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La ultraderecha se alimenta del miedo y la estúpidez

Por Eva palié

La extrema derecha en Colombia se ha dedicado el último lustro a mentir, exacerbar los ánimos de los ciudadanos, y sobre manera diseminar odio por doquier. Y lo peor de todo es que tiene su público. Un sin fin de grandes masas que los siguen y los escuchan casi que con un fervor sagrado. No más ver lo que pasó en las preliminares a la votación del plebiscito. Dónde hubo un discurso de odio, engaños, tergiversaciones y dinero a raudales para confundir a un electorado que se deja manipular sin mayor resistencia. Ni siquiera al enterarse que se les mintió dejaron de seguir a esa extrema derecha recalcitrante y que vive de muerte y odio. Si miramos con atención lo que pasa con los partidos y su relación con el paramilitarismo no podemos sino darnos cuenta que la olla está podrida. La justicia está implicada, cómplice todo lo perverso que ha pasado en el país. Hoy se piden renuncias de magistrados para lavar culpas cuando se debería exigir la renuncia total de las Cortes.

Las próximas elecciones no serán diferentes, ya vemos a incitando a los electores a defender a una Colombia venezolizada. Y en lo mismo, lo vemos en su cuenta de Twitter diciendo que tengamos cuidado con la izquierda que empiezan tiernos y amables como Chávez y terminan acabando con el país; como sino nuestra amada patria fuera un paraíso nórdico. Como si estuviéramos lejos de tener caudillos con personalidades de características sociópatas que lo único que desean es perpetuarse en el poder, así sea en interpuesta persona. Colombia debe mirar ejemplos de países que han logrado hacer un giro contundente hacia una democracia seria, con instituciones sólidas e incluyentes, donde hay verdadera meritocracia y no una mera nominalización del asunto.

Vargas Lleras hoy llenó auditorio gracias al senador Lizcano, un mequetrefe que va donde mejor suena la moneda. Donde los cupos indicativos se muestren directa y abiertamente. Un funcionario público haciendo campaña electoral al parecer no tiene ningún impedimento en la legislación de nuestro país, pero no le queda nada bien visto desde la ética y las buenas prácticas, aunque de eso poco saben los señores que gobiernan este país. Todo lo envolatan, todo lo tuercen para su beneficio y provecho. El caso de Enrique Peñalosa es otro más de los muchos que suceden en esta patria boba y bruta. Títulos falsos, programa incumplido, ciudad en caos, favorabilidad menos uno, y aun así la revocatoria no va, porque el CNE (Centro Nacional Electoral) así lo dice.

Como hemos dicho desde hace mucho tiempo, a Colombia no la cambia un culto a una personalidad, no nos salva una Claudia López, ni un Gustavo Petro, ni un Sergio Fajardo, ni mucho menos un Jorge Enrique Robledo, todos con un historial político cuestionado. Lo que Colombia necesita es que el pueblo se levante y exija un cambio serio de instituciones, donde se legisle contra la corrupción y el nepotismo, donde se exija que los cargos públicos sean manejados por hombres que no puedan vilipendiar a las instituciones porque sus instituciones son fuertes y están bajo el imperio de la Ley. Si otros países lo ha logrado por qué nosotros no. , , , , , pudieron. Colombia también puede pero necesita, vuelvo y repito, no un culto a una personalidad sino el culto al imperio de la Ley y a las instituciones serias e incluyentes.

La no dejará de existir, pero lo que sí puede dejar de pasar es que el pueblo le coma cuento. Y se aleje de ese odio y ese terror del que se ese pequeño grupo de salvajes y sociópatas que viven dándole coscorrones a sus electores.

no critiques, crea

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