Una revolución necesaria

BOGOTA, COLOMBIA - OCTOBER 02: 'No' supporters celebrate following their victory in the referendum on a peace accord to end the 52-year-old guerrilla war between the FARC and the state on October 2, 2016 in Bogota, Colombia. The guerrilla war is the longest-running armed conflict in the Americas and has left 220,000 dead. The plan called for a disarmament and re-integration of most of the estimated 7,000 FARC fighters. Colombians have voted to reject the peace deal in a very close vote. (Photo by Mario Tama/Getty Images)

Por André Arellano Báez  Profesional en Gobierno y Relaciones Internacionales

El Estado colombiano ya no representa a su pueblo. Ha llegado a un extremo inconcebible su condición de ente al servicio de la oligarquía

BOGOTA, COLOMBIA – OCTOBER 02: ‘No’ supporters celebrate following their victory in the referendum on a peace accord to end the 52-year-old guerrilla war between the FARC and the state on October 2, 2016 in Bogota, Colombia. The guerrilla war is the longest-running armed conflict in the Americas and has left 220,000 dead. The plan called for a disarmament and re-integration of most of the estimated 7,000 FARC fighters. Colombians have voted to reject the peace deal in a very close vote. (Photo by Mario Tama/Getty Images)

El Estado colombiano ya no representa a su pueblo. Ha llegado a un extremo inconcebible su condición de ente al servicio de la oligarquía. El último gobierno, con sus inconcebibles decisiones, ha desnudado por completo la verdadera praxis de los miembros del establecimiento: regalar los recursos del país a los grandes capitales, a cambio de una cuenta bancaria y una visa de residente en un país “desarrollado”. Desde el apartamento de Duque en Estados Unidos a la nueva vida de la familia Santos en Inglaterra, los hechos son suficientes indicios para apoyar la hipótesis presentada.

El pueblo colombiano, a pesar de la creencia general, no es uno sumiso. Ha levantado su voz de protesta. Se ha indignado y peleado por sus derechos. Lo inconcebible ha sido la respuesta generada: un genocidio masivo de una envergadura aún impredecible. El problema de hoy no es la inmovilidad; sino el fracaso de los ataques.

Un establecimiento como el colombiano, sanguinario hasta el tope, no se vence con marchas por las calles, o tendencias en redes sociales, ni siquiera con denuncias periodísticas y judiciales de sus prácticas. Tampoco, por la fuerza, simple y llanamente porque su capacidad es mayor.

Peñalosa no cumplió nada de lo dicho en campaña y el establecimiento impidió su revocatoria. Duque hizo fraude electoral e incumplió todas las promesas hechas como candidato. Sufrimos por una corrupción indignante: Hidroituango, Reficar, Odebrecht. Y nada pasa. La realidad es apabullante, y exige una revolución de nuevo tipo. Hoy, se trata de ser más certero, pero más inteligente. Es cierto, no se debe trabajar más duro, sino más astutamente.

Y los estadounidenses nos enseñaros cómo hacerlo: “No representation, No Taxes”. El establecimiento político colombiano se descompondría en un segundo si su pueblo hiciera caso omiso de sus obligaciones tributarias. ¿Por qué ese acto de rebeldía? Porque los políticos ya no trabajan para nosotros, porque usan el poder en su beneficio y en nuestra contra. Por eso, para eso, no pagamos más.

En este momento, en que el actual poder político está cometiendo la peor barbaridad jamás acontecida en nuestra historia: prestar su territorio para una invasión usamericana a Venezuela, un tiro de gracia es imperante. No parece habar uno mejor. Los estadounidenses derrocaron el imperio británico con esa acción; posiblemente podamos evitar una tragedia en nuestro espacio usando sus mismas armas.

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