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Cultivos de coca, narcotráfico y campesinos colombianos

Foto: El Tiempo.com

Por Alexander Quiñones Moncaleano

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Derechos fotográficos de Pacifista

La masacre de Tumaco, donde murieron seis campesinos y resultaron heridos otros tantos dejó en evidencia varias cuestiones que no podemos pasar por alto en Colombia. Los campesinos y los pobladores rurales colombianos vienen siendo atacados por el desde la constitución del mismo. Y eso es una verdad de a puño: desplazamiento, asesinato, sometimiento y exposición a cualquier tipo de vejámenes, hasta tal punto que al día de hoy ya lo vemos como algo connatural.

La región en la que fueron atacados los campesinos, o para decirlo más claramente, donde fueron masacrados los campesinos, es una región en la que predomina el cultivo de coca para la subsistencia. El Estado quiere por todos los medios non sanctos que los campesinos se dediquen a otra cosa, que sustituyan, pero las garantías para hacerlo no son las mejores.

En el último periodo el precio del kilo de de coca fresca subió 850 pesos, pues pasó de $2.150 a $3.000, para un incremento del 39,5%. La cifra es la más alta de la última década. Al incremento se le suma la facilidad para el almacemnamiento y transporte de la misma, sabiendo como sabemos que la infraestructura vial de esas regiones no está en las mejores condiciones. Cómo cultivar plátano, yuca, tomate u otro producto que no puede sacarse fácilmente a los centros de acopio; en cambio la de coca se puede llevar a donde se la compran en un morrral.

El Estado no puede ser indiferente a esta situación pues aunque no se puede bajar la guardia frente a esta problemática, es necesario tener en cuenta toda la complejidad del asunto. El Estado debe brindar restitución pero con condiciones óptimas para que se lleve a cabo.

Como dijo la Fundación Paz & Reconciliación: “El aumento de los cultivos de coca no se puede adjudicar a que el Gobierno nacional hubiese bajado la guardia en la lucha contra las drogas, de hecho, la realidad es más compleja. Se podrían dar cuatro explicaciones, sin embargo, una de ellas es la más importante y es la explicación económica. Con la revaluación del dólar, el precio de la hoja de coca se incrementó casi un 40 por ciento, igual sucedió con la base de la pasta. Un gramo de pasta base pasó de valer 1.200 pesos o 1.400, dependiendo de la región, a valer 1.900 pesos. Obviamente como en cualquier mercado el incentivo para cultivar aumentó. Pero el precio no solo aumentó por el dólar, también por la demanda cada vez más grande de nuevos actores en el mercado, particularmente Brasil. Por ejemplo, en la actualidad el precio de la pasta base de coca en Tumaco está a 1.900 pesos y en Guaviare está a 2.400. Un precio bastante alto.”

Colombia debe conocer los pormenores y entresijos de esta compleja cuestión. Pues estando la opinión pública informada es más fácil hacer presión social para que el Estado diseñe políticas públicas eficaces. Así lo ha venido haciendo la fundación que dirige Ariel Ávila: “Desde el inicio del Plan Colombia en el año 2000, se han fumigado más de un millón de hectáreas de coca, con el famoso glifosato, que contiene el roundup, una sustancia cancerígena y considerada en muchos países como altamente peligrosa. Es decir, por casi 20 años envenenamos nuestros campesinos y zonas rurales. Además, se han erradicado durante los últimos años centenares de miles de hectáreas de coca y se han mandado a la cárcel miles de campesinos. Invito a cualquier parroquiano a que visite las cárceles en Putumayo, Caquetá, Guaviare, llenas de campesinos que dicen: Me cogieron por Ley 30”. Las siguientes gráficas muestran los niveles de aspersión aérea y erradicación manual en los últimos años.”

Los que encabezan las listas de los mayores cultivadores de coca son:

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