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La orden es ser felices

 

 

La orden es ser felices

 

Por: Carlosgermán Celis E

 

El mundo parece estar de acuerdo en que se viene a ser feliz. Y esa obscena amalgama entre mercado y hace su contribución cuando afirma que todo está en el . Los medios de comunicación nos inundan de publicaciones científicas sobre investigaciones que van lanzando soluciones inútiles a problemas sin los cuales no habría sido posible ser humano. Los neuro-científicos serios saben que al interior del cráneo no hay más que estructuras que permiten intercambios bioquímicos pero allí no está la , ni la tristeza, ni el amor, mucho menos la soledad, ni la frustración. De esos estados del alma se sabe por lo que cada quien dice, por la forma en que cada uno se refiere a lo singular de su sentir. Curiosamente en esta época del imperativo de , la mayoría de los funcionarios de la salud mental se hacen serviles cómplices de la industria farmacéutica, cuando a través de la medicación de los afectos, se silencia a los síntomas, a la inconformidad que habita a cada humano y que merece ser tratada con respeto. La que se oferta no es más que un arrebato mentiroso que no resuelve nada, y una vez pasado el efecto retorna el vacío del alma que deja al sujeto más vulnerable ante su malestar. Quizá transgredir esa orden de narcótica no nos haga infelices sino que sea la oportunidad para dar la palabra al ser que sufre, escucharlo en vez de diagnosticarlo como inadaptado. En cada uno habita un modo singular de gozar y de sufrir que le concierne, darle un lugar quizá permita construir una manera  propia de justificar la existencia sin ser visto como un enfermo, un incapaz, obligado a dejarle la tarea de existir a esos experimentales medicamentos de lo mental, que solo sirven para engordar con comisiones los bolsillos de los psiquiatras y las arcas de la industria farmacéutica.

 

 

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