Opinión

Viva Colombia, ese país donde nos roban no solo las esperanzas

Por Alexander Quiñones Moncaleano 

por muchas razones, pero no por aceptar que nos sigan robando nuestros sueños y , donde los privilegiados de este nos recriminan que salgamos a las calles a protestar de manera contundente por nuestros derechos.”

A view Panoramic view over Plaza Bolivar which includes, Capitolio Nacional, Palacio de Justicia and the exterior of Primatial Cathedral of Bogotá or “Catedral Basílica Metropolitana de la Inmaculada Concepción”, located at the Plaza Bolivar Square in the city centre of Bogota, Colombia. Built in the period of 1807-1823 and designed by architect Fray Domingo Petres, the building includes elements of the neo classical style.

Colombia es un país de gente hermosa, de gente trabajadora y que se esfuerza por educarse, y eso lo demostró el movimiento estudiantil donde tres estudiantes perdieron sus ojos y miles fueron masacrados a golpes por el ESMAD. Millones de colombianos sueñan con un empleo digno o con que su salario suba mas del irrisorio 6 % que con bombos y platillos el gobierno de Uribe Vélez. Vemos un país con deseos de vivir con mejor bienestar social, pero cada vez la ultraderecha, que nos gobierna hace 200 años nos quita esa posibilidad, no solo robándose los recursos del Estado, o sea, nuestros recursos, sino que además nos impone un régimen tributario cada vez más feroz.

Mi país es especial, tanto que seguimos permitiendo que la élite nos gobierne y nos exprima cada vez más, y antes nos alegramos de que lo haga. Nos alegramos que personas como Daniel Samper Ospina apoye el movimiento estudiantil y nos exija que lo hagamos en orden y sin violencia; un personaje que recibe contratos por 927 millones sin licitación o concurso alguno. Nos sentimos felices que Alejandro Gaviria nos recrimine porque según él la protesta social debe ser en orden y con la camisa por dentro, sin incomodar al Establecimiento; no sabiendo que Alejandro Gaviria es ese neoliberal que abraza esas políticas que dejan en la miseria a millones de seres humanos y enriquecen a unos pocos aumentando la brecha entre ricos y pobres. Colombia le decimos doctor a una caterva de mentirosos, que salen a decir en sus hojas de vida que son doctores, como lo hizo Enrique Peñalosa y no pasa nada, sigue gobernando la capital a pesar de su crimen, porque lo que hizo Peñalosa se tipifica como crimen; pero no falta el que lo defienda y justifique, como justificaron al subpresidente Duque cuando mintió sobre sus estudios en Harvard, diciendo que eran especializaciones cuando se demostró que fueron cursos de 8 horas. Ese es mi país.

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Viva Colombia por muchas razones, pero no por aceptar que nos sigan robando nuestros sueños y esperanzas, donde los privilegiados de este país nos recriminan que salgamos a las calles a protestar de manera contundente por nuestros derechos. Así sale Francia a sus calles, a quemar les Champs Elysees et La Tour Eiffel de ser necesario por la defensa de sus derechos fundamentales y bienestar social. En su columna Atilio Boron  nos dice cosas que nos ponen a pensar en nuestra Colombia: “¿Es esto lo único que hace de Francia un país tan peculiar? No. Más importante que este incesante fermento insurreccional que históricamente distingue a las capas populares francesas es que sus luchas resuenan como ninguna otra en la escena mundial. Ya lo había advertido Karl Marx en 1848 cuando, observando la revolución en Francia, dijera que “el canto del gallo galo despertará una vez más a Europa”. Y la despertó, aunque esos sueños fueron aplastados a sangre y fuego. Miremos la historia: la Revolución Francesa retumbó en Europa y América, con fuerza atronadora; la Comuna se convirtió en una fuente de inspiración para el movimiento obrero mundial, sus enseñanzas reverberando inclusive en algunos rincones apartados de Asia. El Mayo francés se reproduciría, con las lógicas características nacionales, por todo el mundo. En otras palabras: Francia tiene esa única capacidad de convertir lo suyo en un acontecimiento histórico-universal, como gustaba decir a Hegel. Y esa es, precisamente, la inimitable peculiaridad de lo francés{…}La rebelión de los “chalecos amarillos” que comenzó hace pocas semanas cuando dos camioneros y la dueña de un pequeño comercio         -desconocidas entre sí y habitando en distintos lugares del interior de Francia- lanzaron a través de las redes sociales una convocatoria a protestar en las rotondas de entrada de sus pequeñas ciudades por el aumento del precio del combustible. A los pocos días una de ellas tenía casi un millón de seguidores en su cuenta de Facebook. Luego vino la convocatoria del 17 de Noviembre en París y, a partir de allí, la protesta adquiriría una dimensión fenomenal que puso al gobierno de Macron entre la espada y la pared. Lo que no habían podido hacer en tres meses los sindicatos del ferrocarril lo lograron los “chalecos amarillos” en pocas semanas´{…}Más allá de sus efectos globales la brisa que viene de Francia es oportuna y estimulante en momentos en que tantos intelectuales y publicistas de Latinoamérica, Europa y Estados Unidos se regodean hablando del “fin del ciclo progresista” en Nuestra América, que supuestamente sería seguido por el comienzo de otro de signo “neoliberal” o conservador que sólo lo pronostican quienes quieren convencer a los pueblos que no hay alternativas de recambio y que es esto, el capitalismo, o el caos, ocultando con malicia que el capitalismo es el caos en su máxima expresión.”

Qué nos deja claro pensar en la protesta social y en nuestro país. Nos deja claro que somos conformistas a la hora de luchar por nuestros derechos, a la hora de luchar por nuestro bienestar social. Que como sociedad civil no tenemos los bríos y la educación de otros pueblos, que como los chilenos lograron a pesar de vivir, o quizá a por esos mismo, en dictadura tienen educación universal gratuita y una de las mejores economías del continente. Debemos como sociedad civil construir un tejido social mal robusto y vigorozo que nos lleve a tener una sociedad no solo mas educada sino más consciente del daño que ha hecho nuestra clase dirigente a lo largo de nuestra historia.

Decir que Viva Colombia, es decir, exigir y luchar por una sociedad ms equitativa y menos pobres, es impedir que se apoderen de nuestros recursos con demagogia barata, como hace el señor Roberto Angulo, que en su posición de privilegiado nos dice que Colombia va por buen camino, porque además recibe puestos sin someterse a concurso. Colombia es un Estado fallido, por muchas razones: muertes a lideres sociales y políticos, censura de prensa, corrupción por billones de pesos, muertes que no se investigan porque aquellos a los que hay que investigar son poderosos e intocables, porque nuestros niños en diferentes partes del territorio se mueren de hambre, porque nuestra juventud no puede recibir educación superior de calidad, porque diariamente son despojados de sus tierras campesinos e indígenas y porque los que tienen que mostrar esa realidad se concentran en crear cortinas de humo para ocultarlas; así funciona nuestra democracia, secuestrada por unas cuantas familias poderosas. Familias que se han encargado de acaparar la riqueza de un pueblo rico en recursos, pero pobre en la defensa de sus derechos.

Cada día nos indignamos por un escandalo mayor, y enumerarlos es casi que una estupidez. Pero el último no deja más que la sensación que no vamos a salir de este estercolero sino interviene la potencia del norte, como la ha venido haciendo a cuenta gotas. Que llegue y se lleve al que se tenga que llevar como se llevó a Noriega en Panamá el 20 de diciembre de 1989. Para que podamos decir Viva Colombia.

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