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La Institucionalidad está secuestrada

La Institucionalidad está secuestrada

 

Por Alexander Quiñones Moncaleano

 

En se afirma en muchos espacios que la institucionalidad está secuestrada. ¿Por qué se hace esta afirmación tan grave y contundente? En gran medida los colombianos no  creen en sus dirigentes políticos. desde su fundación está  inmersa en un caos institucional rotundo. Guerras civiles, lucha de partidos, compras electorales, venta de territorio; entre muchos otros sismas que nos han aquejado.

Sin embargo acá nos centraremos en la actualidad política colombiana, es decir, en este turbulento año 2017. Donde se sucede un escándalo tras otro, empezando con , en marzo la Contraloría abre proceso de responsabilidad fiscal contra 47 funcionarios de y Ecopetrol, que venía ya desde el 2016, luego la no menos importante a debacle de , que tiene en la mira a altos funcionarios colombianos, entre ellos a el presidente de la Republica. Se están investigando supuestos dineros que entraron en su primera y segunda campaña presidencial. Donde el enlace es un honorable “exsenador” de la república, bueno si eso se puede decir en el país del sagrado corazón: Otto Bula.

 

Todo se sucede de un acontecimiento tras otro casi  sin dejarnos respirar o sorprender de los hechos. Viene luego la captura de dos personajes pintorescos o de caricatura, el fiscal anticorrupción cae por corrupto, , tratando de extorsionar al exgobernador de Córdoba, Alejandro Lyons, por sus asuntos pendientes con la justicia colombiana, en tierras extranjeras, nada más ni nada menos que en EEUU, a quien le estaban siguiendo la pista agentes federales. Luego llega el turno para el jefe de seguridad de la alcaldía de Medellín, , quien fue capturado por tener tratos criminales con la oficina de Envigado, y fue acusado entre otras cosas por concierto para delinquir. El señor tiene una hoja de vida un tanto cuestionada por su relación de cercanía con Felipe Sierra, quien dirigía una cuestionada casa de seguridad como lo fue Control Total, cuyo escandalo a su vez llevó a la cárcel al exdirector de fiscalía en Medellín: Guillermo León Valencia

Cossio. Todo mediado por el paramilitar y narcotraficante  alias “Don Mario”.

 

Hay una cuestión que siempre nos sorprende y nos llena de vergüenza. Que los dirigentes no se hagan responsables de las cosas que pasan a su alrededor. Frases que inmediatamente salen al ruedo en estos casos son: “se hizo a mis espaldas”, “no me enteré de nada”, “yo no lo recomendé”, “no es cuota política de nadie”, “lo nombré de buena fe”, “hasta ahora me entero”.

Para el caso del fiscal anticorrupción, Luis Gustavo Moreno, el país entero sabe que fue cuota política de Cambio Radical, así ellos quieran negarlo; y el jefe de seguridad de la alcaldía de Medellín se sabe que era fuertemente respaldado por el alcalde, Federico Gutiérrez.

 

Si Colombia fuera un país de controles serios y fuertes. Donde el clientelismo no fuera la manera de manejar el país, como un feudo al mejor estilo de la Edad Media. Esto se solucionaría en gran medida si hubiese meritocracia efectiva, y no se nombrase al amigo de mi amigo y donde no hubiese cuotas burocráticas para cada partido, que ni se sonrojan diciéndolo a voz en cuello. Sino pregunten a Cambio Radical cuantos puestos tiene asignados en los departamentos, o en el ramo de justicia, o  el Partido Conservador cuantas instituciones manejan con puño de hierro. Y ni hablar del Centro Democrático o el Partido Liberal.

 

No en balde ocupamos el puesto número 90 entre los 176 países que rankea la ONG TRANSPARENCY INTERNATIONAL. Tenemos uno de los puntajes más vergonzosos de Latinoamérica. “El contralor general de la República, Edgardo Maya Villazón, dice que el desangre de la puede llegar a $50 billones al año.”

 

(  http://www.elpais.com.co/colombia/cada-ano-la-corrupcion-les-roba-50-billones-a-los-nos.html )

 

Hablar de corrupción es hablar de un mal que golpea principalmente a los más pobres. Que no tienen acceso a educación, salud y demás necesidades básicas. El colombiano tiene una deuda enorme con su población, y para algunos sectores el cambio no se ve venir en el horizonte. Por la corrupción en Colombia la institucionalidad está secuestrada; hay quienes hablan de Fallido, pero lo cierto es que la sociedad civil debe buscar la manera de poder hacer verdadero control y contrapeso a los corruptos.

 

 

 

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