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Las ciudades fronterizas se convierten en el destino final de los migrantes

El primer restaurante cubano se inauguró en abril y su personal está conformado por diez empleados migrantes que, entre otras cosas, sirven un platillo tradicional de carne de res deshebrada conocido como ropa vieja, con arroz y frijoles. Afuera, en las aceras, los afiches muestran la bandera cubana, un signo de que los recién llegados están comenzando a forjarse una vida aquí, aunque sea difícil, incierta y temporal.