Opinión

Un gran corral llamado Colombia


elshabbat.com


Bogotá


Por Jacc


Desde siempre llevo preguntándome, cuál es nuestro papel en este planeta, quién nos creó y cuál es nuestro fin. Desde tiempos inmemoriales ha existido esa misma pregunta, ¿quiénes somos y quién nos creó? Buscamos en todo lo que podamos encontrar una respuesta de nuestra mortal existencia, sin entender aun, de que sirve toda una vida si al final nada te llevas? y no sabes qué ocurre realmente después de que mueres. Mientras te haces estas preguntas tienes que adaptarte a la vida y su sociedad, una sociedad a la que no pediste llegar, una sociedad que todos ayudamos a construir.

Dicen que no sobrevive el más fuerte, ni el más inteligente, pero si quien mejor se adapta a su entorno, ahora, miremos ese entorno al que nos toca adaptarnos desde el día que nacemos… Desde el primer día de nacimiento adquirimos una deuda que no es nuestra, aun así la asumimos con conformismo y resignación. Según la revista Dinero cada niño al nacer ya debe en promedio nueve millones setecientos mil pesos ($ 9.700.000) a lo que llamamos la deuda externa, que dejaron los gobernantes que pasaron antes que naciéramos, si señores, nacemos pero en lugar de preocuparnos por jugar, divertirnos y explorar el mundo, debemos preocuparnos por saber cómo pagar la deuda que se adquieren automáticamente al ser registrados como colombianos.

Después de nuestro nacimiento, es muy poco el tiempo que podemos compartir con nuestros padres, ¿por qué? Pues porque los dos ahora tienen que trabajar de sol a sol para que no nos falte la leche y pañales, si habláramos en ese momento creo que preferiríamos a nuestros padres que la leche y los pañales. Al final nos adaptamos a crecer y pasar poco tiempo con ellos, tratando de construir una personalidad independiente mientras estudiamos y aprendemos cómo funciona el mundo enfocándonos en la teoría, perdiendo gran parte de nuestra infancia detrás de escritorios y poca práctica. De acuerdo al diario ABC el 70% de los papás afirma disponer de poco tiempo para jugar con sus hijos y los niños solo pasan un 10% de su tiempo diario en compañía de sus padres.

Llegando a la pubertad empezamos a preocuparnos por cual  carrera estudiar, algo que no es problema, el problema es que nos toca pensar qué estudiar de acuerdo al mercado y a lo que de plata o que le permita a uno no estar desempleado, solo algunas personas logran estudiar por pasión una carrera sin fijarse en el costo de la matrícula y lo rentable que puede ser. En solo estudian los que tiene forma económica o son muy inteligentes, pero generalmente toca trabajar para poder estudiar, llegando a tener jornadas diarias agotadoras, jornadas que a más de uno les hace desistir de su sueño que es estudiar, como lo evidencia Revista Dinero que habla que en el 37% de quienes se matriculan a la universidad no se gradúan o desertan, no sabemos si trabajamos para vivir o vivimos para trabajar, no se nos permite dedicar el tiempo que nos gustaría a algunas cosas muy importantes en la vida, como nuestra propia . 

Ya en la edad adulta volvemos a repetir el ciclo de nuestros padres, correr, trabajar para que a nuestros hijos no les falte comida, educación y techo. Trabajar toda la vida como una mula para poder sobrevivir, para poder un día comprar una casa y llegar a pensionarse para pasar una vejez digna al lado de las personas que ama. Eso es un sueño que casi todos tenemos, pero que solo muy pocos cumplen, un sueño que cada día es más difícil cumplir ya que aumentan las semanas de cotización o la edad de pensión pero no hacen nada para incentivar el trabajo en las personas mayores para que logren pensionarse, y si buscan quitarles lo poco que adquirieron con mucho esfuerzo para que se puedan sostener lo que les queda de vida, “sin nada llegas, sin nada te vas, pero tampoco dejas nada.”

Durante el transcurso de toda la vida nos enseñan de ética, de valores, responsabilidades, derechos y deberes, de la familia, de los amigos, del respeto al estado y hasta de los próceres de la patria. Pero jamás nos explican que para ser exitoso en esta sociedad, toca carecer de todos estos valores, ya que pareciera que la misma sociedad te empuja a cometer errores, errores que pudieron ser prevenibles si tan solo existirá eso que nos enseñaron pero de lo que carecemos, valores y ética. Al final solo somos como unas vacas que desde que nacemos tenemos el importante rol de ser exprimidas toda la vida, de sol a sol sin importar si tenemos la tetas estalladas, si nos separan de nuestros becerros o si dejamos de ser útiles o productivos y nos sacrifican. Quiebran tanto nuestra voluntad que terminamos siendo vacas frustradas y exprimidas por la sociedad que nosotros mismos ayudamos a construir con nuestro silencio y conformidad.

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