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Empacho de la felicidad, sus dos caras

Por Eva Palie

Desde los años 80 del siglo veinte ha surgido un movimiento que cada vez va ganando más fuerza y adeptos. Un mundo donde no hay lugar para la tristeza y la depresión, los estudios se suceden unos a otros. Los son más renombrados que antaño. Cada cierto tiempo sale uno que cobra más sonoridad. Y todos coinciden en una cuestión: debemos ser optimistas así el mundo se nos esté cayendo encima. Y este es el consejo que nos dan seguidamente estos de la . Debemos estar y ser siempre felices. Sonríe o muere nos dice esta clase de psicología positiva.

nos dice que está harta de ver y encontrar una especie de ideología positiva. Esa que te está diciendo que no puedes vivir de otra forma que siendo feliz. Ella es una de las voces más decididas en la lucha contra el de felicidad. En su libro “Sonríe o muere: La trampa del pensamiento positivo”, lanza su posición a lo que llama una “realidad a medias”, ese tropel de mensajes ilusorios que la cultura parece haber dado por buenos. sufrió un cáncer de mama y, durante su proceso de sanación, se dio cuenta cómo nadie lo que le permitía sentirse asustada, preocupada. Y se plantó: ¿por qué no iba a tener miedo en una situación tan crucial? En sus tesis afirma lo que para ella resulta más lógico: mirar hacia otro lado no soluciona los problemas ni te hace sentir mejor, y solo aprendiendo a gestionar correctamente las emociones se puede vivir auténticamente conectado con los sentimientos y llevar una consecuente con aquello que está ocurriendo.

“Pretender que solo se experimenten emociones positivas es tan absurdo como imposible”, asevera Rosana Pereira, psicóloga del Gabinete Haztúa y especialista en Psicología positiva, que amplía: “Es evidente que, ante una situación normal, es preferible ser optimista, pero las emociones mal llamadas negativas cumplen una función adaptativa que nos ayuda a sobrevivir”. Porque la tristeza, la , el miedo, o el son biodispositivos que, bien agenciados, nos permiten adaptarnos a nuestra realidad y encender soluciones o vías de escape. “Esto es así desde que el hombre es hombre: el cavernícola no trataba de dialogar con un guepardo ni hacía caso omiso cuando este iba a atacarle; simplemente, escapaba a toda prisa movido por el miedo a ser devorado”, constata Pereira.
Ahora bien, ese temor, enfado, agotamiento o frustración deben servir como motor de cambio, deben revelarse como el germen que dispare el pensamiento crítico y la búsqueda de soluciones. Negarlos fomenta únicamente la rigidez emocional y provoca además que quien se siente mal por una situación negativa sume un grado extra de malestar, al saberse incapaz de sonreír a la vida. Y más. Según Ángel Luis Sánchez, psicólogo y director del Instituto de Desarrollo, esquivar estas alarmas es peligroso: “Un miedo no escuchado puede desembocar, con el tiempo, en ataques de pánico descontrolados, igual que una tristeza ignorada puede convertirse en depresión”.

Por eso, no deben ser obviadas, pero tampoco hay que permitir que replieguen la voluntad. “Lo importante es que nadie se quede enganchado en el derrotismo y que entienda que todo lo que siente es una respuesta lógica a lo que le sucede”, continúa Pereira, fundando así la línea entre los fundamentos de la Psicología positiva y las frases categóricas de los gurús de la felicidad. Y define a la primera como un complemento de la Psicología tradicional, puesto que “no se queda únicamente en arreglar una situación de dolor emocional, sino que muestra las pautas para gestionar mejor esas emociones adaptativas negativas y enseña a afrontar los problemas y a lograr un mayor bienestar”.
Tampoco se le escapa que la Psicología positiva, en ocasiones, es agnada a esas frases categóricas y al irresponsable y mal entendido. “Existe mucho intrusismo y los gurús hacen flaco favor a la Psicología. Cualquier dictamen contundente nos tiene que hacer sospechar; no hay que olvidar que la Psicología es de todo menos concluyente”, porque habla y trabaja con personas, y cada una reacciona de una forma diferente. Y en ese marco corren también otros estudios que señalan los peligros de una Psicología positiva mal aplicada.
La investigadora María Prieto-Ursúa, del departamento de Psicología de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, habla de la tiranía de la actitud positiva. Explica que, efectivamente, en ocasiones es complicado sentirse feliz viendo el telediario, pero que prescindir de esa carga de sufrimiento nos aleja de la solidaridad, la sensibilidad y el ánimo por mejorar la situación. Y evidencia que muchos seguidores entusiastas de la Psicología positiva pueden haber malinterpretado su mensaje y haberlo llevado al extremo, a la “necesidad de mantener una actitud positiva o de optimismo en todas las circunstancias”.
Entonces, al mal tiempo, ¿solo buena cara?
No. Porque, así, será imposible afrontar lo que está ocurriendo y concentrarse en darle una solución. “Un optimismo excesivo puede llevar a que confiemos demasiado en el futuro y a que no pongamos lo suficiente de nuestra para que aquello que pretendemos termine por llegar”, confirma Ángel Luis Sánchez.
Así que, al próximo que le invite a mirar hacia otro lado y a sonreírle a la vida, quizá deba explicarle la utilidad de estar triste, enfadado, colérico, de atravesar todas las fases emocionales que desencadenan los problemas. Tal vez deba contestar a su sonrisa sacándole la lengua. Y si la vida le da limones… vaya con la vida. Habrá que seguir trabajando para convertirlos en naranjas.

Donde hay escuelas y centros de investigación dedicados exclusivamente en la investigación de la tristeza y la depresión.

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