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EL País Dividido

 

El país dividido

 

Por Alexander Quiñones Moncaleano

 

Hoy, como todos los días en hay algo de que asombrarnos, ese interés  del que nos habla el filósofo, pasa tan rápido como  corre el ancho de nuestra banda en Internet. El día de hoy nos interesó la cortina de humo que  nos lanza el senador y ex-presidente de la república Álvaro , acusando a uno de los periodistas, si se le puede llamar tal a Daniel , de violador de niños, y lanza pruebas de correos enviados (al parecer) por el payaso de .

 

Difamar a alguien no es una simpleza, ni mucho menos, y menos si la acusación involucra a un menor de edad, pero formar una batalla todo un  día es otra cosa, y sobre manera si el país se quema por otros asuntos en verdad importantes como son la muerte de ambientalistas, las pruebas donde se demuestra que el presidente pasará a la historia por haber recibido dinero de la corrupta empresa transnacional Odebrecht, pruebas que ya la oficina de prensa de la fiscalía sacó a la opinión pública. Nuestro presidente pasará a la historia de manera deshonrosa y ni el Nobel lo salvará del bochornoso asunto.

 

El país se hunde y sus ciudadanos le siguen prestando hiperatención al loco de la plaza, el país se pierde y seguimos día a día los trinos del ex-presidente, sabiendo que su objetivo es dividir, ya lo sabe y lo sabe de sobra, que divide y triunfarás (Divide et impera). Una máxima lanzada hace más de dos mil años posiblemente por Gaius Iulius Caesar y que sigue tan vigente como la ultraderecha en el mundo entero.

 

Si miramos con suficiente atención la red social del pajarito nos damos cuenta que la publicidad que recibe a diario Álvaro Uribe por parte de sus detractores es más grande, mucho más grande, que la de sus seguidores y simpatizantes. Yo me aventuro a decir que sus grandes detractores saben que criticándolo e insultándolo se ganan un poco de gloria, se quedan un poco de esa publicidad que recibe el ex-presidente. Uribe sabe que como dijo en su momento Wilde: hablen mal, hablen bien pero hablen. Y sus críticos lo saben, no tienen pizca de idiotas, saben que atacándolo se arrastran consigo una fracción de su publicidad.

 

Uno de sus críticos más fuertes es el periodista Daniel , que pareciera que no le interesara más investigación que la que lleve a Uribe; así lo mismo pasa con Gonzalo Guillén, que no pasa un día, un solo día sin mencionarlo. Y lo mismo le sucede al payaso de Daniel Samper Ospina, porque eso es lo que es Daniel, un payaso barato, no un humorista fino e inteligente de la talla de Jaime Garzón como muchos creen. Y así puede uno seguir una larga lista de personas dedicadas casi exclusivamente a criticar a Uribe: Yohir Akerman, Luis Carlo Jacobsen, Ramiro Bejarano, Hollman Morris, Felix de Bedut. Ayer sacaron hasta un club de celebridades bloqueados por Uribe. Válgame Dios. O como decía mi santa abuela: Dios nos coja confesados.

 

La obsesión del país por Uribe es un síntoma, un síntoma de una enfermedad que está haciendo metástasis pero nada que culmina. Esa obsesión se alimenta en doble vía, la alimenta Colombia entera, la alimentan sus líderes y antihéroes, su pueblo y su clase dirigente, que sabe aprovechar ese combustible para que el país arda y se divida, pues en última instancia eso es lo que quieren sus políticos corruptos, que en el país esas dos palabras parecen inseparables; quieren tener un país dividido y sacar redito político de esa obsesión. Olvidemos a Uribe y miremos al país de manera panorámica, de manera completa para así atacar sus verdaderos problemas, las verdaderas enfermedades y no sus síntomas. Sepámos que dividido al país se lo roban. Y no es un secreto que montando shows es que nos venden la idea que se odian y en los clubes sus esposas tejen y juegan canasta, sus hijos se educan en las mismas instituciones  y para terminar ellos toman single malt mientras nosotros perdemos el país.

 

 

 

no critiques, crea

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