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Inquilinos camuflados: microbiota y microbioma

Por Diana Marcela Mejía Granados

Al contrario de lo que muchos creen, el mejor amigo del hombre no es el perro, sino un abanico de especies microscópicas tan variadas como galaxias en el universo. De entrada esta aseveración puede parecer repulsiva y es obvio que rechacemos su autenticidad, pero les apuesto que dentro de los años subsecuentes iremos al supermercado no sólo en búsqueda de hortalizas hidropónicas, ni granos transgénicos, sino que adicionalmente iremos tras un acervo infinito compuesto en su mayoría por y .

Y es que la explicación es simple. A lo largo del tiempo, microorganismo y humanos hemos evolucionado en simultáneo para integrar un ecosistema impecable. El conjunto de estos comensales en nuestro sistema es denominado y a la información genética que poseen . Después que nuestras verracas madres nos dan a luz por su admirable sexo, sufrimos un drástico cambio de ambientes: pasamos de la isla estéril del nunca jamás a un mundo cagado, – perdón -, cargado de un batallón de gérmenes, que en su mayoría no son patógenos, o sea NO causan enfermedad. Ellos simplemente llegan, colonizan un territorio afín a sus fijaciones y aptitudes (boca, tracto gastrointestinal, árbol respiratorio, piel, o tracto urogenital) y se quedan para influenciar de manera positiva en nuestros rutinarios procesos fisiológicos.

Literatura científica demuestra que neonatos nacidos por cesárea y por consiguiente privados de la flora vaginal, son propensos a sufrir problemas relacionados a la digestión de los alimentos. Se estima que la porción de nuestro cuerpo que alberga el mayor número de bacterias es el colon (intestino grueso). Mínimos cambios en la flora a este nivel puede acarrear disfunción de procesos endocrinos o inflamatorios que podrían estar íntimamente relacionados al desarrollo de entidades tan prevalentes hoy día como la obesidad o la diabetes. Incluso, enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer o Parkinson también guardan un estrecho vínculo con tales teorías de desequilibrio microbiano.

Entonces si usted es de los que experimentó algún tipo de pre o prebiótico para acortar los días de una inesperada diarrea, o simplemente por estar en la moda y sentirse más “saludable”, empezó bien y va por buen camino. A pesar que el proyecto genoma humano ya desveló una parte de nuestro código, o sea la punta del iceberg, existe una tarea titánica para intentar explicar cómo interactúan las informaciones palpables e invisibles entre ambos grupos (humanos y microrganismos). Quizá en unas décadas ya exista una lista mínima de bacterias, hongos y virus que debamos poseer y diferentes medios para adquirirlas, con el objetivo de tratarnos y hasta curarnos.

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