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Lo Real

Lo

 

Por Alexander Quiñones Moncaleano

 

Desde el principio de la filosofía occidental se ha tratado de investigar y demarcar el concepto de realidad, o de Lo Real: a partir de y su mundo de las ideas, pasando por y llegando a con su , donde se escucha aún eco en la frase: todo lo racional es real, que es luego retomada con fuerza por la filosofía francesa contemporánea. En esta última es uno de los principales exponentes del concepto de realidad; sin embargo, es necesario recalcar que es Clement Rosset quien aborda desde diferentes perspectivas dicho problema.

Rosset parte de un análisis literario, neurológico y filosófico, para poder asir el huidizo problema. De esta forma analiza la obra de Malcom Lwory , que el autor escribe y reescribe durante toda su vida: una obra maestra que está compuesta, al igual que la Divina Comedia de Dante, en Infierno, Purgatorio y Cielo; una novela marcada por muchos matices, entre ellos la borrachera, pues es por medio de psicotrópico que el autor pone de relieve Lo Real.

 

El Doctor Manuel Fernández-Galiano, co-traductor y encargado de hacer la introducción a La República de Platón de la editorial Alianza, nos muestra los antecedentes del problema que abordaré en este escrito:

 

“La dialéctica lleva al conocimiento de las ideas o realidades primeras inteligibles, que existen antes de las cosas y separadamente de ellas y por los cuales las cosas son lo que son. Hay una belleza en sí por la que son bellos los objetos bellos; una bondad en sí por la que es bueno cuanto calificamos de tal, un hombre en sí en razón del cual son hombres todos los hombres y hasta una mesa en sí por la que son mesas todos los artefactos a que aplicamos esta designación (…). Con ello, sin embargo, no queda explicado cuál es la relación entre idea y el objeto sensible que da fundamento a su sinonimia. Platón ha hablado de presencia de la idea en el objeto, de participación del objeto en la idea, de imitación de la idea por el objeto.” (Manuel Fernández-Galiano: 44-45).

 

Podemos decir que para Platón la realidad o Lo “Real” era el mundo de las ideas o la idea, y como dice el filósofo : Toda la filosofía occidental es una serie de notas a pie de página de la filosofía platónica. Es en este punto donde inicia mi investigación para llegar a lo expuesto por el señor Clement Roset y su planteamiento por Lo Real. Cabe recalcar que no han sido pocos los autores que se han encargado de este problema; entre los más destacados podemos citar a Aristóteles, Hegel y Lacan. Para esta investigación tendré bien presente el pensamiento de Lacan a este respecto, pues es de esta fuente que bebe Clement Rosset para definir Lo Real.

Antecedentes filosóficos del concepto Lo Real

 

Cuando queremos abordar un tema lo primero que quisiéramos hacer es hallar rastros posibles de la pregunta que vamos a tratar, esto quiere decir en mi caso particular, encontrar filósofos que ya hayan hablado del tema aunque de manera diferente. Por ello comenzaré diciendo quiénes me pueden brindar sustento filosófico al respecto del problema que me ocupa. Entre los que mencionaré están el filósofo griego Platón, el alemán Hegel y dos autores franceses muy bien conocidos: y Lacan. Después de recorrer rápidamente este camino, trazaré la mirada de Clement Rosset sobre el concepto, para abordar el problema anunciado: ¿qué es Lo Real para Clement Rosset?

 

Partimos de Platón porque este filósofo enciende la llama del asunto, pues no hay filósofo con un sistema o sin él que no lo haya leído e interpretado, y trabajado desde su negación o afirmación. Platón es la base de la filosofía occidental contemporánea, sin él la filosofía quizás no sería la misma. Trazó los problemas fundamentales a recorrer por la filosofía en su totalidad. Y crea para nuestro problema un andamiaje teórico muy preciso, aunque Rosset se aleje de cierta manera por lo propuesto por él. Lo Real para Platón era divergente.

 

 

Para hablar de Lo Real en Platón debemos primero tener claro una de sus principales doctrinas o desarrollos doctrinales principales. La Teoría de las Formas o de las Ideas. Teoría que ha vertido un casi infinito mar de tintas desde muchas posiciones y variantes. Llevamos veinticinco siglos aproximadamente explorando e interpretando esta teoría y sigue dando para una mirada cada vez más etérea.

 

Afirmo que la Teoría de las Ideas es divergente porque separa de alguna manera el mundo sensible del mundo no sensible, es decir el mundo corpóreo o físico del mundo de las ideas o de las formas. Y solo uno y únicamente uno tiene “validez” para el filósofo griego: el de las ideas. Es, entonces, divergente, en cuanto el uno se opone al otro y esto tiene mil implicaciones filosóficas, puesto que determina la ἐπιστήμη y la manera como el hombre se enfrenta al mundo. El mundo físico para Platón es apariencia y corrupción y por lo tanto no confiable. Y de otro lado, Lo Real es para Platón lo cognitivamente fiable, solo a partir de las ideas o las formas el hombre puede acercarse a lo real, pues para Platón únicamente así puede el hombre entender lo real de una manera cognitivamente fiable, como diría Gregory Vlastos.

En contraste con lo corpóreo, las ideas no son corruptibles, ni mucho menos inestables; acá el cambio se da de una manera “correcta”, en el mundo físico ese modo de conocer claro y preciso no se da de manera alguna como se da en el mundo de las formas o de las ideas y es así como podríamos decir que “Notó muy bien Platón que nuestra facultad cognoscitiva siente una necesidad mucho más alta que la de deletrear meros fenómenos según una unidad sintética para poder leerlos como experiencia, y que nuestra razón (Vernunft) se eleva naturalmente a conocimientos tales que van demasiado lejos como para que objeto alguno de la experiencia pueda jamás adecuarse a ellos; conceptos que, sin embargo, tienen su realidad y no son en manera alguna simples quimeras.”

 

Aunque hay que decir también que para Platón esta teoría tiene grados o matices que podemos aceptar o no, y que se va desarrollando en toda su obra. τὸ ὄν y ontos han designado la ontología o metafísica occidental; de esta manera Platón ha designado lo real  y solo se puede acceder a lo real en las formas, en las ideas, todo lo que no esté allí, es aparente. Siendo esto así, habría que decir con Richard J. Ketchum que hay que los grados o matices los podemos ir difuminando con una lectura tranquila y desapasionada de Platón. En el libro Plato on Real Being, Richard J. Ketchum quiere demostrar que no hay tales grados, y esto conlleva a aceptar de una manera muy diferente la postulación platónica tanto de lo real como de la teoría de las ideas: “I believe that the degrees of reality doctrine can be made out to be plausible, inteligible theory without a tributing to Plato some special sense of the words “real” and “really”. I will try to show that the doctrine is a consequence of some plausible, though controversial, doctrines which Plato undoubtedly held. By reducing the degrees of reality doctrine to theories which are far less counterintuitive than it, I hope to remove, to some degree, the air of paradox.”

 

Con respecto a los grados o matices en la teoría de las formas, hay autores que comparten esta posición, entre ellos Harold Cherniss, para quien en dicha teoría se encuentran por los menos dos versiones: una que es superficial está dirigida al gran público y otra profunda y esotérica dirigida a un pequeño grupo de estudiosos que a través del tiempo y la disciplina logran acceder a ella. El método platónico de acceder al conocimiento tiene niveles, cosa que por cierto no entendió Aristóteles. Niveles que se van superando con el tiempo, y otros menesteres. Para Cherniss la inscripción que hay en el frontispicio de la Academia es una prueba velada de ello: que no entre aquí aquel que no sabe matemáticas; no por las matemáticas en sí, sino por su método, método que solo se perfecciona con el tiempo, es decir la matemática requiere tiempo para aprehenderla, requiere disciplina y solo pasando muchas horas al día de trabajo con problemas matemáticos se logra entrenar la mente para lo verdaderamente importante que viene después; solo pasando por el tamiz del tiempo se logra acceder  al siguiente nivel, para decirlo de otra manera. La filosofía requiere de una mente madura, disciplinada y clara para enfrentar lo real. Parecería que esta teoría tuviera cierto fundamento neurológico, pues es sabido y reconocido por diferentes autores y disciplinas que el conocimiento requiere un maduro; solo hasta la edad de los seis o siete años los procesos de mielinización han terminado para poder tener la motricidad-capacidad que es la que nos permite entre otras cosas, coger adecuadamente el lápiz. Para cerrar la puntualización platónica acerca de lo real podemos decir que lo real y el mundo de la ideas o de las formas están íntimamente unidos en Platón, la una incluye a lo otro y que esta teoría puede ser el inicio de todo lo dicho después sobre el concepto.

 

Ahora pasamos a otro autor que ha escrito sobre este concepto al que le ha dado mucha importancia, casi se podría decir que es uno de los ejes principales de su filosofía. Se trata de Hegel. Este alemán del siglo XVIII, expone que lo real se funda en la razón. Razón y realidad son un binomio inseparable, pues la una funda a la otra y viceversa. A Hegel se le ha hecho mucho eco en lo referente a la realidad, a lo real. Y esto lo ha hecho de manera especial el psicoanálisis. Hegel, al igual que muchos otros filósofos ven en la realidad un ente por sí mismo, así como lo hacía Spinoza cuando decía que entre más real era una entidad más atributos poseía. Sin embargo, parafraseando al Charles Taylor, lo que quiere de alguna manera la filosofía hegeliana es encarar con total severidad la realidad, pero siempre desde el yo, es decir de entender las categorías del yo. Y pues siendo Hegel el que equipara razón con realidad, siendo la “base” por decirlo de algún modo, de los franceses contemporáneos, en este caso específico de los psicoanalistas, es por eso que lo traigo acá  y lo justifico en el escrito,  pues “Con la Idea de Hegel culmina el largo y laborioso proceso del pensamiento occidental por constituir una metafísica científica o racional; metafísica cuyo tema principal y término que se diría que no puede trasponer es la “forma inteligible”, como principio explicativo último y esencia de la realidad. Con monotonía que no carece de grandeza, diríase que ese tema necesitó siglos para modificarse sólo en matices. Es así como lo vemos cambiar, repitiéndose, desde el vago “Nous” de Anaxágoras (pasando sucesivamente por la “idea” platónica, la “forma” aristotélica, las in mente divina ideas de la Escolástica, la ruda pariente de todas ellas: la “ley” natural) hasta la Idea de Hegel. En lo fundamental, es una elaboración del pensamiento griego, Así como en el arte (tecne) una concepción o idea inmaterial del artesano o el artista se imprime como forma en una materia, y la obra que resulte será lo que la haga ser la idea o forma que en ella resplandece, del mismo modo, todo cuanto hay en la realidad es lo que es por una “idea” o “forma” que hace ser a la cosa lo que es; idea o forma que funciona como el molde o modelo permanente, como “lo uno en lo múltiple” y mudable. Ese mundo de ideas o de formas no se muestra a los sentidos, sino sólo a la ratio, y para que la razón humana pueda conocerlas, aquellas formas deben tener afinidad de naturaleza con ella. Lo que la razón conoce tiene que ser racional en sí; las formas constitutivas del ser de las cosas deben ser “formas inteligibles”. Es por eso que el “concepto”, tanto en Aristóteles como en Hegel, tiene a la vez sentido lógico y ontológico. Tal fuente o raíz de las formas inteligibles se pone mayormente de manifiesto cuando se las concibe, no ya como ideas en sí subsistentes, sino como ideas del espíritu divino y creador. Si se tiene presente todo esto, se comprende también que sea entrañable a la metafísica de las “formas inteligibles” la tendencia (por mucho que haya estado reprimida por lo general) a reconocer la naturaleza ideal o racional de la realidad, es decir, en definitiva, la tendencia al idealismo absoluto.” (Se encuentra en http://www.angelvassallo.com.ar/Libros/Retablo/RF8.html?libro=RF&secc=8)

 

 

 

 

En última instancia lo que quiere Hegel describir de la realidad es su relación con el sujeto y Charles Taylor nos lo dice de la siguiente manera: “Lo que hace posible esta victoria final de la claridad conceptual es, por supuesto, la ontología de Hegel, la tesis de que en última instancia descubrimos que en la base de todo está la Idea, la necesidad conceptual misma. El pensamiento conceptual no está intentando presentar una realidad cuyos fundamentos nunca puedan ser definitivamente identificados, tampoco es el pensamiento de un sujeto cuyos instintos más profundos, ansias y aspiraciones nunca puedan ser completamente descifrados. Por el contrario, en la raíz de la realidad, así como en las profundidades de él mismo, el sujeto últimamente encuentra necesidad conceptual clara.” (Hegel; Charles Taylor; 2010; pág. 497).

 

Como dijimos al inicio de esta labor, lo anterior eran los antecedentes conceptuales y filosóficos del problema de la real, antecedentes que ayudan a acercarse al problema gradiente. Y por medio de este camino recorrido podemos empezar a encarar el problema en sí.

 

Como ya hemos dicho la academia francesa del siglo XX desde los años cincuenta se ha preocupado por la realidad, por lo real. Con Freud se inicia esta investigación. Los franceses toman como punto de partida a Freud y su desarrollo de la teoría psicoanalítica, y a partir de allí elaboran todo un andamiaje teórico. Lacan lee y reinterpreta a Freud. Lee su famoso caso de Hombres de los lobos, El Hombre de las ratas, y el caso Dora, entre otros, y empieza a caracterizar los pormenores de lo real. En su libro Lo Simbólico, Lo Imaginario y Lo Real Lacan hace una descripción apremiante de este concepto y lo relaciona con otros dos que son muy importantes en el desarrollo de la teoría psicoanalista. Y dice que hay que retornar a los textos freudianos con más profundidad. Y lo que hará en este trabajo es: “una idea cada vez más certera de que no hay dimensión más total de la realidad humana que la realizada por la experiencia freudiana y que no podemos dejar de retornar a las fuentes y estudiar otros textos en todos los sentidos de la palabra. De modo que, en resumen, haré incidentalmente una breve alusión, pero trataré sobre todo simplemente de decir algunas palabras sobre el planteamiento de un tal problema; sobre lo que quiere decir la confrontación de estos tres registros que son los registros esenciales de la realidad humana, registros muy distintos y que se llaman: lo simbólico, lo imaginario y lo real.”  Para Lacan estos tres registros fundan y establecen la realidad humana, esto quiere decir en últimas que es a través de estos tres “registros” como se estructura lo humano en sí. Pero, ¿qué son cada uno de estos tres registros, cómo se definen y se construyen y delimitan éstos? Lo abordaré en las siguientes líneas.

 

Lo primero que nos anuncia Lacan en este escrito es lo inasible de lo real. Hay una parte de real en nuestros sujetos que precisamente se nos escapa. Y esto se evidencia en el análisis, es decir, en la terapia. Es ahí donde el terapeuta se percata del asunto. El teórico lo ve y el terapeuta lo siente. Aunque en reiteradas situaciones la práctica y la teoría van unidas. Sobre manera en el psicoanálisis. Pero para que el sujeto sea sujeto, debe haber tres registros, que se componen el uno en el otro, y se montan como una serie de nudos borromeos. Donde lo simbólico, lo imaginario y lo real se superponen: «Este desarrollo -escribe Lacan en 1949- es vivido como una dialéctica temporal que proyecta decididamente en historia la formación del individuo: el estadio del espejo es un drama cuyo empuje interno se precipita de la insuficiencia a la anticipación y que, para el sujeto presa de la ilusión de la identificación espacial, maquina las fantasías que se sucederán desde una imagen fragmentada del cuerpo hasta una forma que llamaremos ortopédica de su totalidad.» Sin embargo, el grado de lo imaginario sólo será y se verá en el interior de tres artilugios de ideas que buscan equilibrar el sujeto y el objeto en las dimensiones de lo imaginario, lo simbólico y lo real, comprometiendo los procesos característicos de la negatividad en su acepción psicoanalítica: frustración, privación, castración. En los desarrollos del seminario de 1956, en el vínculo objetual, se dirá que hay frustración imaginaria de un objeto real, privación real de un objeto simbólico, castración simbólica de un objeto imaginario. Eso en cuanto al registro de lo imaginario, ahora vamos con el siguiente nudo: lo simbólico.

Cada uno de estos dominios se constituyó efectivamente como categoría en cuanto encontró su fundamento en la estructura originaria del aparato psíquico: lo imaginario, en la organización del estadio del espejo-, lo simbólico, en la cadena significante; lo real, en la imposibilidad (lógica) de la relación sexual. Lo simbólico en la serie de nudos borromeos es el de la mitad, estad entre lo imaginario y lo real. Así las cosas, es como si fuera el amarre entre uno y otro. Como lo aclara Lacan lo imaginario está implicado en lo sexual, lo simbólico en lo significante, el valor socializante lo denomina Lacan en Lo Simbólico, Lo Imaginario y Lo Real. En este escrito cobran importancia lo imaginario o lo simbólico en tanto se anudan y dan piso a lo real, pues solo así, y únicamente así, podemos tener lo real.

Entonces lo real se manifiesta de alguna manera y ha venido siendo investigado en la secuencia histórica de la filosofía occidental, y no podemos hablar de la filosofía oriental, puesto que no tenemos suficientes datos al respecto. Y la ciencia dura, la física han dicho lo suyo al respecto. Pero acá lo que en verdad vamos a tratar es el concepto de lo real en la filosofía francesa desde el psicoanálisis, con un autor de referente, acotando otros, como Lacan y Deleuze, como quedó mencionado al inicio del texto. Para Lacan lo real se funda en esos nudos borromeos, que entrelazan los unos con los otros y sin que puedan darse los unos en los otros. Es decir para que lo real sea posible o manifiesto hay primero que estar sujeto al momento de lo imaginario, a ese registro primordial y luego dar paso a lo simbólico, para así anudar lo real. Lo real está unido para Lacan en algún momento de su obra al deseo, al deseo  visto como carencia, al deseo negativo.

Este planteamiento se diferencia del de Deleuze que encuentra en el deseo la máxima expresión de positividad: el deseo solo desea deseo, se vasta a sí mismo, es inmanente desde donde se le mire. Para Deleuze lo real se le debe ver desde otra perspectiva, pues la perspectiva corrientemente utilizada viene “mal”, según él, desde Paltón y que ya Nietzsche quiso darle un vuelco, con su famosa “inversión del platonismo”. Así emprende también Deleuze como tarea suya propia la de Nietzsche y ve en esta inversión el camino para demarcar lo real entre los límites de la verdad.

Para la doctora Asunción Martínez Mellado “si existe una fórmula que defina de forma certera el proyecto deleuziano, ésta es: la inversión del platonismo. Con ella Deleuze ha asumido, como propio, el desafío nietzscheano: <

Deleuze, con toda su filosofía, con su pensamiento –que expone en sus libros Diferencia y repetición y Lógica del sentido, por ejemplo– manifiesta que no abandonará nunca su apuesta por la filosofía como reflexión original y viva capaz de pensar lo Real

 

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