Plan de Ordenamiento Territorial en el Centro de Bogotá: lo que está en juego

Por: Felipe Pineda Ruiz

Plan de ordenamiento territorial (POT) adopta como Laboratorio al centro de Bogotá que sigue su curso en el Concejo de Bogotá, y que fue presentado formalmente por la Alcaldesa Claudia López el pasado 10 de septiembre, sigue su ininterrumpido proceso de gentrificación iniciado hace 15 años.

Lo que ahora es una novedad para los habitantes de 27 zonas de la ciudad, que serán afectadas por las “intervenciones estratégicas” incorporadas al POT recién socializado, es decir, las “expropiaciones express” de las cuales serán objeto, es un asunto cotidiano para las 300.000 personas que habitan las localidades de Santa Fe, Mártires y La Candelaria hace más de una década. 

No es un invento criollo aquello de “recuperar los centros de las ciudades principales”, como tampoco es una simple casualidad el slogan de la campaña del ex alcalde Peñalosa en 2015, el famoso “Recuperemos Bogotá”.

Aquello de recuperar las áreas céntricas y peri-centrales, para el gran capital, es una de las obsesiones de los grandes conglomerados ligados al sector inmobiliario a nivel mundial. 

En “El ‘nuevo’ imperialismo: acumulación por desposesión” (Social Register, 2004), el geógrafo británico David Harvey ya mencionaba como la “acumulación por desposesión” buscaba preservar el sistema actual, repercutiendo en los sectores empobrecidos la crisis de sobreacumulación del capital, mercantilizando ámbitos hasta entonces cerrados al mercado. 

En el contexto global actual este concepto se lleva a la praxis mediante el desplazamiento territorial “de los que el mercado no necesita, al mismo tiempo que éste intenta incorporar a los circuitos de la acumulación capitalista los valores simbólicos y los recursos materiales de cualquier espacio considerado como “deseado”. A diferencia de la acumulación originaria cuya intención consistió en incorporar los desposeídos a las relaciones capitalistas del mercado laboral, la finalidad ahora consiste principalmente en expulsarles de los lugares céntricos de la ciudad, en los cuales están demasiados visibles para que “funcionen” las estrategias de revalorización” (Sassen, 2014).

Nos encontramos ante una sin∼salida que solo se solventa mediante la movilización de las comunidades en los barrios populares de las tres localidades, acciones jurídicas que frenen parcialmente la andanada de los “grandes cacaos” que van por la “joya de la corona del centro”, y un cambio de rumbo para Colombia (2022) y Bogotá (2023), que solo el proyecto articulador de la multiplicidad de demandas sociales, encarnado por el Pacto Histórico, puede frenar. Estamos a tiempo de detener  el macabro Plan de Ordenamiento Territorial.

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