Opinión

Una sociedad cada día más llena de-Presión

Por JACC

Algunos estudios han permitido diferenciar y caracterizar a algunas de estas generaciones; como la generación de los los nacidos entre 1949 – 1968 cuya ambición característica no les permitía dedicar mucho tiempo al ocio

(Photo by Alfredo Sosa/The Christian Science Monitor via Getty Images)

Dicen que cada generación trae sus problemas y presiones sociales, cada una con características propias. La cultura y la tecnología han jugado un rol importante en nuestra y sus efectos dependen de la época en que se creció. Una sociedad que cada vez está más llena de información al alcance de los dedos, ya puede aprender desde fritar un huevo, hasta crear fusión nuclear en casa. Así sucedió con Jackson Oswalt, un niño de 12 años que con ayuda de su padre e internet lograron crear un dispositivo de fusión nuclear, algo que hasta hace poco solo podían hacerlos grandes científicos con herramientas y materiales especiales.

Algunos estudios han permitido diferenciar y caracterizar a algunas de estas generaciones; como la generación de los Baby Boomers los nacidos entre 1949 – 1968 cuya ambición característica no les permitía dedicar mucho tiempo al ocio; el trabajo estable y adictivo era su estilo de vida, sin importar si lo que hacían los hacia felices, solo amaban vivir cómodamente con sus numerosas y tradicionales familias. Sus primeras luchas por las desigualdades, por los derechos de las mujeres, de los afrodecendientes y de los homosexuales fueron el incentivo para que la siguiente generación, la Generación “X”, los nacidos entre 1969 – 1980 o “Generación Perdida”, llegaran a querer romper con las costumbres de sus padres.

Se dice que esta generación fue de irrespeto completo a las normas, como el tener sexo antes del matrimonio, el consumo de drogas, un poco de anarquía y los primeros síntomas de lo que llamamos depresión. Aunque su obsesión por el trabajo y el éxito fue una de sus características principales, supieron tener equilibro entre la vida social, el trabajo y la familia. Vivieron el nacimiento de los equipos electrónicos, el internet y los cambios sociales que esta nueva tecnología trajo consigo, esta generación hace parte de esa clase media conformista que no quiere perder sus privilegios por miedo a innovar o experimentar, como si fuera una imagen proyectada de lo que tanto criticaban, hoy son los que se oponen al cambio, un cambio que exige la siguiente generación, la Generación “Y”.

Los que nacieron entre 1981 – 1993 son los que llamamos Millenials, la generación más criticada y una de las más estudiadas en la actualidad. Esta generación de los primeros inconformes, de los flojos, de los innovadores e idealistas que quieren cambiar el mundo con la tecnología ya que ésta hace parte de su estilo de vida, ha crecido con las herramientas tecnológicas que les ha permitido globalizarse adquiriendo conocimiento y costumbres sociales de diferentes culturas; viajar se convirtió en una de sus mayores pasiones aunque esto no le permita independizarse de la casa de sus padres ya que tener un trabajo estable es uno de sus mayores retos, no son “workaholic” y odian que les impongan reglas sin sentido pues su incredulidad los hace cuestionar todo, esto ha obligado a muchas empresas a crear políticas de fidelización laboral ya que la democratización del acceso a las oportunidades les permite sobresalir con su talento, ya no importa quiénes son sus padres o de qué círculo social provienen. Aprendieron a buscan nuevas salidas profesionales, son más creativos y se adaptan más fácilmente a nuevos entornos o profesiones. La crítica es la fuerza que les permite avanzar y no quedarse anclados, son egocéntricos pero al mismo tiempo solidarios, tienen un mayor compromiso social y ambiental, que los impulsa a pelear más por los derechos de las minorías. Son una generación más tolerante, con más e mpatía por los animales, muchos crecieron con mascotas y escuchando sobre el calentamiento global, la conciencia por su entorno y el cuidado de su salud es mayor que la de sus predecesores, se preocupan alimentarse sanamente, por estar en forma y tener un ambiente sano para desarrollar sus hobbies. La ansiedad junto con la frustración e inseguridad son su mayor debilidad llevándolos a sufrir con mayor frecuencia de estrés y depresión.

La Generación “Z”, los nacidos entre 1994 – 2010, es una generación nativa digital, con un coeficiente intelectual mayor que las generaciones anteriores según estudio de la Universidad de Stanford. Son autodidactas, creativos, prácticos, multitask y están más preparados que sus antecesores, ya que desde muy temprana edad viven sobre-informados. Usan redes que sus padres no, la tecnología les es totalmente familiar, tanto que pasan más tiempo del recomendado frente algún dispositivo tecnológico; ya es imposible para ellos el vivir en un mundo sin Internet, prefieren hacer las compras virtualmente lo que, entre otras, ha desencadenado el cierre de algunos centros comerciales en Estados Unidos. Su éxito se mide en cantidad de seguidores: likes o esa aceptación “virtual” de la que se está dependiendo. Sus relaciones cada día se vuelven más virtuales, se dejan influir más fácilmente por los que llamamos influenciadores que por las mismas marcas o empresas, su espíritu emprendedor desde muy jóvenes los hace querer comenzar su propio negocio, la inmediatez es uno de sus rasgos, siempre quieren más y más rápido preocupándose más por el futuro, lo que los lleva a ser más realistas y autosuficientes, buscan obtener éxito personal a diferencia de los Millenials que buscan ser tomados en cuenta y sobresalir.

La mayoría aún no están activos laboralmente, pero se preocupan por encontrar su vocación laboral y los que ya están activos buscan trabajos con flexibilidad horaria o que puedan realizar desde casa, dándole prioridad a sus necesidades personales. Están gestando profesiones que aún desconocemos gracias a la tecnología, tienen su propio vocabulario en el que usan más los emoticones que las palabras. Su mente y sexualidad son más abiertas; según un estudio realizado por Ipsos MORI solo el 66% de los jóvenes con edades entre 16 y 22 años se identifican como heterosexuales, algo menor que los estudios arrojados en su momento con los millenials con un 71% o los X con un 85%. También son de mente altruista que refuerza su activismo social: la cantidad de voluntarios va en aumento y su conciencia ambiental es mucho más clara, pues ellos sì crecieron con el concepto preciso de calentamiento global y sus consecuencias a futuro. Su consumo es más exigente con relación al cuidado del medio ambiente, exigen saber el proceso paso a paso de fabricación, comparten activamente información y opiniones con personas de otros países, la globalización cultural aumentó su “utópica” visión de un mundo más sostenible e igualitario, al final serán ellos quienes sufran las consecuencias de las malas decisiones de las generaciones anteriores y al mismo tiempo serán los responsables de cambiar muchas de nuestras malas costumbres para dejarle un mejor planeta a las futuras generaciones.

Pronto ellos serán quienes quieran tomar el control de nuestra sociedad, una sociedad que cada día está más llena de presión, de malas noticias, de violencia, de sobre-información, de guerras sin sentido, de frustración, de miedos, de afanes. Vivimos en un frenesí contante de actividades que generan ansiedad y presión sicológica como puede ser el simple hecho de salir a cumplir con sus responsabilidades diarias. No vivimos en medio de leones, ni tenemos que cruzar ríos infestados de pirañas para llegar a nuestro destino, ya nuestro enemigo no es la naturaleza: somos nosotros mismos y la sociedad que hemos construido basada en obtener sin importar el costo.

La ansiedad y la depresión según la OMS se han convertido en un problema de salud pública en el mundo ya que cualquier persona puede padecerlas sin importar su edad, su clase social, su raza o género, cualquier golpe emocional fuerte puede desencadenarlas, como la pérdida de un ser amado o en algunos casos por la presión social que nosotros mismos ejercemos como el bullying. Antes de querer tener una perspectiva científica de lo que puede causar este fenómeno, hablemos un poco de la presión social en la que vivimos y de cómo nosotros la empeoramos con nuestras malas costumbres o nuestra falta de empatía.

Si nos ponemos en el los zapatos de un bogotano promedio, el que diariamente tiene que sobrevivir con mucho esfuerzo, en un país donde la cultura mafiosa permeó toda nuestra sociedad y la falta de oportunidades es evidente: aquí pareciera que delinquir paga y es literal, vender empanadas en la calle se convirtió en un delito peor que regalar recursos del estado a grandes empresarios de otros países. Ese bogotano promedio tiene que usar diariamente un sistema de transporte pésimo y costoso, donde el usuario no es la prioridad, pues la prioridad es meter más ganado en menos buses y así tener más ceros en los estados financieros al final del año; no se puede perder ese incentivo por aumentar la utilidad de la empresa que administran. Además, se demora entre 2 y 3 horas diarias de trayectos de la casa al trabajo y del trabajo a la casa en un medio de transporte donde estar bajo presión es la consigna: después de estar adentro solo los ladrones se saben o pueden moverse a su antojo, los usuarios ni los notan, a duras penas se puede pensar o respirar en medio de tanta gente. Durante todo el recorrido en estado de alerta y pánico, tratando de estar pendiente para evitar los robos, las caídas, los acosos que “le ocurren a las mujeres generalmente”, también hay que tratar de no pasar como acosador y definir cómo carajos va a salir cuando llegue al destino. Llegar al trabajo o la casa se convierte en una odisea a la que solo le faltan un par de zombies queriendo devorar al personaje para convertirse en una historia digna de la serie The walking dead.

Pero justamente como todos vamos quizás en la misma tragedia, es que resulta tan importante la empatía. La próxima vez que realicen algún recorrido en Transmilenio o medios de transporte similares, recuerden que nosotros mismos podemos hacernos el viaje más ameno con el simple hecho de dejar salir antes de entrar, hacer fila, ceder la silla a personas que la necesiten, pagar el pasaje, no empujar, ni pelear por un puesto, al final todos salimos cansados del trabajo con ganas de llegar rápido a la casa y eso no es diferente para ninguno de nosotros. Hagámonos la vida un poquito más amable, cuidémonos las espaldas, si queremos que esto cambie nos toca comenzar por nosotros mismos.

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