La vida polémica de Álvaro Uribe: Colombia. 

semana.com

Por Eva Paliè
Hablar de colombiana es hablar de polarización, es hablar de corrupción, es pensar en las malas administraciones y  en la corrupción en escalada desproporcionada, ya sea desde lo regional o lo nacional. Todas las semanas nos enteramos de un escándalo nuevo y con proporciones mayores para deleite de los medios y el morbo de la sociedad civil,  cuyo umbral de asombro creció a tal punto que ya no es conmovida por ninguno de los sucesos políticos que nos sacuden día a día. 

Hablar de política colombiana es,  sobre todo, pensar en sus líderes que en muchas ocasiones no hacen un buen uso de su poder y carisma para llevar al país por senderos de crecimiento social y político. En este pequeño escrito me propondré mostrar una cara que muchos conocen, pero que nunca debemos dejar de mostrar. El protagonista del perfil que presento a continuación es as uno de los políticos más polémicos y cargados de controversia que ha tenido el país en los últimos cuatro lustros: Álvaro Urive Vélez.

Álvaro Urive Vélez nace en Medellín en 1954, hijo del terrateniente y ganadero Alberto Sierra y de Laura Vélez Escobar. Sus hermanos: Santiago, María Isabel, María Teresa y Jaime Alberto, éste último ya fallecido. Está casado con Lina María Moreno Mejía y es padre de Tomás y Jerónimo Alberto Moreno. Estudió Derecho en la Universidad de Antioquia, obteniendo el título de doctor en Derecho y ciencias políticas en el año de 1977, y en 1999 obtuvo un título de especialización en Alta Gerencia en la universidad norteamericana de Harvard. 

Su política siempre ha sido cuestionada. Siendo alcalde de Medellín, nombrado por el presidente Belisario Betancur, fue destituido cuando habían transcurrido tan sólo cinco meses. También fue director de la Aeronáutica Civil en un momento en que Pablo Escobar, el capo de capos colombiano, obtuvo licencias para sus pistas con las cuales pudo consolidar su negocio de narcotráfico; sin embargo, ningún medio de comunicación se ha pronunciado al respecto, quizá porque una de las fuentes de esta información fue Virginia Vallejo, quien fuera amante de Escobar. 

Uribe Vélez fue gobernador de Antioquia, y desde ahí empezó a crecer como la espuma, creando una fuerza política nunca antes vista por líder alguno en el país. Sus maneras de hacer política son dignas del mejor showman, un tipo que todos los colombianos conocen, y que la mitad odia y la otra mitad ama. Desde la gobernación creó lo que se erigió como las bases del paramilitarismo colombiano, al que ha estado unido según muchos de sus críticos: las llamadas Convivir. Su fuerza y caudal político se afianzó de tal manera que no tardó  mucho tiempo en darse cuenta de que podía ser presidente de la república bananera que es nuestro país. Hizo alianza, construyó una imagen que muchos envidian, pues aún hoy, después de haber corrido tanta agua debajo de ese puente, agua sucia por cierto, mucha gente lo defiende a capa y espada. 

Conocido por sus chuzadas, sus persecuciones, su sombra encima de muchos… y él, intocable. Algunos de sus correligionarios hoy son prófugos o han sido condenados por los delitos que cometieron mientras estaban a su servicio. Él ha estado involucrado en los falsos positivos, Odebrecht y casi todos los escándalos de nuestra vida política, pero no ha sido tocado por la justicia. Muchos esperan que sea la justicia internacional la que venga a por él, ya que la nuestra le teme. 

Uribe es de esos políticos que debemos tener siempre presente y jamás olvidar. Colombia debe conocer a sus verdugos, a esos que logran vender una imagen prístina y consiguen que una gran mayoría compre sus posturas. Es tal su fuerza que, a pesar de tener tanto en su contra, logra arrasar en elecciones y tener un séquito que daría demasiado  por complacerlo. 

El último escándalo en el que se vió involucrado le está dando la vuelta al mundo, tanto así que el gran escritor John Lee Anderson trinó señalándole y tomando partido. El escándolo se dio después que la periodista Claudia Morales escribiera una columna en la que contaba que había sido violada, columna que escribió de manera magistral, como si fuera una novela policiaca, un guión para ser llevado al cine. No dio el nombre de su victimario, pero dejó una serie de pistas, sólo lo llamó ‘Él’. Y así muchos periodistas, políticos, y ciudadanos salieron a la cacería y no tardaron mucho en señalarlo. Sí, lo señalaron a él, a Álvaro Uribe Vélez, pero creo que no vamos a saber sí es o no el perpetrador. Lo que sí pudimos constatar es que Uribe no tiene mucho tacto a la hora de defenderse, y eso para muchos es una prueba contundente de su culpabilidad. Uribe no traiciona su ser, ese ser pendenciero y camorrero, que cuando se le acusa o acorrala se defiende a dentelladas y a trompadas de ser necesario; aún a estas alturas de su vida donde ya muchos hombre se aplacan, él sigue siendo el bravucón que siempre ha sido.   

Deseo llamar la atención sobre algo, que ya de tanto verlo lo dejamos de lado: Uribe Vélez es el político que moldea la clase dirigente de nuestro país. Es ese anti héroe que necesitaba Colombia en este momento  histórico. Para mí, es una creación de nuestra sociedad, pues como dicen los sociólogos, los psicópatas los creamos desde el sistema porque los necesitamos. Queda, entonces, una pregunta por responder: ¿para qué lo necesitábamos a él, precisamente a él? 
 

no critiques, crea

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