Antígona y el arte de/en la reconciliación

Por: Edimar Ortiz
Abogado Y cofounder de EL Shabbat

En la tragedia de , ésta, a pesar de la prohibición del tirano de Tebas de dar sepultura a su hermano Polinices por haber combatido contra la ciudad, decide enterrarlo (Sófocles, 2015). Para los griegos sólo era aquel que estaba dentro del espacio de la y por tanto era igual a los demás ciudadanos, pero aquel que estaba por fuera de la no era ni igual (Arendt, 2013, p. 113), además las fronteras de la polis coincidían con las de la ley y su aplicación: siendo así, no sólo se es dentro de la polis sino dentro de la ley (Arendt, 2013, p. 129). Ante tal situación es comprensible que se prohíba darle sepultura a Polinices: al enfrentarse a la polis ha dejado de ser un hombre por tanto ha dejado de ser destinatario de la ley de la polis por ello no habría razón para enterrarlo y evitar que lo devoren las bestias (Arendt, 2013, p. 70).

Oponiéndose a la prohibición de Creonte, tirano de Tebas, Antígona se propone introducir nuevamente a su hermano a la polis, volver a hacerlo un hombre libre a pesar de estar muerto. De esta forma es posible decir que el esfuerzo de Antígona es restablecer la humanidad y la dignidad de Polinices, al pretender darle sepultura quiera establecer de nuevo un vínculo con él y reintroducirlo en el mundo, entendido como las relaciones que se crean entre los individuos, y en la ley, porque lo que queda por fuera del espacio de la ley no tiene ley ni tiene mundo (Arendt, 2013, p. 129). Mediante su acto de desobediencia a la prohibición Antígona pretende la , entendido como un esfuerzo por recobrar la cotidianidad (Roldán, 2017).

Es así como la figura de Antígona, mediante su acto cargado de emocionalidad (Hegel, 2004, p.161) se puede erigir como un modelo de conducta a seguir por parte de las víctimas, la población civil y el dentro del proceso de reconciliación del posconflicto. De tal forma, ayudar a aquellos que en un momento tomaron las armas contra el a reintegrarse de manera plena a la sociedad civil es reintroducirlos en el espacio de la ley, de la libertad y la igualdad, así como restablecer el vínculo que los une con la sociedad: nuevamente forman parte del mundo. La importancia de ello radica en que toda relación con cualquier persona es insustituible (Roldán, 2017), aunque esa persona haya al margen de la ley. Parafraseando al poeta John Donne en su Devotion XVII (1624): nadie es una isla, completo en sí mismo, la muerte de cada hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad.

Pero para obtener una reconciliación verdadera que restablezca la cotidianidad de los actores del (víctimas, victimarios y población civil), es necesaria la verdad. Y la verdad en un proceso de reconciliación se obtiene con la confesión del victimario pero también dándole voz a la víctima cuyo corazón arderá lleno de agonía hasta que no logre contar el horror de su tragedia (Coleridge, 1798). No basta con la verdad formal del proceso judicial porque el proceso judicial no pretende hacer justicia como bien lo señala Giorgio Agamben (2010), porque en general el derecho no tiene por objeto la justicia sino mantener el orden, por tanto, esa verdad jurídica debe ser complementada con la verdad ética para que se dé una justicia real. Frente a esto es esencial la propuesta de Martha Nussbaum en su Justicia poética (1997) al señalar la importancia del componente emocional dentro del derecho, promoviendo sentencias emocionalmente satisfactorias (Sterling, 2017), situación de gran importancia para la sociedad civil en general y para las víctimas del armado en particular.

Frente a lo planteado se hace necesario crear un nuevo relato o mejor: un conjunto de relatos que no sean parte del relato oficial, y que, por el contrario, narre lo hecho por los victimarios y lo padecido por las víctimas, para así establecer una verdad común y que permita hacer justicia, pero teniendo en cuenta que esa verdad deberá seguir construyéndose, alimentándose. En este contexto la creación artística tiene un papel fundamental ya que permite no sólo la construcción de una verdad jurídica y ética, sino también estética, es decir: permite crear belleza a personas que de alguna forma han sido marginadas no sólo de las riquezas materiales sino también de las riquezas espirituales.

Si se entiende que el acceso a la belleza puede ser visto como un derecho humano (McCormick, 2010) o como un bien básico del ser humano como lo señala Finnis (2001, p.87), y que la creación artística requiere cierta preparación, el Estado, en cumplimiento de uno de sus fines esenciales como es promover la participación de los ciudadanos en la vida cultural del país (Asamblea Nacional Constituyente, 1991), debe procurar los medios para acceder a la belleza, ya sea mediante la observación o la creación. Para ello se debe capacitar a las víctimas y a los victimarios, dándoles herramientas que les permitan escribir sus propios relatos mediante talleres de , es decir: dándoles la posibilidad de tener una voz.

De esta forma, teniendo en cuenta el enfoque de las capacidades desarrollado por Martha Nussbaum (2007) que consiste en determinar qué es lo que las personas “son realmente capaces de ser y de hacer” (p. 85), para así poder “a partir de una concepción de la dignidad humana y de una vida acorde con esa dignidad” (p. 86) establecer “un umbral para cada capacidad, por debajo del cual se considera que los ciudadanos no pueden funcionar de un modo auténticamente humano” (p. 83) y el concepto de acción de Hanna Arendt, entendido como actividad humana que desarrolla la libertad (Cruz, 2012, p. 15) y que permite el milagro de comenzar de nuevo, de comenzar algo nuevo (Arendt, 2013, p. 66), es válido afirmar que mediante el desarrollo de las capacidades artísticas de las víctimas y los reinsertados, estos tienen la oportunidad de actuar y hacer posible el milagro de la creación artística.

Frente al escenario que se vislumbra con el posconflicto la creación artística será de gran importancia para reconstruir el tejido social. La reconciliación no sólo será de los reinsertados con la sociedad en general como se explicaba al comienzo del texto, sino también la reintegración de las víctimas a la vida pública mediante el , permitiendo de esta forma su reivindicación y el cese de la exclusión de la que durante tanto tiempo han sido víctimas. Ciertamente, el cese de la exclusión también deberá darse en el plano de las condiciones materiales necesarias para la vida de estas personas, pero avanzar en el plano espiritual es un paso importante para la realización de un estado más democrático y más humano. Insertarse en el logos de la polis mediante la creación artística restablece la humanidad y la dignidad humana de las víctimas y los victimarios, porque como lo recuerda Primo Levi (2016, p. 146), una víctima del campo de concentración de Auschwitz que dio testimonio de su experiencia, al citar unos versos de la Divina Comedia de Dante Alighieri (1977): para vida animal no habéis nacido, / sino para adquirir virtud y conciencia.

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