Nelson Mandela, el insumiso. Un día como hoy nació el Icono.

Nelson , el insumiso

Por Alexander Quiñones Moncaleano

Nelson Mandela es un icono de la resistencia, muchos han sido los que le han dedicado estudio completos a su vida y personalidad. Fue un insumiso per se.

Mandela nace en la colonial Johannesburgo, el 18 de julio de 1918. Mandela era un «insumiso excepcional», con 27 años de reclusión a sus espaldas, en un país al borde del abismo. Y a pesar de eso o simplemente por esa experiencia, Mandela consiguió elevarse por encima de los odios y los miedos, instalándose en el universo de la no violencia, «el mejor antídoto contra el resentimiento. Luchar y vencer el odio, neutralizar las lógicas homicidas fue su política. Entre 1990 y 1994 se derramaría más sangre que en medio siglo de luchas raciales, desde 1940 a 1990. Fue una época crítica, al borde de la guerra civil. Había que poner de acuerdo a afriká- ners, , , , etc., a los servicios de seguridad del Estado y a los ansiosos miembros del Congreso Nacional Africano (ANC).

Su elección como presidente, en 1994, supuso refrendar el camino hacia la reconciliación, la vía sinuosa de la línea recta. Se creó la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (Truth and Reconciliation Commission) una vía experimental que redujo el rigor legal a favor del arrepentimiento público y la colaboración con la verdad. Era la alternativa al castigo y la venganza, pues, como nos dice Todorov: los verdugos podían «admitir públicamente su culpa y expresar su arrepentimiento a las víctimas que habían sufrido sus efectos, para poder gozar después de impunidad; o bien rebatir su culpabilidad ante los tribunales, a riesgo de verse condenados a una pena de cárcel.

En este contexto, Mandela, tomó decisiones simbólicas y propuso y adoptó gestos sobresalientes que entrelazaron virtud moral y habilidad política. Se humanizó al otro y se rescató lo mejor del adversario. Moral y política eran medio y fin a la vez. He aquí una tradición como la del 4 que logró superar la lógica de contrarios, una lógica binaria que no llevaría a ningún lado.

Mandela no fue siempre así. De 1944 a 1962, fue un abogado arrogante, lleno de defectos e implacable, con sus adversarios. Aceptó a regañadientes la no violencia porque se lo mandaba el Congreso Nacional Africano (ANC) pero no lo tenía claro. Él no era , y aunque admiró a éste, no comprendió su ascetismo ni compartió su satyagraha. Mandela, en 1952, sintió que frente a la violencia sólo se podría luchar contra el fuego con fuego y más violencia, siendo aún más radical; o que, ante el ataque de un animal salvaje, no era suficiente defenderse sólo con las manos. Mandela se había formado en tácticas guerrilleras, había leído a , , o Menájem Beguín. No obstante, cuando fue detenido en 1962, se defendió exponiendo sus convicciones democráticas (parlamentarismo, sociedad multirracial, libertades públicas) y su creencia de que la lucha armada era una opción extrema que podía no sólo matar al oponente sino al espíritu del que buscaba librarse de las injusticias. El camino de la conversión fue largo, a base de muchas reflexiones en la cárcel, de fases de aislamiento, castigo y conversaciones con sus amigos y carceleros, todo ello entre 1962 y 1985. Según el propio Mandela: «Era útil recordar que todos los hombres, incluso los que parecen más insensibles, tienen un fondo de honestidad y pueden cambiar si sabemos llegar a ellos, que en lo más profundo del corazón del hombre residían la misericordia y la generosidad». Ese tiempo de cautiverio habría de servir de autoconocimiento y liberación interior. En él concluyó que, el conflicto, era mucho más profundo que vencer militarmente a tu oponente y tratar de imponerle el bien. El no era una simple tiranía en la que se eliminaba al tirano y se acaba con el problema. Sólo la paz, pensó, podría vencer a la violencia.

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