La pregunta por la técnica, un interrogante esencial

Por Alexander Quiñones Moncaleano

de la . Para abordar el problema de la nos preguntamos por cuestiones tales como: los objetos, la , el mundo de la , el consumo y su relación con todo ello. Algunos autores intentan preguntar y responder acerca del uso de la tecnología, acerca de los objetos con los cuales interactuamos cotidianamente, cómo nos cambian con ese interactuar y cómo cambiamos nosotros el mundo. Este es un asunto acerca del que podemos reflexionar con Marshall Mcluhan, pasando por Jean Baudrillard, por Martin hasta desembocar en Gilbert .

Aquí partiré del pensamiento del filósofo alemán Martin Heidegger y de su conferencia “La pregunta por la técnica”. En este texto el autor empieza haciendo una diferencia entre qué es “en realidad” la técnica y como vemos la técnica de una manera convencional. Este diferenciar va a marcar el paso de toda la reflexión. Dado que para Heidegger en el preguntar está la esencia de la cosa, en este caso,-y en muchos otros- lo que sucede es que no sabemos preguntar realmente.

El problema es: qué es la técnica para el filósofo Heidegger y como el ver es un acto que puede desvelar lo que pasa en el mundo de la vida. En el primer párrafo de la conferencia nos muestra hacia dónde apunta su pensar: “En lo que sigue preguntamos por la técnica. Preguntar es estar construyendo un camino. Por ello es aconsejable fijar la atención en el camino y no estar pendiente de frases y rótulos aislados. El camino es un camino del pensar. De un modo más o menos perceptible, todos los caminos del pensar llevan, de una forma desacostumbrada, a través del lenguaje. Preguntamos por la técnica y con ello quisiéramos preparar una relación libre con ella.”

Para Heidegger la pregunta está mal planteada o mal dirigida, esta pregunta debe apuntar a diferenciar por lo menos dos cosas: la técnica y la esencia de la técnica. Entonces para Heidegger hay que partir de un diferenciar, de un camino diferenciador entre la esencia de la técnica y la técnica misma. Podemos decir, siguiendo el texto de Heidegger, que hay un aparente y un develamiento de esa apariencia, es decir que es como si hubiese matices de la técnica misma y la única manera de llegar a la verdad es haciendo una pregunta esencial por la técnica misma.

Entonces dice que hay una representación corriente de la técnica, y esta es una visión antropológica e instrumental. Cuando dice esto también está diciendo que debe haber (y que hay) otra representación de la técnica: la de unos medios para unos fines, es decir, una representación netamente utilitarista. Y ¿quién podría negar que esto es así? Pregunta Heidegger para seguir apuntando hacia una respuesta más esencial sobre la técnica. Pero que no podamos negar que está en lo correcto, es decir que es lo adecuado para lo que está adelante. Sin embargo que sea correcto no quiere decir de tal modo que es verdadero. Nos dice que: “Sólo esto nos lleva a una relación libre con aquello que, desde su esencia, nos concierne. En consecuencia, la correcta definición instrumental de la técnica, que es correcta, no nos muestra todavía la esencia de ésta. Para llegar a esta esencia, o por lo menos a su cercanía, tenemos que buscar lo verdadero a través de lo correcto”.

La intención de Heidegger es darle un estatus ontológico al quehacer de la técnica, y esto lo hace a partir del preguntar, así devela lo que según él hay de importante en la técnica misma, es decir en su esencia. Partir de la técnica para llegar a los objetos es una parte primordial del curso de la vida, que permite entender el problema de fondo que plantea la filosofía de la tecnología: cómo la tecnología transforma el mundo de la vida.

Es justamente a partirde ahí que podemos entender la electricidad como vehículo o el algo primordial con el cual el hombre se las tiene que ver para transformar el mundo y la vida, si es que no son una y misma cosa. La electricidad es para muchos autores, entre ellos, Simondon, el elemento transformador por excelencia, no el agua, no el aire, sino la electricidad. Pero, ¿por qué? Simondon lo explica a partir de la manera de relacionarnos con ese elemento, con la electricidad. Con el agua tenemos más cercanía, con el aire lo mismo. El agua la podemos conseguir, más o menos, fácilmente; pero con la electricidad la relación es a otro precio y solo en época tardía hemos alcanzado una relación tranquila con ella, y aun así nos es difícil la relación. Y aunque la técnica nos ha permitido acercarnos cada vez más, todavía estamos lejos de poder acceder a la electricidad y sus secretos.

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