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Sobre violencia y protesta:


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Bogotá


José Domingo


1. No existe protesta que no violente, porque para que sea comprendida por los demás como necesariamente interrumpe sus rutinas cotidianas. Si no las interrumpe, se comprende como un espectáculo público cualquiera, pero no como . Esa interrupción no es consentida, luego es en cierto sentido “violenta”.

2. En las protestas hay violencia simbólica y violencia física. La marcha en sí misma, con sus arengas, es una metáfora, una escenificación, de una marcha militar. Por lo tanto, es un ejercicio de violencia simbólica. La violencia física muy rara vez está comprendida dentro de los planes de quienes protestan y vale la pena hacer estas anotaciones:

a. Una cosa es violencia contra personas y otra, muy distinta, violencia contra bienes muebles e inmuebles. En rigor, esta segunda forma de violencia es violencia simbólica, puesto que no genera daños en los cuerpos de nadie.

b. Ese tipo de violencia contra bienes genera costos. Pero si por los costos fuera, habría que abstenerse de protestar, pues toda protesta genera unos costos: la interrupción de las rutinas ajenas implica eso: costos sociales, empezando por los múltiples retrazos que implica, por ejemplo, una marcha o un cierre de vías.

c. Todo manual de “manejo de multitudes” con el que operan las fuerzas antimotines incluyendo el ESMAD, emplea la violencia, esa sí física para disolver cualquier tipo de manifestación. Así que cuando se produce violencia en las marchas, generalmente es porque la Policía o las fuerzas de contención la producen.

3. Desde el punto de vista de los manifestantes, la violencia tiene pocos costos cuando hay pocos manifestantes. Por ejemplo, es más fácil poner de acuerdo 4 personas para tirar papas bomba que sacar 10 mil personas a marchar, lo cual aumenta los costos. Además, el uso de la violencia tiene consecuencias negativas, en la medida en que puede ser usada para deslegitimar la protesta. Sin embargo, esto dependerá también de la forma como los propios manifestantes disputen el significado de la violencia. En otras palabras, si los propios manifestantes empiezan por deslegitimar como algo “muy violento” un grafiti o algo por el estilo, brindarán muchas más oportunidades a quienes quieren deslegitimar la protesta diciendo que fue “violenta”.

4. En un contexto, como el colombiano, en donde la protesta es condenada como un acto subversivo, debido a la mentalidad contrainsurgente presente en los medios de comunicación, en los funcionarios y en la sociedad en general, es común que se tache una protesta con algo de violencia como “vandalismo”. Sin embargo, hay diferencias abismales entre protesta y vandalismo. Éste último corresponde a una acción que implique daños en bienes públicos o privados, sin nterrogarse por los fines de dicha acción: alguien puede “vandallizar” un bien ajeno por diversidad de motivos, venganza, “diversión”, etc. La violencia simbólica contra bienes que a veces aparece en las protestas no puede tildarse de “vandalismo”, porque su fin no es privado: por un lado, su fin no es hacer daño a los bienes; por otro, su fin no es hacer daño a los dueños de esos bienes. El fin de la protesta es público y político: posicionar un conjunto de reivindicaciones en la agenda pública y a él se subordinan los brotes de violencia simbólica.

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