Uncategorized

In dubio pro homine

 

In dubio pro homine[i] [ii]

 

Por: Edimar Ortiz

 

En las primeras clases de los profesores suelen preguntar a sus alumnos: ¿qué es el ? La mayoría suele responder que es un conjunto o sistema de normas o leyes que regulan la sociedad, normas escritas para mayor exactitud. Una posible explicación de este hecho, que bien podría ser un tema de investigación, puede ser que dicho concepto está generalizado en la sociedad. Así, si se tiene en cuenta que los estudiantes de primer semestre llegan a su primera clase con una formación de bachilleres no muy distinta de la del común de las personas, salvo excepciones, y con una serie de conceptos asumidos socialmente, se comprenderá el porqué: para la sociedad el no es más que un conjunto de leyes.

 

Esta definición de Derecho está profundamente arraigada en la sociedad, al menos en la colombiana. Igualmente arraigada, aunque no sólo en Colombia, se encuentra la necesidad de justificar la existencia de la ciencia jurídica, las instituciones y el sistema normativo: se cree que son necesarios. Se dice con total convicción que sin el Derecho reinaría la anarquía absoluta, los Estados caerían y el ser humano se vería obligado a volver al estado de guerra anterior al donde para sobrevivir sólo era necesario ser el más fuerte. Pero dar todo por sentado conlleva a un anquilosamiento, una sedimentación del pensamiento que se vuelve como una costra, un traje que fue hermoso y usamos todos los días hasta gastarlo, como repetir una palabra cien veces hasta vaciarla de sentido. Escudarse en la seguridad que ofrece el aceptarlo todo, dar todo por hecho, no plantearle ninguna pregunta al mundo, nos empobrece. (2007, p. 13) describe perfectamente la tristeza de una vida en la que todo es aceptado sin chistar:

 

La tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en la masa pegajosa que se proclama mundo, cada mañana topar con el paralelepípedo de nombre repugnante, con la satisfacción perruna de que todo esté en su sitio, la misma mujer al lado, los mismos zapatos, el mismo sabor de la misma pasta dentífrica, la misma tristeza de las casas de enfrente, del sucio tablero de ventanas de tiempo con su letrero «Hotel de Belgique».

 

Se hace necesario repensarlo todo, criticarlo todo, cuestionar todo ese sistema de instituciones socialmente sagradas. Ese es el objetivo no expreso de esta investigación: poner en entredicho al Derecho mismo. ¿Es realmente necesario? ¿Para qué sirve en verdad? ¿A quién o quiénes sirve? ¿Podría mejorarse? ¿Es el Derecho realmente el Derecho o es, acaso, otra cosa? Tal vez desmontándolo, viéndolo bajo otra luz, desde la distancia, desligándose del concepto generalizado se pueda llegar a otra visión del mismo.

 

En el presente proyecto ese otro punto de vista se buscó en la literatura, esa manifestación del arte que se encarga de abordar los rincones más oscuros de la condición humana, el correlato del Derecho que no busca ordenar el mundo sino mostrar que a pesar de que el ser humano se empeñe en tener bajo control las infinitas contingencias de la vida nunca será incapaz de hacerlo, siempre habrá alguien que demuestre que el sistema falla, que el orden es aparente, simplemente formal, no material.

 

La El proceso de Franz se presenta como una historia ideal para ejercer una crítica del Derecho y sus instituciones. En primer lugar, fue escrita por un abogado siempre crítico de su entorno y de la corrupción de su tiempo que se alzaría con total impunidad durante las dos guerras mundiales. Segundo, aborda temas como el desarrollo de un proceso penal, el lenguaje cargado de un vocabulario jurídico, el funcionamiento del sistema jurídico, las constantes alusiones al ejercicio del poder, las reflexiones sobre la y su aplicación y la (o)posición del individuo ante el poder.

 

Pero para lograr el efecto deseado, para contextualizar la novela dentro del entorno jurídico y más allá de lo literario, no bastaba analizarla en sí misma, fue necesario ponerla en relación con otro texto que iluminó el contenido de la novela: confirmando algunas ideas, pero al mismo tiempo sacando a relucir otras que habían sido pasadas por alto e, incluso, ampliando o modificando algunas opiniones. De este modo Vigilar y castigar de Michel apareció en escena. Con su cuestionamiento al derecho penal, a la institución carcelaria, al orden y funcionamiento de la sociedad, se convirtió en el maridaje perfecto de la novela de Kafka.

 

Así se fue armando el rompecabezas, incorporando a su vez elementos fílmicos, literarios, filosóficos, musicales y periodísticos que enriquecieron la investigación. Elementos dispares que compartían una visión similar con respecto a los temas tratados pero que dieron volumen a una imagen plana y que revelaron otras facetas. Así como se buscó cuestionar el poder y su ejercicio a través del Derecho, fue una grata sorpresa encontrar que lo que se daba por sentado frente a las obras abordadas también podía cambiar. No obstante, no es necesario manifestar las ideas a priori y explicar el proceso de metamorfosis que sufrieron.

 

Por otra parte, sí es necesario hacer una aclaración: en ningún momento se ha buscado a través del proyecto hacer una apología del crimen, sino generar aquello que en derecho penal se conoce como . Una duda que se resuelve verdaderamente en el momento en que se buscan las causas que han originado las actuales instituciones jurídicas, desprendiéndose de prejuicios y dejando de asumir al derecho como algo natural y necesario para asumirlo como un producto social al servicio del poder pero que debería ser puesto al servicio del ser humano en abstracto y del individuo en concreto. Una duda razonable que se resuelva en favor del ser humano y su dignidad. No obstante, se podría plantear una pregunta: ¿se puede hablar de apología del crimen cuando el orden establecido es el ilegalismo de una clase social impuesto a otro: un orden que pone al mundo en función de los hombres blancos, heterosexuales, cristianos, de clase alta y media alta, atléticos, derechos y sin ninguna clase de limitación física? No es apología del crimen una actitud iconoclasta que busca reconsiderar la escala de valores.

 

Así, a través de una cuidadosa lectura y relectura de El proceso de Franz Kafka y de Vigilar y castigar de Michel Foucault se buscaron los puntos de encuentro entre las dos obras.

 

 

[i] Paráfrasis de un principio del derecho penal.

[ii] Introducción del trabajo de grado Análisis de la novela El proceso de Franz Kafka desde el libro Vigilar y castigar de Michel Foucault.

no critiques, crea

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *