Democratizar los medios de comunicación: ¿qué significa y cómo lo hacemos?

Logos de algunos medios de comunicación emergentes


El Shabbat 



Este fin de semana que pasó, uno de los medios de comunicación independiente con mayor cobertura de Colombia hizo un anuncio que abre de nuevo el debate público sobre la necesidad de hallar formas efectivas y éticas de financiar el periodismo. Si bien este es un tema de interés mundial, considero que en nuestro país tiene implicaciones de gran peso.

Colombia es un país en el que los ciudadanos necesitan medios de comunicación robustos que traten de velar por sus intereses. Las instituciones de nuestra nación no son lo suficientemente confiables, la corrupción invade a la gran mayoría: se pierden en manos de corruptos más de 50 billones de pesos anuales. He aquí una razón suficiente para que tengamos nuestros ojos abiertos e indaguemos sobre todo lo que sucede en torno a nuestras instituciones. La prensa y, en especial, el periodismo investigativo deben tener siempre sus equipos en trabajo sempiterno para denunciar y sacar a la luz pública todo el entramado de corrupción.

Un país sin prensa independiente y robusta es un país con una democracia endeble y con gobernantes filibusteros. Los ciudadanos deben tener presente sus derechos y deberes y uno de sus derechos es justamente el de tener a su disposición la información como un bien público y a estar bien informados. Alguien debe hacer este trabajo y para ello se necesitan recursos, y ¿de dónde saldrán esos recursos económicos? Pues los ciudadanos que quieren una sociedad plural, abierta, con entes de control fuertes y con la información a su disposición deben aportar para que esto sea así. Si un buen número de ciudadanos, no digamos que todos, aporta para que los medios emergentes hagan cada día un mejor trabajo, tendremos información pública de calidad y de manera eficaz a nuestra disposición.

Hay ejemplos negativos que podemos citar para respaldar esta proposición. La más evidente y que nos ayuda a prender las alarmas es la respuesta a una pregunta sencilla: ¿de quién son los medios de comunicación? Aquí la respuesta: «Los grandes medios de comunicación hoy por hoy están en manos de grandes fortunas en todo el mundo y Colombia no está por fuera de esa tendencia. Como lo cuenta Pikety en la presentación del libro, TF1 pertenece al grupo Bouygues, y Le Figaro a la familia Dassault. Le Échos, es desde 2007 propiedad de la mayor fortuna de Francia, Bernard Arnault (LVMH) y Le Monde fue adquirido por el trío Bergé-Niel-Pigasse, mientras que Libération por el dúo Ledoux-Drahi. En Colombia sabemos que la casa editorial El Tiempo es del hombre más rico del país, y también uno de los más ricos del mundo: Luis Carlos Sarmiento Ángulo; la revista Semana recientemente fue comprada por Jaime Gilinski, dueño de otra de las fortunas del país; el otro gran diario colombiano es de propiedad del grupo empresarial Santo Domingo desde 1997; finalmente el canal RCN es del otro gran magnate del país, Carlos Ardila Lûlle.»

Si los medios de comunicación están en manos de los grandes capitales, tengamos claro que su razón de ser no va a ser informar de manera clara, sino manipular esa información; no van a controlarse ellos mismos o los que les dan millonarios contratos. Lo vemos todos los días. Uno de los casos más sonados tiene que ver con una de las revistas con mayor tirada e impacto del país que engavetó información vital para la vida de miles de personas en el país y que involucra un capitulo que aún hoy no se cierra del todo: los mal llamados ‘falsos positivos’, que no son más que ejecuciones extrajudiciales en manos de las fuerzas represivas del Estado Colombiano. Para infortunio de la revista y en beneficio de la sociedad, el diario más leído del planeta publicó la información que la revista ocultó de manera vergonzosa y lesiva para el país.

El título de la investigación de The New York Times Las órdenes de letalidad del ejército colombiano ponen en riesgo a los civiles, según oficiales dejó perplejos a los colombianos y al mundo en general, pues lo que se revelaba era el regreso de los falsos positivos. Todos los medios alternativos e independientes estaban atónitos y tratando de cubrir el asunto de la mejor manera, pues también corría el rumor de que un medio muy importante del país tenía la investigación y no quiso publicarlo. La Silla Vacía publicó con muchos detalles cómo se dio ese asunto, y cómo una investigación de esa importancia terminó engavetada y de no ser por el periódico gringo hoy nadie sabría nada.

Este último es tan solo un ejemplo de los miles que hay para demostrar que hoy es necesario democratizar los medios de comunicación. Democratizar los medios comunicación: ¿qué significa y cómo lo hacemos? Esa es la pregunta que debemos tener en mente para lograr medios robustos, independientes y dispuestos a hacer lo que un medio de comunicación debe hacer: periodismoY que tengan a disposición de la sociedad sus unidades de investigación. Un medio que se llame a si mismo como independiente y veraz no puede tener negocios con las administraciones de turno; y acá es donde el ciudadano consciente de la necesidad de medios independientes, debe meterse la mano a la billetera y hacer una donación anual que permita que los medios puedan funcionar de manera óptima. La responsabilidad de una democracia fuerte y abierta es de todos; y aunque no todos podamos hacer una donación sí tenemos otros mecanismos para lograr que esto se produzca. 

Podemos mirarlo de la siguiente manera: si quinientos mil ciudadanos elegimos donar un dolar mensual a una casa editorial independiente y/o emergente esto lograría financiar trabajos serios y de excelente manufactura. Estamos hablando de 6 millones de dolares para que los medios emergentes e independientes puedan hacer su trabajo. Los ciudadanos deben saber que todo trabajo requiere recursos económicos para lograrlo. Ese es el debate que debemos poner en la mesa de todos los colombianos.

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