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El cambio que todos queremos, el país que necesitamos

El que todos , el que ()

Llevamos unos pocos meses sin el grupo guerrillero más antiguo y grande del país, esto es sin las FARC-EP, y ya nos dimos cuenta, al menos alguna porción importante de Colombia, que nuestro gran cáncer no es o no era el grupo guerrillero. Y que servía de foco de atención para desviar los reflectores hacia el verdadero y profundo problema.
Desde muchos sectores se pide, si grita, se clama para que le demos otro rumbo a los manejos institucionales y políticos. Todos los días hay gente en redes, en páginas, en blogs, pidiendo que se haga algo al respecto de tanta y cruenta corrupción. El año pasado se destapó el caso Odebrecht que hoy ya tiene en la cárcel a un senador, al cínico, criminal y sin vergüenza Norberto, Ñoño, Elías; y que se espera caigan muchos más. Pero este cambio no sucederá si la sociedad civil no se organiza y promueve desde diferentes sectores ese cambio que anhelamos y necesitamos.
Sí, la sociedad civil, no ningún grupo político o político en solitario, buscando como suele suceder, réditos electorales. Si el país no entra en su mayoría de edad, y sus ciudadanos se hacen responsables del rumbo de la Nación y las leyes que nos regirán en un futuro próximo nada va pasar; o sí, nos seguirán robando la esperanza y lo peor de todo con nuestro consentimiento. En países como Islandia en el 2009 la población se organizó y logró algo que jamás había sucedido en el planeta: que los banqueros y gobernantes fueran a parar a la cárcel y sin la posibilidad de volver a ocupar puestos públicos.

No esperemos que una Claudia López, que mucho rabo de paja tiene venga a enarbolar banderas anticorrupción o que Sergio Fajardo nos venga con el cuento que con él si se puede. Y ni que hablar de Germán Vargas Lleras o el que diga Uribe. No podemos esperar que sean ellos, los políticos, hoy señalados de corrupción los que nos vayan a salvar de la corrupción, no será el adicto quien nos lleve a un puerto sin estupefacientes. El cuento de Claudia López que con ella la corrupción se va a erradicar, es un cuento chino, más si se mira quienes la rodea y a quienes defiende. O esa postura arrogante de Sergio Fajardo, que se parece en demasía a Enrique Peñalosa, que cuando se les pide explicaciones por algún hecho que expone sus conductas dolosas sale a contestar con su tono prepotente que dará explicaciones cuando él quiera. Y después sale con un video muy bien ensayado diciendo esto y aquello, y no como debe ser en una democracia seria y respetuosa de sus ciudadanos, en medio de una rueda de prensa o de un debate público y abierto donde se le pueda contra preguntar sus argumentos, pues en un video no se puede hacer eso.

Vuelvo y lo repito, el cambio se debe gestar en la sociedad civil, pues el interés ahí es general y no particular como generalmente sucede con los políticos de todas las ideologías y toldos. Pues como lo he expuesto en muchos otros artículos, uno de los problemas fundamentales de nuestra democracia es esa amañada democracia representativa que cree que los puestos públicos pertenecen a unas cuantas familias, y que ellos son los dueños de nuestros destinos y que además le debemos dar las gracias. Con su gran valía de sí mismos creen, y en serio lo creen que ellos son los dueños de Colombia, o sino analicen la actitud soberbia de Rodrigo Lara Restrepo o la de Carlos Fernando Galán, o el otro delfincito José Horacio Serpa, que solo se ven humildes y hasta disfrazados en épocas electorales, es decir ya casi.

Repitámoslo como mantra, será la sociedad civil la que cambie profunda y benéficamente los manejos del país. No podemos ni mucho menos debemos dejar eso en manos de Los Valencia, Los Santos, Los Samper, Los Serpa, Los Galán, Los Uribe, Los Lleras, y un largo etcétera. Somos muchos, académicos, periodistas, y sociedad en general que pide lo mismo y con mucha insistencia, y este es el momento adecuado para lograr un cambio de instituciones que en serio se hagan contrapeso y se controlen de manera eficiente.

no critiques, crea

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