Hay que Creer en las Instituciones

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Por  Martha Elena Rangel 

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Todo experto politólogo o jurista nos dice a diario que hay que en las , que hay que rodearlas porque sin ellas, se va a pique la sociedad. Pero, ¿Por qué no creemos en ellas? Como ando desocupada, me puse a revisar el transcurrir de la historia y la reacción del pueblo colombiano a las y sobre todo al orden institucional. En primer lugar, nuestras fueron impuestas por los españoles y siempre han estado en mano de los políticos privilegiados. Eso quiere decir que a personas del común como usted o como yo, jamás nos van a llamar para ser directores del IDU o ministros de desarrollo. Se supone que un director, presidente o gerente de una institución de este país, debe poseer títulos de posgrado o sea debe ser experto en la materia.

Debe poseer la teoría no necesariamente la práctica. En segundo lugar, el susodicho sabe y es docto en las disposiciones o políticas que se han aplicado en otros países y su labor, es aplicarlas en Colombia. ¿A quién perjudica? ¿Es pertinente? Eso no importa, si funcionó en Suiza pues lógicamente será un privilegio aplicarla aquí.

Esa práctica, aunque bien intencionada, nos ha llevado a adoptar políticas y planes de acción excluyentes, que no se adaptan a la realidad del país en el momento histórico que se está viviendo.

Villegas Editores, lanzó una publicación que conmemoraba los 450 años de la fundación de Bogotá. Se las recomiendo. En el tomo I que abarca la conquista y la colonia, nos cuenta la siguiente perla: Para 1810 la ciudad de Bogotá, no contaba con acueducto y alcantarillado, obviamente a las calles se lanzaban toda clase de desechos que generaban insalubridad y epidemias. Los sitios más olorosos eran las chicherías, por lo tanto decretó su cierre y prohibió terminantemente que la gente hiciera sus necesidades fisiológicas en la calle. Paso entonces a narrarles, como reacciono el pueblo.

, oriunda del pueblo que le otorgó el apellido, se levantó muy a las 4 de la madrugada con el espíritu rasguñado, pues había gastado la noche anterior, cien botijas de chicha ayudando al compadre Antonio a apagar el incendio provocado por los chapetones hijuemíchicas, al tratar de evitar, para la fiesta de los polvos, el expendio del fermento. No solamente me tengo que aguantar la excomunión decretada por el Arzobispo Urbina -pensaba- sino que encima de todo, estos chapetones me dejaron sin los tres atados de maíz por evitar dizque las peleas y los cagaderos por donde pasa la procesión. ¡Ojalá los saquen de acá! Por un lado nos friegan pero de noche nos buscan. ¡Hijuemíchicas!

Cavilando y maldiciendo llegó a la calle del mercado y se encontró con el corrillo de los distinguidos criollos que alegremente leían un papel. “Y aquí que pasó… ¿A qué vienen esas risas?” Venga vieja y le leo, contesta uno: “El rey Fernando VII decreta: “Considerando 1° Que en esta ciudad padece tantos catarros y calenturas, lo que proviene en gran parte de tantas cagada€s como se hacen diariamente, y 2°que del buen arreglo de todas estas cagadas se obtiene la doble ventaja de atender a la salubridad pública al mismo tiempo que se crea un ramo muy productivo para los dueños de las chicherías, decreto lo siguiente: Art.1° todo individuo de uno u otro sexo, mayor de dos años, está obligado a hacer sus necesidades en la cloaca o letrina que se haya para el efecto, junto al puente de San Francisco. Art.2° Los que tengan que acudir a dicho establecimiento, presentarán para ser admitidos en él, una boleta que exprese si el individuo está con evacuaciones o estítico, al del bastón de lata que estará a la puerta con su mesa y papel para tomar razón de los números de las boletas, las cuales serán devueltas para que cada persona haga de la suya el uso conveniente después de la operación. “Transitorio: Por ahora no se adopta para el efecto el de la fábrica Benedictina, por estar todavía muy delgadito, lo que pondría en riesgo los dedos… Art.4. La tarifa de las boletas será la siguiente: 1. Por la de estíticos 1 real: las de evacuaciones a medio real y las de pujos otro medio. Art.5° Deberán hablar rápido para desocupar velozmente a las personas que vengan muy apuradas. Art.6° Se pondrá una letrina de más, junto al puente de San Agustín, en tiempos de cabildo por ser ésta la época de más cagadas…Art.7° Al que se coja en el acto, deberá recoger su producto con la mano y al que debido al apuro, llegase a desocuparse en los calzones, cuando vaya para la cloaca, volverá incontinenti al palacio arzobispal para que se le devuelva el importe de la boleta, previa constatación del Hecho” Transitorio: Esto se entiende mientras los dueños de las chicherías distribuyen tusas a toda la población, con el fin de evitar tales fracasos que disminuirán el producto de la renta y darían lugar al fraude.2° Sin transiciones: La persona que necesite de la tusa lo manifestará al pedir la boleta y el oficial primero se encargará de acomodarle el utensilio. Art. 8. Cuando la experiencia haya dado a conocer, poco más o menos, este negocio, se pondrá dicho ramo de cagaje en remate, y será preferido el que más puje…Dado y firmado de mi mano …Comuníquese y cúmplase. El pasquín como se le conocía a este tipo de protesta, existe. Pueden consultarlo. Si esto pasaba en 1810, díganme, queridos lectores ¿cuándo hemos creído en nuestras instituciones?

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