Política

El problema de Colombia quizás sea que es una República sin valores 

Por: Fabian Esteban Alvarez Rojas
@festeban111

De la siempre me gustó la idea de que a partir de una triada axiológica simple como ‘, et ’ pudieron desprender todo un proyecto nacional que aunque tuvo derivaciones siniestras como ‘el terror’, mostró su mejor cara cuando planteó la cuestión de la reformulación de la vida cotidiana de los franceses que pasaban de ser siervos a ser ciudadanos.

Los franceses estaban tan convencidos en su momento que inventaron su propio calendario e incluso su propia medida universal de todas las cosas, este último invento aún sobrevive y la historia de su conceptualización y puesta en servicio es verdaderamente fascinante. No obstante, Francia queda lo suficientemente lejos de , y aunque nuestros intelectuales decimonónicos tradujeron la declaración universal de los derechos del hombre y el código civil, perdieron los en el camino.

La Constitución de Rionegro (1863) es célebre por representar en el ideario de la nación colombiana uno de los puntos más altos en la garantía de las libertades individuales. Se trata ante todo de una carta magna cuyo valor supremo es ‘la liberté’ y que aunque tangencialmente evoca también ‘la égalité’ de algunos pocos, y ‘la fraternité’ entre los ciudadanos de los Estados Unidos de Colombia, es un texto liberal.

Está claro que la pobrísima vocación republicana colombiana se perdió en 1886 con su nueva Constitución e imaginarios nacionales que pretendieron crearse alrededor de una familia de símbolos como el himno nacional, la nueva cota de armas y la transición de un régimen federado hacia uno centralista. Eso sin contar con que el poder de la nación dejó de reposar en las manos del constituyente y empezó a emanar directamente de Dios.

Este texto constitucional nos acompañó hasta 1991 y ya sabemos la clase de ciudadanos que formó. No en vano, prácticamente durante la totalidad del siglo XX nos dedicamos a asesinarnos los unos a los otros mientras nuestros vecinos buenamente se apoderaban de nuestro territorio y nuestras fronteras se achicaban.

C1223 , Anonymous. Storming the Bastille (July 14th, 1789). 1789. Oil on canvas, 0.57 x 0.72. Paris, musee Carnavalet. Anonyme , Prise de la Bastille le 14 juillet 1789 ( huile sur toile 0,57 x 0,72 m ) , Paris . Musee Carnavalet

Dejemos el problema de Colombia para más adelante y veamos cómo esos tres valores incidieron en la manera de organizar el Estado en el resto del mundo. Tenemos en el contexto Europeo a tres grandes potencias en la primera postguerra, Inglaterra, la Unión Soviética y, por supuesto, Alemania; y no por casualidad cada una representa a su manera estos valores conjurados por los franceses.

Los ingleses eran en definitiva defensores de la libertad, no tanto de la libertad individual, como de la libertad de mercados, pero aún así, fueron en esta última confrontación de escala planetaria, los representantes del mundo libre, aunque aquí hay que tomar la palabra ‘libre’ con pinzas y entender que es más un atributo filosófico y económico que uno espiritual.

Los soviéticos por supuesto representaban la aspiración de igualdad, y aunque es cierto que de no ser por la revolución rusa que puso a los bolcheviques en el poder y derrocó a la familia Romanov, hoy no conoceríamos en el resto del mundo los derechos laborales, casi como en la fábula de Orwell, algunos soviéticos eran más iguales que otros, y eso terminó por causarles problemas más adelante.

Y finalmente los incomprendidos alemanes con su idea de fraternidad, tristemente no entre todos los hombres, sino sólo entre los blancos y puros, que logró levantar una nación arruinada por el tratado de Versalles y convertirla en una potencia mundial en cuestión de una década. Un logro nada desdeñable considerando la situación de la economía mundial para el momento en que los nacional socialistas asumieron el control de Alemania.

Ya sabemos en qué terminó el experimento soviético y no tardaremos en descubrir a dónde nos llevará el neoliberalismo, sin embargo, el fracaso anticipado de la fraternidad como valor para organizar la vida social y económica, tanto como la recuperación milagrosa de Alemania entre 1929 y 1939, nos da una buena pista de lo que una nación consciente de sí misma y cuyo valor regente es la fraternidad, puede hacer.

Está de más decir que los alemanes cometieron errores atroces que le costaron la vida a millones de personas, pero donde ellos fallaron, quizás nosotros podamos prosperar. Tenemos poco más de 200 años de historia republicana y recién hemos dejado de matarnos a nosotros mismos, y aunque es un logro pequeño en el contexto mundial, puede ser el comienzo de nuestra propia revolución.

En este caso hablo de derogar nuestra propia triada perversa “familia, tradición y propiedad” y desde la fraternidad que debería propiciar pertenecer a un territorio anegado en sangre, poder pensar en que la familia nuclear mutó durante el siglo XX, la tradición nacional de cebarnos con el adversario político no es viable, y aunque la propiedad privada es uno de los elementos formativos del Estado de derecho, el país nos pertenece a todos. Es una cuestión de valores.

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