domésticas. Y de verdad les aseguro que, cualquier parecido con la realidad política, económica y/o escándalos de corrupción de nuestra sociedad Sapiente es pura y física coincidencia, ya que ambos poseemos en torno de 25 a 30 mil genes y una compatibilidad que supera el 90%. A simple vista parece suficiente el gigantesco banco de datos proporcionado a finales de la década de los noventa por la iniciativa del consorcio norteamericano entre John e Francis S. con el famoso proyecto genoma humano, pero la verdad es que el volumen del conocimiento que se elabora y la velocidad con que cambian los conceptos cada día, semana trás semana nos deja gravitando en una brecha que se deshace y rehace paulatinamente. Situándonos en la era actual de lós “omas” y la , dá la impresión que el entendimiento fuese más infinito que el propio universo, y que el sacral dogma central de la biología molecular recopilado en tres simples palabras como son DNA (ácido desoxirribonucleico), RNA (ácido ribonucleico) y proteína, vá perdiendo su rigidez para transformarse en un modelo dinámico, multidireccional. Nuevos descubrimientos en torno a este aspecto alejan la hipótesis que sustenta que las enfermedades son transmitidas con patrón mendeliano o monogénico (o sea causadas por un único gen) y abren paso a teorias basadas en herencias complejas o multifactoriales y son enfáticas en argumentar que no sólo lo que está contenido en la secuencia de nucleótidos es lo que se transmite a las siguientes generaciones. Al contrario de lo que se pensaba, acerca del origen único para “x” enfermedad, síndrome o trastorno, la revolucionaria línea de raciocinio actual, plantea que existe una constelación de elementos localizados fuera de nuestra cadena helicoidal que actua en sinergia para modular señales y respuestas al interior de la asombrosa maquinaria celular. Por citar algunos ejemplos, los llamados pseudogenes, micro RNAs y factores de transcipción han cobrado un peso enorme y se han posicionado como objeto de estudio por parte de la ingeniería genética, debido a su propiedad modularoda que controla la expresividad y el silenciamento de determinados genes. A esta altura de la historia, sesenta años después del colosal diseño propuesto por Watson y Crick y que fue merecedor del nobel en medicina, no es posible descartar ni subestimar el papel que cada pieza ejerce en el diminuto engranaje que todos llevamos dentro. Es un hecho que la vulnerabilidad del ser humano inicia desde el propio momento de su concepción, ya que ninguna mujer fue diseñada para iniciar en riesgo cero. Es justo en ese momento donde empieza el juego del todo o nada. Un tipo de carrera contrareloj, donde el cronómetro se vuelve el archi enemigo. Vamos hacia el frente pase lo que pase o acabamos siendo abortados naturalmente. Empieza la dicotomía entre la replicación exponencial y la apoptosis celular; el combate del embrión por sobrevivir a la avalancha de teratógenos observables e invisibles. Agentes químicos (etanol, cigarrillo, fármacos lícitos e ilícitos, herbicidas, pesticidas, productos industriales, etc), fisícos (radiación UV, ionizante, electromagnética, cósmica, etc.) y biológicos ( y ) son amenazas que acechan permanentemente nuestro código personal; pero para sorpresa de algunos, la lista no acaba ahí. Si le diéramos un vistaso a la esfera psicosocial que también hace parte de la constitución del individuo, llegaríamos a la conclusión que el aprendizaje de costumbres y rasgos de personalidad, así como la exposición crónica a ciertos tipos de estrés (desnutrición, violencia); el establecimiento de vínculos afectivos y diferentes estilos de vida a lo largo de nuestro ciclo vital, son ingredientes que se van adheriendo y resultan anclados a nuestra receta, de manera que pueden ser parcial o totalmente heredados. La simbiosis que el humano hace con el universo, resulta ser la sumatoria de pequeñas y grandes cosas, obvias o por el contrario, tan sutiles que pasan desapercibidas, pero que en últimas nos dá la identidad a cada uno. Así como no se preparan dos cafés de la misma forma, por el momento no existirán dos genomas idénticos por más que provengan de gemelos idénticos y no haya habido manipulación, como en el caso de .

 

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