Emprendimientos

Los postres de Alejo: “Somos El Postre que no sabias que querías”


Por Alejandro Gonzalez 


Cuando me invitaron a escribir sobre mi marca fue una sensación un poco extraña. Decidí que la contaría como se la contaría a algún conocido. Haciendo énfasis especialmente en la importancia de compartir. De tener amigos. De la recompensa al trabajo fuerte y de ser un poco tercos si quieres que las cosas te funcionen. 

La verdad es que Los Postres nacieron como un escape a la rutina que después se convirtieron en un hobby para, finalmente, ser un negocio. Sé que muchos puede que no logren dimensionar lo que es, en un país como el nuestro. Intentar vivir de un “pasatiempo” y que ese pasatiempo termine siendo la forma de pagar las cuentas. Especialmente cuando cualquier persona pensaría que “un postre lo hace cualquiera”.  

Los Postres nacieron, oficialmente, el 26 de junio de 2017 cuando hice la primera venta a una gran amiga que siempre estará en mi memoria por haber sido la primera persona que confió y pagó por uno de mis productos.  

Cada fin de semana preparaba un sabor diferente, los ofrecía por mis redes sociales (el nuevo puerta a puerta), tomaba los pedidos, cargaba una nevera, la ponía en el puesto del copiloto (cuando no encontraba alguien que me ayudara a entregarlos), y me ponía en la tarea de entregar mis postres por todo . Esta última parte no era nada fácil para alguien que, como yo, no es de la ciudad. Pero benditos sean la tecnología y los sistemas GPS. 

Tras un par de meses, en los que logré preparar alrededor de 30 sabores distintos de postres, cada fin de semana se repetía la historia: labor de promoción, producción, distribución y venta. Conocía gente nueva cada fin de semana, el voz a voz se hacía más grande y así, sin saber cuándo ni cómo, los postres comenzaron a requerir más tiempo, más dedicación. 

Ya en mis redes sociales se hablaba de los postres de Alejo, a pesar de que estos aún no tenían imagen corporativa. En ese momento, como decía al comienzo de este artículo, el valor de los amigos volvió a brillar y, de nuevo, una gran amiga se encargó de imprimirle su talento a lo que se convirtió en la imagen que actualmente tienen Los Postres. Sandra Durán, amiga, diseñador y quien estaba segura de que la imagen no podía ser otra que yo mismo, se encargó de diseñar el personaje que aparece en el logo. Esto, sin duda, fue un acierto porque el logo se convirtió en un gancho: “eres igualito al del logo”, decían las personas que tenían la oportunidad de recibir un producto de mis manos. 

Para entonces, Los Postres gozaban de un poco de reconocimiento en Instagram y Twitter, las ventas iban bien, pero yo aún tenia ganas de hacer algo diferente y quería llegar más lejos. En un arrebato de esos que dan cuando sabes que no tienes nada que perder, empaqué recipientes, utensilios, la nevera fiel y emprendí un viaje de venta de postres a Pereira.  No tenía ni idea de qué podía esperarme, pero tampoco me importó. En una semana vendí más de 100 unidades, cifra que era increíble para ser la primera vez que estaba en un lugar fuera de Medellín. 

Luego quise intentarlo de nuevo con un reto más grande, esta vez en Bogotá. Fueron más de 350 unidades vendidas, jornadas laborales de 19 hora diarias entre producción y distribución en las que mi familia hizo de cómplice. De la mano de mi madre en la producción, mi hermano menor en la distribución. Rompí las expectativas de ventas que pude haberme hecho de esa incursión en la capital. 

Regresé a Medellín más que satisfecho con el resultado. Con la cabeza un poco revuelta por saber cuál iba a ser el siguiente paso. Pero con la determinación que esto que había empezado para regalarle a mis amigos. Iba a ser lo que me daría para vivir y que por eso tenía que darle todo para que así fuera. 

Empecé el trabajo de posicionamiento de marca, participé en una feria gastronómica para darme a conocer, aumenté mi presencia en redes sociales, encontré un canal de venta inesperado en Twitter, el cual reprodujo el ADN de mi marca con una dinámica de regalos entre usuarios de esa red, algunos anónimos, algunos con mensajes de ánimo, algunos solo por cumplir el antojo de otra persona, todo siguiendo un par de campañas como “Dilo con un postre” o “Déjanos hacerlo por ti“.  Estas campañas contaron con la voz de Diana Estrada y la edición de video de Simón Padilla, quienes escucharon mis ideas y con su talento le dieron forma y voz. 

Entendí que ya no podía seguir siendo la persona que se encargara de todo. La demanda se hacía mayor. Lo que me impedía seguir con las labores de promoción. Tenía que encontrar la forma de delegar la producción y la distribución si quería seguir creciendo como marca y llegando a más personas. Así fue como llegó a mi vida Alexandra, quien con sus prodigiosas manos se encarga de preparar y hornear los productos que hoy se venden bajo la marca Los Postres de Alejo. También contraté un servicio de mensajería para la distribución. 

Este paso me llevó al siguiente peldaño, dado que ahora tenía más tiempo para pensar en lo estratégico para la marca. Comencé a hacer envíos nacionales, que pasaron de 5 por semana a más de 20. Y en la actualidad a más o menos 300 envíos realizados. De Pasto hasta la Guajira, desde Yopal hasta Popayán, algo que el tipo que empezó haciendo postres para regalar jamás se imaginaría. 

Hoy, después de casi 3 años y medio de existir. Con más de 10.000 unidades vendidas, me gusta mencionar las personas que han sido parte del proceso a modo de gratitud. Porque como les dije al inicio, esta es una historia de agradecer a los amigos. De reafirmar la importancia de compartir, de creer, crear y crecer. Que el sacrificio tiene sus recompensas y que sí, que aunque sea muy difícil, se puede vivir de eso que nos apasiona. Y nos hace vibrar el corazón.

#SomosPeriferiaUrbana


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