La ideología es más importante que los hechos   

Por: José Marulanda

En marzo de 2017, Ted Koppel, veterano comunicador británico, famoso en los años ochenta y noventa en los Estados Unidos por sus trabajos , dijo ante un auditorio que escuchaba uno de sus últimos reportajes, esta frase: “Hoy por hoy, hay personas determinadas a creer que la es más que los ”. Esta realidad es innegable y toma fuerza entre los ciudadanos, especialmente los que tienen acceso a las redes sociales, que en mi opinión tienen las siguientes características.

No importa el contexto

Si en la dispersión rutinaria de revisar el Facebook, un ciudadano afín a posturas de izquierda o socialdemócrata se encuentra un artículo de hace más de un año que habla de la captura de un integrante del uribista Centro Democrático, lo postea en su muro, sin sentir la responsabilidad de explicar la fecha en que fue publicado, el contexto del artículo ni como se desarrolló el hecho.

Es más importante creer que saber

Pareciera que los colombianos que simpatizan con las ideas del senador Álvaro Uribe Vélez creyeran ciegamente que el ex-gobernador es un hombre incapaz de cometer un delito, o de ser cómplice de un acto criminal. A pesar de las pruebas que se revelen, de los indicios que aparecen en las columnas de opinión o reportajes profundos sobre el político antioqueño, importa más la ideología que los hechos. Por eso ante cada nueva denuncia responden #CreoenUribe.

De allí que se difunda la idea de que cualquier investigación que se haga contra el hoy parlamentario es un montaje orquestado por la Farc, por sus opositores afines a este partido político, o incluso por los difusores de la particularmente famosa construcción política el “castrochavismo”

“Así me llegó”, “Sólo comparto”

Al considerar que la ideología es más importante que los hechos, se le abre paso a la falta de rigurosidad a la hora de informar, se le va dando rienda suelta a información que llega en las cadenas de WhatsApp o Facebook, en cuentas reales o inventadas, y que se difunden sin ninguna consideración ética y profesional. Cuando se cuestiona el origen de la información, su veracidad y el contexto en el que ocurrió, las respuestas son de diversos matices, pero todas comparten un criterio común que no se confiesa: se difunde porque coincide con los criterios políticos, creencias religiosas o valores morales del promotor.

¿Cómo se disfraza esta posición? Con las populares frases “así me llegó”, “sólo comparto”, “sin confirmar” o “me llegó de otro grupo”.

Con ese criterio también se han difundido imágenes falsas de Álvaro Uribe Vélez sentado con el narcotraficante Pablo Escobar o fotografías de la señora Elvia Cortés, quien murió por un collar bomba colocado en su cuello en el año 2000 por delincuentes comunes y que en redes sociales aparece como un crimen atribuido a las Farc.
Pero como ya está instaurada la creencia de que lo que se difunde en las redes sociales es cierto, de ahí resulta que está comprobado fechacientemente que Álvaro Uribe fue socio de Escobar y que lo ocurrido en Simijaca, Boyacá, fue cometido por la antigua guerrilla; no importan los hechos que sustenten o nieguen estas versiones, es más importante lo que se cree. Incluso hace poco en Cali, se difundió un video de un atraco que no había ocurrido en la capital del Valle, y que varios políticos y periodistas difundieron para criticar al alcalde Maurice Armitage, por la creciente inseguridad que se vive en la ciudad. El robo ocurrió en Cucutá.

Para muchos, este fenómeno tiene varias causas: la crisis de credibilidad de los grandes medios de comunicación, la creciente polarización que vive Colombia, la fuerza que han tomado las redes sociales, el analfabetismo político de la mayoría de ciudadanos. Puede que sea una de ellas o todas a la vez, pero lo que sí sé es que no se soluciona con que cada ciudadano diga “El periodista soy yo”.

no critiques, crea

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