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Levy le reponde a Vickicita

¡Para Vickicita!

Siendo esta la última vez que dedico mi tiempo para contestar a tus columnas escuetas, pueriles, sin fondo ni argumentos, que confirman lo que siempre he creído: tu mal periodismo, tu insensibilidad con las artes, la vida, la gente… y esa atarbanería digna de quien fue criada para servir a las mafias y no quiso revelarse a su lúgubre destino de advenediza y prostituta de los micrófonos al servicio de las élites…

Vickicita, Vicky, Señora de Gnneco, que te bañas tres, cuatro y hasta cinco veces al día sin que alguno de esos baños te pueda limpiar la conciencia. Tú que protagonizaste desde RCN, cuando imperaba el paramilitarismo en Colombia, la obra de teatro ruin que le subía la popularidad al sociopata más despiadado que parió el narcotráfico — que tanto te gusta — de este país, ¿con qué cara hablas de bandas del pajarito? Cuando tus patrones, los Ardila, Sarmiento Angulo y demás, te dieron un canal, un noticiero y una burbuja para que tu solita te hicieras al nombre de la gran líder de opinión de la dictadura.

Tú, imponderable en el rating, sesgando la información para beneficio de traquetos, callaste los Falsos Positivos, las Fosas Comunes, los campos de concentración de Paramilitares, mientras posabas cual presentadora de farándula, de una ética periodística que nunca tuviste.

Mi querida presentadora del surrealismo, que como una loquita, anda creyéndose periodista, desde las emisoras que le prestan sus jefes, ¿cómo es que te queda tan difícil entender que la gente ya no te cree? Te lo puedo explicar, pero tampoco lo entenderías, porque simplemente, como lo dije antes, no conectas con la realidad, igual a los sociopatas que te criaron, te dieron trabajo y hasta con los que te juntaste para hacer familia y escapar de tu verdad: la de la triste pueblerina — que no es una vergüenza serlo — que sueña con pertenecer a las élites. La trepadora, la antagonista de novela mexicana.

Te asustas, tiemblas y te paraliza la cara, saber que un grupo de “barbones tatuados” te desnudaron ante el país entero. Porque no somos ni hacemos parte de la generación a la que engañaste muy fácil. Ellos, que también fueron tus víctimas, no representan la revolución: somos nosotros, los maleantes de barrio, los Maras, como nos llamas. Que, a propósito, ellos, los maleantes, también son víctimas de la falta de educación, el narcotráfico y el paramilitarismo que defiendes desde los canales en donde ejerces de bufona de gamonales.

No compramos likes, ni views, ni nada en el mercado negro (como lo describes con tono racista). Esos números que ves ahí, que no te dejan dormir: representan la indignación de los colombianos que se hartaron de gente servil de los poderosos como vos y tu “banda del paraquito”.

Estás obsoleta, Vickicita. Eres incapaz de comprender lo que se gesta mientras te pudres en las cabinas de los Gilinski.

Con mucho cariño y prediciendo el final de tu carrera, limpiando con babas, la sangre inocente que derramaron los asesinos con los que construiste tu miseria, te deseo tranquilidad… Mucha paz, señora Dávila.

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