La Democracia, el azar y los sistemas políticos

Por Alexander Quiñones Moncaleano

La en el mundo entero es una institución venida a menos y cada vez más cuestionada por el pueblo. En , modelo de referencia para el mundo entero se vienen haciendo propuestas e investigaciones sobre el tema. Pues al parecer la ya no está satisfaciendo los deseos de los pueblos. Sus dirigentes se anquilosan en sus puestos y son heredados por hijos y familiares cual aristocracia rancia y bien establecida. Y ni hablar en los países sudamericanos, donde los contrapesos de poderes, entre los legislativos, el judicial y el administrativo hay una especie de amanguala para desangrar al país. En recientes estudios hablan de un desfalco o robo por parte de los gobernantes de 50 billones de pesos por año. Los colombianos pagamos aproximadamente 123 billones de pesos en impuestos cada año, esto quiere decir que nuestros políticos corruptos le roban cinco meses de impuestos al país, y los efectos se reflejan en educación, salud, trabajo. Somos uno de los peores países puntuados por las pruebas PISA; el sistema de salud colombiano como es sabido es pésimo e incluye el famoso paseo de la muerte, pues hospitales y clínicas no dan atención a los pacientes por que no tienen capacidad para hacerlo. En este momento se vienen haciendo propuestas que involucren el como una posible solución a la decadencia de la y los sistemas políticos.

En la año tras año, se destapan escándalos que superan al anterior y que se deja vencer términos para llevar a la cárcel a los responsables, todos los años hay un Reficar, un Odebrecht; políticos involucrados en parapolítica, campañas permeadas por el narcotráfico, secretarios elegidos a dedo que tienen conexiones con mafias poderosas, fiscales anticorrupción encarcelados por extorsionar a exgobernadores y un largo etcétera de delitos que tienen que ver con corrupción. Corruption Percetions Index 2016 de Transparency International nos ubica en el puesto número noventa, lejos de Uruguay y Chile, que tienen el puesto veintiuno y veinticuatro respectivamente, y de Cuba que tiene el puesto número sesenta, Brasil el setenta y nueve, Panamá en ochenta y siete. Cosa que nos deja muy mal parados en la región y en el mundo. Como es bien sabido y estudiado desde hace décadas, la corrupción es una de las principales causas de pobreza y atraso que tiene un país. Nuestro país ha sido golpeado por este flagelo desde tiempos remotos. Pero se va escalando el problema hasta no tener una posible solución en el horizonte. Empezando siglo fueron más de treinta y siete congresistas que fueron a parar a las cárceles por su vinculación con paramilitares y mafias que organizaban despojos y ganaban elecciones a punta de intimidación y muerte. Hoy por hoy hay miles de procesos abiertos en la Fiscalía General de la Nación en contra de políticos y muchos de esos procesos quedan archivados pues quienes investigan no tienen mucho interés en que esto pare. El mismo fiscal general ha tenido que salir a capotear impedimentos investigativos contra Odebrecht por haber sido asesor de la multinacional del crimen y la corrupción. El mismo fiscal anticorrupción cayó preso por presuntas extorciones a Alejandro Lyons exgobernador del Departamento de Córdoba involucrando a la DEA, agencia de los Estados Unidos. Un caso que ya parece estar frío y nadie se hace responsable del nombramiento de dicho fiscal anticorrupción.

El debate sobre la democracia y su efectividad en el mundo está vigente y nuestro país no debe quedarse atrás de esta agenda; pues necesitamos con urgencia que nuestras instituciones cambien de rumbo, si queremos salir del hueco institucional en el que estanos hundidos. Si miramos quienes son nuestros senadores, presidentes, vicepresidentes, ministros, jueces y demás nos damos cuenta que parecen cargos adquiridos por herencia. Ejemplo de ello son los Galán, los Lleras, los Santos, los Samper, los Turbay, y un largo etcétera. En el mundo se está hablando desde principios de siglo, sobre todo en Europa, de cambiar la democracia por por una democracia por sorteo. ¿Pero qué significa esto y cuáles son los argumentos de los académicos para proponer este “nuevo” sistema?

Hablar de Democracia y azar no es una cuestión sencilla, pues cuando pensamos en la democracia pensamos inmediatamente en elecciones, y que sin elecciones no hay democracia; es una idea de equivalencia muy arraigada en nuestra mente tanto individual como colectivamente. Tanto así que pensamos que sin elección no hay democracia. Pero me gustaría convérselos de que elegir por sorteo a nuestros representantes políticos, como senadores, alcaldes, gobernadores, presidentes; es bueno para la Democracia.

Los datos que tienen los académicos franceses por ejemplo de su Asamblea Nacional es la siguiente: la población activa francesa está compuesta por un veintidós por ciento de obreros y un diecisiete por ciento de ejecutivos. La Asamblea Nacional está compuesta por un cero dos por ciento de obreros y un ochenta y un por ciento de ejecutivos. El argumento usual que responden los que ostentan el poder cuando se les pregunta el por qué sucede esto es el de los “más competentes”. Pero la Asamblea Nacional está compuesta por un veinte seis por ciento de mujeres ¿me van a decir que los hombres son más competentes que las mujeres? No, no lo creo. En Europa numerosos movimientos denuncian esta separación entre las elites políticas y la realidad social de sus ciudadanos. Un argumento usado a menudo por estas élites y que el investigador belga David Van Reybrouck llama “el argumento populista”. Este argumento estipula que bastaría con cambiar el personal político para reconectar a las élites con el pueblo. David Van Reybrouck ilustra este argumento con la metáfora de la trasfusión sanguínea: la sangre, equivale al personal político, que es mala; por tanto, hace falta reemplazarla pero sin cambiar el organismo. Si esta tesis “que se la quiten toda” es correcta en su diagnóstico porque la representación en nuestras asambleas es mala, un simple cambio de sangre no cambiaría gran cosa. El problema no viene del hecho de que nos hayamos equivocado de papeleta al sufragar en la urna sino de que la selección de candidatos elegibles hecha por los partidos conduce a una profesionalización de la política y a una restricción de estos oficios contra sectores enteros de la población. Si nuestra Asamblea estuviera compuesta no por personalidades elegidas, sino por ciudadanos elegidos al azar, el problema de la representación desaparecería.

Hay que tener en cuenta que no seriamos los primeros en hacerlo. A los griegos se les suele referir como pioneros de la democracia pero en definitiva no votaban tanto. En efecto para poder pasar el poder entre los ciudadanos los griegos usaban mucho el azar. La Boulé o senado, o consejo (Βουλή), el órgano encargado de hacer las leyes estaba compuesta por quinientos ciudadanos elegidos por sorteo entre los voluntarios y renovado anualmente. Ocurría lo mismo con el tribunal: la Heliea (Ήλιαία). Vemos que hemos conservado esta tradición de tener jurados lego elegidos al azar, que tienen un papel central en la decisión.

¿Pero cómo hemos llegado a tener nuestro sistema actual? ¿Por qué hacen falta representantes que necesitamos elegir?

Los europeos han venido pensándose este problema desde diferentes vertientes y orillas. Grupos de académicos, de comunidades que se reúnen para hablar sobre este tema; un problema que para los franceses por ejemplo viene siendo indagado desde la Revolución francesa. Abbé Sieyes dijo en 1789: “La colaboración, es decir, la participación de los ciudadanos en la ley se puede ejercer de dos maneras. Los ciudadanos le pueden dar su confianza a uno de ellos, esto es la representación. La otra manera de ejercer se derecho sobre la creación de la ley es mediante su participación directa al crearlas. Esta participación directa es lo que caracteriza a la verdadera democracia. Mediante la participación indirecta se designa al representante del gobierno. La diferencia entre ambos sistemas es enorme. Francia no es y no puede ser una democracia. El pueblo en un país que no es democracia, no puede hablar, no puede actuar más que mediante sus representantes.” Lo que se quiere con un sistema que implique al azar, es que sea un sistema abierto, y que los políticos no se profesionalicen convirtiéndose en una clase cerrada y trasmitida por herencia. No es que este sistema sea perfecto, el sistema por azar tiene vacío, pero es hora de hacer un cambio pues ya sabemos que la actual democracia por elección no nos ha traído sino miseria para la gran mayoría de la humanidad. Pero el azar promueve más y mejor la búsqueda del interés general que la profesionalización de la política que siempre buscará el interés particular por su índole individualista y revanchista.

Pero falta mucho camino que recorrer en nuestra actual coyuntura política, en Colombia, para que siquiera se dé un debate de gran envergadura que promueva un sistema más eficiente y participativo deben pasar muchos años y participación ciudadana en la consolidación de una mejor Nación.

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