HiloTwitter

me encontré con la sorpresa de que había solamente una cabeza



 El Shabbat 



Por Edward Blandón


En el año 2003, en Necoclí Antioquia, me llamaron una tarde de domingo a hacer una necropsia. Cuando llegué a la morgue del hospital buscando el cuerpo, me mostraron sobre una mesa una bolsa negra de plástico del tamaño de un balón de fútbol.

Cuando la abrí, bastante desconcertado, me encontré con la sorpresa de que había solamente una cabeza. Pregunté por el resto del cuerpo. ”Quién sabe si aparezca doc, a veces aparecen y a veces no”, fue la respuesta del vigilante mientras se encogía de hombros.

Tener que realizarle una necropsia a una cabeza sin cuerpo ha sido de los episodios de peor recordación en toda mi carrera. Fue algo escalofriante. Como macabro. Difícil de describir.

Era de un hombre joven, tal vez entre 20 y 25 años. Pensé muchas cosas mientras la examinaba. Pero sobre todo pensaba en qué clase de perturbación mental se necesita para ejercer ese tipo de violencia.

Los muertos no sangran, así que es posible saber si una herida se realizó en vida o después de muerto. Los dientes rotos, las quemaduras al rededor de la boca. Las heridas en el rostro hechas como con un destornillador… todas lesiones en vida.

La carne desgarrada en el cuello, como aserrada, claramente sangrante, demostraba también que el proceso de cortar la cabeza, se realizó -o al menos empezó- estando vivo.

Todavía me estremece recordarlo y pensar en esos momentos. En quién era. En qué pasó. No me importa qué hizo, si es que hizo algo. En mi concepto, nada justifica ese tipo de violencia. Ninguna violencia. Para el 2003, la violencia del conflicto en Colombia estaba, creo yo, lejos de su punto más alto y más vil. Sin embargo, aún pasaban cosas como esas. Hoy, que veo que reaparecen noticias de decapitados, muertes selectivas, torturas crueles… me pregunto ¿qué sigue? ¿Qué nos falta? ¿Hasta qué punto vamos a retroceder? No sé si nosotros, la sociedad civil, la gente del común, vayamos a ser capaces de poner límites a partir de acciones reales. Desesperanza, se llama esta sensación.

La violencia de cerquita deja un sabor mierda que no se quita nunca.
Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos! No critiques, crea

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *