Mujer, respeto y vida.

Mujer respeto y vida. Históricamente las mujeres hemos sido vistas como el sexo débil. En gran parte por la ideología religiosa que promulga que la labor de la mujer es secundaria a la del hombre. Este tipo de enseñanza se convierte en la convicción generalizada de que las mujeres debemos ser sumisas porque servimos exclusivamente para ser madres. Por su parte, los escenarios de la política,  la educación y las profesiones son “cosa de hombres”.

Es importante subrayar que la labor de ser madres. Y sostener un hogar (no solo en el ámbito económico) es uno de los trabajos más difíciles. Y menos agradecidos. Sin embargo, no es en el único escenario en donde las mujeres nos podemos desempeñar. Relatos como el de la Gaitana, Manuelita Sáenz, Antonia Santos y Policarpa Salavarrieta. Nos enseñan que podemos y debemos estar presentes siempre en la lucha, en la búsqueda de la igualdad, dignidad, no discriminación, etc.,

Estas mujeres, y muchas más, han luchado por un cambio significativo. En nuestra constitución política de 1991 se estipula la igualdad de derechos y no discriminación en el ámbito de educación, laboral, salud, familia, entre otros. Existen leyes que protegen y sancionan el maltrato físico y psicológico a la mujer, que reconocen beneficios a las madres cabeza de familia, y que obligan al estado a tener un porcentaje mínimo de mujeres que ocupen cargos de mando en entidades estatales (30%). A pesar de estos avances, aún persiste la discriminación de género.

La carga de las tareas de cuidados plantea un “riesgo real de volver a los estereotipos de género de los años 50”.

Maltrato Físico

Si investigamos un poco las cifras del maltrato físico, evidenciamos que el mayor porcentaje es la violencia hacia la mujer. Estas cifras aumentaron durante el aislamiento preventivo obligatorio que se generó a raíz de la pandemia por Covid 19, lo que demuestra, en primera medida, que las entidades estatales no tienen la capacidad para brindar la ayuda necesaria en equipo técnico, profesional, y de infraestructura como para poder brindar una medida de protección inmediata. Pero también deja en evidencia la ausencia de una política pública de educación de género, de sexo y de respeto.

Aunado a esto, existen casos de maltrato que no se denuncian ya sea por miedo, vergüenza, intimidación o porque hemos normalizado ciertas conductas, tales como el acoso de tipo sexual en los escenarios de trabajo, estudio, grupo de amigos, etc. Estas historias dejan al descubierto que culturalmente seguimos permitiendo que las conductas de irrespeto continúen.

Una manera de luchar contra esta difícil situación es que las mujeres creemos redes de apoyo mutuo en la que eduquemos a otras mujeres y a los hombres para no permitir que la violencia de género se perpetúe. El respeto debe prevalecer y este cambio debe darse con educación y con diálogo, no con violencia ni medidas extremas. Lo más importante es que entre todos busquemos una vida digna. Por eso hay que decir Mujer respeto y vida.

¿Qué es el feminismo? Definición y guía para principiantes


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