Política

Martín Santos y Tomás Uribe, dos representaciones diametralmente opuestas 

Por Alexander Quiñones Moncaleano

Foto: lanuevaprensa.com

Dos jóvenes conocidos por la opinión publica que cada día hacen más ruido en redes sociales y reciben eco de los respectivos medios de comunicación que cubren la cuestión y social del país. Dos hombres que representan dos caras de una misma moneda: El Establishment. Sin embargo los estilos y las enmiendas políticas entre uno y otro son opuestas. Como lo son sus padres.

Cada cierto tiempo hay un pulso entre uno y otro. Pulso que ha mostrado diferentes facetas tanto de uno como de otro personaje. La primera que resalta de Tomás es su forma vulgar y altanera, esa que dice que lo que se hereda no se hurta, o que hijo de tigre sale pintado. Tomás como su padre se ha visto en escándalos desde muy joven. Tomás hoy tiene 37 años y es un hombre que ha salido en defensa de su padre en cada una de sus batallas, como la que está librando el senador en este momento contra la Corte Suprema de Justicia, convertido en un show mediático amarillista y culebrero como están acostumbrados a hacer los miembros de la familia Uribe. 

, abogado de formación y político con una larga tradición familiar se ha tomado este duelo con un humor fino e inteligente. Se sabe que a Uribe la clase social criolla no lo ha aceptado del todo, y que lo han utilizado para hacer las cuestiones menos sanctas, esas que ni ellos se han atrevido a llevar a cabo. A Martín lo hemos visto reírse de Tomás y burlarse de sus formas poco elegantes de proceder.  

Colombia sabe de las relaciones sociales que han permeado a los hermanos Uribe  desde muy jóvenes, como sucedió con su abuelo y su padre. Rodeados de narcotraficantes, paramilitares y caballistas de la más dudosa reputación y antecedentes judiciales. A Tomás lo hemos visto en imágenes con una larga fila de narcotraficantes, rodeado de todo tipo de escándalos financieros, económicos y de negocios envueltos en una bruma de ilegalidad y duda ética. Por allí han pasado relaciones con pirámides, zonas francas  y paraísos fiscales. Tanto así que el menor de los Santos mencionó un chiste en Twitter que no les gustó mucho a los Uribe dando a entender que su patrimonio ha seguido igual o menor mientras que el de Tomás y Jerónimo ha crecido de manera exponencial desde y después de que su padre pasara por la Presidencia de la República. Salieron los Uribe a hablar de sus éxitos empresariales cosa que todos sabemos que es una mentira que rechina en el horizonte político colombiano. Tanto así que el pueblo se mofa de ellos llamándolos los cacaítos más exitosos que ha parido Colombia. 

Martín es ese muchacho que todo el mundo quiere por sus maneras afables e inteligentes de actuar. Hijo de un político con una tradición de más de cien años de vida republicana. Con abuelos de cuna noble y padres rodeados de los mejores privilegios. También podríamos criticar su ascendencia… Sin embargo entre unos y otros me quedo con los Santos, perversos y dañinos para el país pero evolucionando en sus formas. 

Los dos son producto de una sociedad atrasada y extractiva. Con instituciones débiles y excluyentes. Que nos ponen en los peores lugares de desigualdad del planeta. Donde cada día hay más pobreza y los ciudadanos sufren de los peores males de sociedades atrasadas y sin educación: una salud paupérrima, una educación deficiente y una justicia social en picada. No estoy diciendo que los Santos sean menos perversos, lo que quiero indicar es que las maneras sociales que ellos tienen son más sutiles y diplomáticas, menos camorreras. Eso indica un poco más de respeto y un liderazgo cada vez más positivo. 

Martín ha tomado el ejemplo de su padre, así como Tomás del suyo. El primero representa un país tolerante, que quiere la paz; el segundo representa la guerra y las mafias de los más bajos fondos del país, donde lo que menos quieren es un cambio del status quo. Si me preguntan con cuál de los dos me quedo, sin pensarlo dos veces me quedo con Martín Santos, al cual se le podría hacer una eventual oposición en caso de necesitarla; en cambio a Tomás sería un asunto muy complejo. Pues, como pasa con su padre, la arrogancia y la mirada mafiosa harían de él un líder peligroso para las instituciones democráticas. 

Ellos seguirán sus peleas y divertirán al pueblo con sus agarrones: pan y circo.    

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