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Las ciudades fronterizas se convierten en el destino final de los migrantes

El primer restaurante cubano se inauguró en abril y su personal está conformado por diez empleados migrantes que, entre otras cosas, sirven un platillo tradicional de carne de res deshebrada conocido como ropa vieja, con arroz y frijoles. Afuera, en las aceras, los afiches muestran la bandera cubana, un signo de que los recién llegados están comenzando a forjarse una vida aquí, aunque sea difícil, incierta y temporal.

Menores sin refugio: un mundo salvaje, inhóspito y cruel

Valeria aún abrazada a su padre. Valeria bocabajo, aún encajada en la camiseta de Óscar Alberto Martínez Ramírez, en el río Bravo. Valeria muerta en la frontera entre México y Estados Unidos, otra vez en ese quicio simbólico entre el Norte y el Sur, en esos lugares donde unos kilómetros dictaminan la distancia entre la muerte y la vida. La fotografía, la conmoción social—que cada vez dura menos— y la literatura: cómo debieron de ser arrastrados juntos por la corriente, el gesto de su brazo aún rodeando la nuca de su padre. Sí, la historia universal.