Una clase de sociología para Vanessa de la Torre


Por Itza Pedreros-Cherbonneau


La forma en que la señora Vanessa de la Torre emplea el concepto de clase, o peor, la aberración conceptual “odio de clases“, es grotesca, pedestre, mediocre, lamentable y vergonzosa. He querido compartir algunas nociones de sociología, que podrían venirle bien a la periodista. Tengo muy claro que  no hablo solo por (ni para) la señora de la Torre.

Ella es un parlante del señor Uribe, auténtico manipulador que deforma, manosea y desdibuja la noción de clase social (y de lucha de clases), con el eterno fin de causar miedo.

Muchas personas suelen emplear ese término con un tufillo marxista porque es, por decirlo de alguna manera, la versión más difundida y manoseada por los odiadores profesionales del comunismo-marxismo. Pero no fue Marx ni el primero ni el único que empleó ese término.

Aristóteles hablaba ya de clases cuando separaba la sociedad griega entre esclavos y hombres libres. En La Política divide a los ciudadanos en pobres, clase media y ricos. Allí mismo Aristóteles establece relaciones entre formas de gobierno y predominio de ciertas clases sociales.

Revolución Francesa

En vísperas de la Revolución Francesa, la percepción de la existencia de clases sociales era bastante aguda. La representación de los tres órdenes sociales se tornó en un elemento bastante claro de la conciencia social. En Babeuf, encontramos una representación muy clara de la lucha de clases como factor determinante de la lucha política en ese período.

Con el surgimiento de la MODERNIDAD, que es un fenómeno social-cultural-económico-político más abarcador y fundamental para la humanidad que el capitalismo, se multiplicaron las interpretaciones sobre la forma en que la sociedad se organiza. Por un lado Saint-Simon veía la sociedad dividida en dos clases: la clase industrial y la clase ociosa. Y Proudhon llegó a la idea de la propiedad como origen de la división de la sociedad en clases; idea que también existía de modo un poco más impreciso en Rousseau. Pero, ¿eran Proudhon y Rousseau comunistas? Ciertamente, no.

¿’Odio de clases’?

Mi interés es encontrar el punto de partida y, sobre todo, indagar acerca de cuál es la utilidad de lo que yo considero una aberración conceptual: la del “odio de clases”. Con el fortalecimiento de la revolución industrial, analistas como Adam Smith (y no Marx, como podría pensar la señora Vanessa de la Torre) teorizaron la organización social a partir de la división de clases.

Y encontraron que esta organización era esencial para entender la dinámica de funcionamiento de lo que llamaron sistemas de producción. Smith en concreto elaboró una clara visión de las clases fundamentales de la sociedad burguesa, basadas en su función económica. Las clases agraria, industrial y asalariada hallaban su origen en las fuentes básicas de la renta: la tierra, el capital y el trabajo. Estos elementos teóricos serían luego retomados por Marx en sus análisis.

Smith cuestionó, aunque de modo diferente a Marx, la desigualdad que surge como resultado de la dinámica capitalista. Ahora bien, para centrarnos en los planteamientos marxistas, es preciso insistir en que sus análisis eran científicos de partida. Si bien siempre tenían una intencionalidad política, mucho más fuerte que en Smith.

Hay quienes asumen una noción de “odio de clases” como una verdad sin siquiera haber leído el manifiesto comunista.  En primer lugar, Marx nunca habló de odio, sino que habló de “lucha” de clases. Puede parecer una tontería, pero no, no es un mero detalle. Es una diferencia teórica enorme. Porque el concepto de “LUCHA” de clases es desarrollado por Marx para explicar CÓMO se producen los cambios de una sociedad a otra.

Los filósofos y el el concepto

Justamente leyendo a Aristóteles, a Platón y a Rousseau, entre otros,  y observando la Revolución Francesa y la Comuna de París, Marx concluye que ha sido esa diferenciación entre seres humanos (por razones de propiedad pero, además, de etnia, origen, etcétera), lo que ha movido los cambios de una sociedad a otra.

Marx encuentra que en el capitalismo esto es diferente, porque para las clases dominantes en otras formas sociales [esclavismo, aristocracia] lo fundamental era conservar el orden social, mientras que el capitalismo está condenado a revolucionar constantemente sus relaciones de producción para poder mantenerse.

Pero quizá lo más paradójico dentro del funcionamiento capitalista, es la contradicción entre las aspiraciones políticas de la Revolución Francesa consagradas en la declaración de derechos, y la forma en que el capitalismo industrial somete a los trabajadores a condiciones de trabajo repugnantes, inhumanas, indignas y en beneficio de otros.

Fue por eso que se rebelaron los obreros en las postrimerías de la acumulación capitalista: porque trabajar por 18 horas sin comida, ventilación ni salarios justos, era INSOPORTABLE. Esta realidad llevó a Marx a pensar que la única forma de cambiar esta injusticia (sustentada, además, en que la acumulación, principio primordial del capitalismo, se hacía a costa de los obreros y favor de los burgueses poseedores de los medios de producción), era un proceso de lucha.

De hecho, que existan derechos laborales de ocho horas de trabajo, de un salario mínimo, de una pensión, e incluso, que periodistas como De la Torre puedan trabajar, ES RESULTADO DE ESAS LUCHAS.

Un invento de los ‘liberfascistas’
Pero, si no fue Marx, ¿quién se inventó esa estupidez de “odio de clases”? ¿De quién fue la brillante idea de suplantar (muy sutilmente pero con una intencionalidad política clara) la palabra LUCHA por la palabra ODIO? Bueno, todos los ojos tienen que volcarse hacia los de siempre: Los liberfascistas de principios del siglo XX.
Maurice Dobb indica en su libro Theories of Value and Distribution Since Adam Smith: Ideology and Economic Theory, que la “formalización matemática” de la economía, sucedida después de 1920 tenía como intención hacer desaparecer los elementos de contenido político (es decir, denuncia de las desigualdades e injusticia) con el fin de elaborar una teoría económica más “limpia”. Y funcional a los avances capitalistas industriales de la época.
Y uno de los conceptos que desapareció, fue el de clase en la noción clásica, así como el de distribución de la riqueza.
Este reemplazo discursivo es altamente útil para los miembros de la burguesía y en general de la clase dominante. El uribismo, amigo eterno de los delirios liberfascistas. Aprovecha estos “olvidos” intencionales para producir su propia deformación discursiva, basándose como siempre en sus elementos favoritos: la simplificación y el miedo.
De ese modo, reemplazando la palabra “lucha”, que hace referencia a la obtención de derechos por parte de los obreros, para poner en su lugar el vocablo “odio”, logran no solo escandalizar a personas de criterio débil como Vanessa de la Torre, sino atraer atención, generar miedo, engañar y manipular. Es así como TODA PROTESTA u OPOSICIÓN a grupos dominantes, es odio de clase.
Desigualdad
Las afirmaciones de la señora De la Torre, que dan la razón a Álvaro Uribe. Están basadas en UNA DISTORSIÓN discursiva generada intencionalmente PARA DESCALIFICAR la intervención en EPM. Independientemente de si el señor Quintero Calle hace bien su trabajo o no (yo sospecho que no lo hace muy bien), la crítica del señor Uribe. Apoyada en esta aberración discursiva no tiene base alguna. Y es una vergüenza y un despropósito que una periodista como Vanessa de la Torre caiga en una simplificación tan absurda. Acudiendo encima a adornos poéticos carentes de total contacto con la realidad.
Es necesario preguntarle a la señora De La Torre: ¿le parece que el compromiso del empresariado paisa con el desarrollo cultural de la ciudad, con el Jardín Botánico, Fest Gabo, Hay Festival Med, Jericó, etcétera, REALMENTE han ayudado a mejorar el índice de desigualdad en la ciudad?.
La periodista en su trino no solo le da la razón a una idea totalmente absurda. Sino que mezcla nociones sin ningún rigor, porque la existencia de clases NO supone una realidad inevitable. Sino que tiene un origen. Probablemente en la acumulación infinita de ese empresariado bucólico que le da unas migajas a la gente que vive en las comunas. Que no deja de empobrecer.
El concepto adecuado para entender esta realidad es el de desigualdad. Y esta realidad no se soluciona con pañitos de agua tibia sino con políticas de FONDO, que a ese empresariado que Uribe y De La Torre alaban tanto, NO LES GUSTA. Más que odio, lo que hay en Medellín es una enorme incomprensión. Fruto de la impiadosa manipulación del señor Uribe sobre la gente de esa ciudad. Y una delincuencia espantosa, resultado justamente de esa desigualdad que la noción de “odio” pretende ocultar.

Tags: #VanessaDeLaTorre, #AlvaroUribe, #KarlMarx, #LuchaDeClases,


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