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Menores sin refugio: un mundo salvaje, inhóspito y cruel

Valeria aún abrazada a su padre. Valeria bocabajo, aún encajada en la camiseta de Óscar Alberto Martínez Ramírez, en el río Bravo. Valeria muerta en la frontera entre México y Estados Unidos, otra vez en ese quicio simbólico entre el Norte y el Sur, en esos lugares donde unos kilómetros dictaminan la distancia entre la muerte y la vida. La fotografía, la conmoción social—que cada vez dura menos— y la literatura: cómo debieron de ser arrastrados juntos por la corriente, el gesto de su brazo aún rodeando la nuca de su padre. Sí, la historia universal.

El ‘sueño truncado’ de Óscar y Valeria, el padre y la hija ahogados en el río Bravo

El día 3 de abril, Óscar Martínez, su mujer Tania Ávalos y su hija Angie Valeria, de 23 meses, abandonaron su país -El Salvador- sin visado ni maletas, con el objetivo de un futuro en Estados Unidos, lejos de la violencia y la pobreza. Los jóvenes padres -como los otros 200 salvadoreños que dejaron sus hogares ese mismo día- estaban cansados de la miseria y las bandas criminales que aterrorizaban su vecindario.