La Calle

 

La

 

En el año 2000 trabajé en una Institución de resocialización, atendiendo principalmente habitantes de calle, personas que vivían en la calle. Desde entonces no he podido dejar de cruzarme con ellos en distintos momentos y lugares de mi vida. En Colombia, en sus diversas ciudades, en La Habana, en Lyon, en París. En todos esos lugares he tenido la oportunidad de compartir con ellos. Los los llaman en Francia, la patria de la liberté. En La Habana los llaman reambulantes o buzos. En Colombia los denominan desechables, indigentes o en el mejor de los casos habitantes de calle.

 

Hasta hace poco menos de un año se hizo una intervención en el lugar donde viven la mayor cantidad de estos individuos en Colombia. Individuos que por lo demás mueven una cantidad importantísima de dinero diariamente. Se habla de us$40 mil. Intervención que fue mal planeada y ejecutada, hoy tienen en vilo a la sociedad bogotana y a otras tantas del país, pues muchos de esos habitantes de calle sacados del Bronx han ido a parar a otras capitales. Un drama que no podía ser atacado con metralla y bota negra, o al menos no solo con eso, sino con mucha intervención social.

 

Pero eso es lo que hacen nuestros gobernantes de turno, con tal de ganar popularidad ejecutan políticas sin planeación, control y mucho menos proyección, y eso fue lo que hizo el señor  Enrique Peñaloza, un tecnócrata con títulos falsos y muchos interese económicos detrás, pero eso es harina de otro costal, hoy vamos a hablar del drama humano y plantear una serie de preguntas que he venido masticando hace ya tres lustros, preguntas para las cuales no hay en su mayoría respuesta.

 

La primera de esas preguntas es: ¿por qué termina una persona habitando la calle?, ¿qué lo lleva a dejar hogar, familia, amigos, trabajo, estudio y todo lo que con lleva vivir en la calle? Seguramente no hay una única causa, para que pase esto, para que alguien decida mandar todo a la mierda e irse a la calle, donde por lo demás también hay normas y quizá más duras que las que encuentras en establishment. En la calle hay caciques e indios, y eso lo sabes desde que echas la primera mirada. Decir que la droga es el demonio que te arrastra a la calle es minimizar el problema. No todos los adictos o farmacodependientes terminan viviendo en las calles, ni todos los habitantes de calle son adictos. Hay muchos adictos funcionales, adictos al alcohol funcionales hay millones. Entonces la calle debe tener otro componente o componentes que hace que una persona termine habitándola.

 

La observación me ha dicho que las personas que más habitan la calle, tanto cualitativa como cuantitativamente, son las personas de escasos recursos, es decir, aquellas que por su nivel social, cultural, educacional y emocional devengan menos dinero. Con esto quiero decir, que las personas más vulnerables para terminar habitando la calle son los pobres, claro que hay habitantes de calle de clase media, pero su proporción es más baja, entre más dinero posea una persona o su familia, es más difícil que termine viviendo calle. Los habitantes de calle en gran proporción son personas sin estudio, personas que por alguna razón no se adaptaron a las leyes que dictan la sociedad o un grupo determinado. He hablado con centenas de ellos, y muchos coinciden que no serían felices viviendo en un hogar común y corriente. En su mayoría son adictos a alguna sustancia, ya sea sacol o bazuco, marihuana o alcohol, pero adictos. No miden la realidad con el mismo código moral que el grueso de la población, se parecen mucho a los políticos que ante cualquier descuido de los controles supremos los violan y transgreden. Roban, atracan, matan e invaden propiedades y territorio que no les pertenecen, aunque no quisiera ofender a los habitantes de calle comparándolos con los políticos.

 

Últimamente me he dado a la tarea de gravar las conversaciones que sostengo con ellos, y esto me da la oportunidad de escuchar nuevamente lo que dicen, y hay un denominador común: han ‘pagado cana’ como dicen ellos, es decir han estado en la cárcel, tanto hombres como mujeres, pues como dije anteriormente si se les da la oportunidad roban o matan, y no me arriesgo a decir que sea por asegurar la subsistencia. De lo que sí estoy convencido es que son más rebeldes e iconoclastas que muchos artistas que andan por ahí pregonando voz en cuello que ellos son revolución.

 

Sin embargo podemos dar una lista, bastante larga de artistas que terminaron habitando la calle, y creo que el más grande de todos fue Edgar Allan Poe. Otro más cercano en el espacio, en nuestro espacio, es el señor poeta del palo de mango Raúl Gómez Jattin. Terminó como el eterno habitante de calle, hasta que lo mató un bus en plena avenida cartagenera.

 

Decir que los pobres son más propensos a terminar habitando la calle es una perogrullada, sin embargo, lo que quiero con esta afirmación son dos cosas: primero desmentir  ese lugar común que grita que en la calle hay mucho doctor e hijos de ‘buena familia’, y sí, hay tal cual doctor habitando la calle, pero el grueso de la población de calle es o son personas de muy bajos recursos económicos. Y segundo, que se desprende de lo primero, que hay que prestar una seria atención a los estratos uno y dos, pues planteando buena educación podríamos disminuir la población de calle.

 

Como dije arriba, la adicción a las drogas no lleva a todos a la calle, hay adictos funcionales y por montones. Todo esto tiene un sustrato y es la educación que recibas; si tienes buena educación, las probabilidades de terminar en la calle se vuelven posibilidades, es decir, se disminuye el riesgo. Y aunque muchos apelan al poder de la familia para estructurar sujeto, para hacer sujetos de cultura, no lo voy  a desbrozar a acá.

 

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