Opinión

Laureano Tirado un quejoso impertinente


elshabbat.com


Por Elvis Vargas   @elvis_vargas_g

 


REFLEXIONES SOBRE LA DENUNCIA DEL COLUMNISTA CONTRA EL DOCENTE WILMER CHAPARRO (I): ¿POR QUÉ ES UNA QUEJA IMPERTINENTE? 


Uno de los temas que más removió las redes sociales la semana pasada fue la queja del señor Laureano Tirado, al parecer muy conocido en los corrillos de la política santandereana, quien se fue lanza en ristre contra Wilmer Chaparro, docente de lengua castellana de 11° del Colegio Franciscano del Virrey Solís de , por haber propuesto a sus estudiantes un ejercicio de análisis crítico con base en la serie Matarife, cuyo formato, contenido e intencionalidad se han convertido en tema de álgidas discusiones en todos los ámbitos de la opinión pública nacional. 

Como educador, hace algún tiempo que vengo pensando en el hecho de que una gran cantidad de personas, sin importar su nivel educativo o campo de formación, se sienten con la competencia y el derecho de opinar sobre el ejercicio docente, así como sobre las estructuras curriculares, las dinámicas institucionales y el ámbito educativo en general. Así que, al margen de establecer si Laureano Tirado tiene o no la razón en sus apreciaciones, me he propuesto escribir estas líneas para señalar por qué considero que el columnista santandereano se arrogó unas atribuciones que no tenía y, por tanto, no era la persona pertinente para realizar la mal llamada “denuncia”. A la crítica de los supuestos argumentos pedagógicos y metodológicos que ha empleado en sus publicaciones y declaraciones ante algunos medios de comunicación le dedicaré otro texto en los próximos días, porque allí hay incluso más tela que cortar. Así las cosas, este texto reflexivo tendrá una segunda parte (prometo solemnemente no caer en la insoportable moda cliché de las trilogías).

Toda la polémica mediática empieza por un hilo en Twitter del 16 de junio de 2020, en el que Laureano Tirado se erige como vocero de los padres de familia del y publica la fotografía, el cargo, el lugar de trabajo y el nombre de un maestro que en su concepto deber ser denunciado, como si del autor de un delito se tratase. En un primer momento, como lector desprevenido, pensé que se trataba de un padre de familia de 11° del colegio que, en su condición de tal, había sido elegido por la mayoría de sus pares como vocero de la inconformidad colectiva, y que luego de agotar todos los pasos del debido proceso y el conducto regular contemplado en el Manual de Convivencia Escolar sin obtener una respuesta satisfactoria, había acudido al extremo de exponer su caso en las redes para darle visibilidad.

Para mi sorpresa, el señor Tirado, no solamente no es padre de familia de ninguno de los estudiantes a quienes les fue asignado el trabajo, sino que tampoco tiene algún lazo con la institución educativa, por cuanto no hace parte de la comunidad virreyista. Luego, no se entiende de dónde se atribuye el carácter de “vocero” para hablar a nombre de los padres de familia de un colegio con el que no tiene vínculo alguno. ¿Le otorgaron los padres de familia un poder legal para representarlos? ¿Lo acreditaron oficialmente como acudiente de sus hijos en los documentos de matrícula, para darle con ello el derecho de representarlos ante la institución? Francamente, sin necesidad de acudir a verificación alguna, sé que la respuesta es no. Así que la pertinencia de su rol como vocero por aquí no es.

Con respecto a que la queja del señor Tirado pudiera expresar un sentir general de los padres de familia, él mismo señala en su columna tendenciosamente titulada “Adoctrinamiento ideológico en las aulas de clase”, publicada por el portal Los Irreverentes el 22 de junio de 2020, que fueron solamente dos (2) padres de familia quienes lo buscaron “para que fuera el receptor del inconformismo que generó en ellos” la tarea en cuestión. Ni siquiera lo buscaron para que fuera su representante, su vocero, como él mismo se denominó; como se desprende de las propias palabras del señor Tirado, los dos padres de familia lo buscaron para que los escuchara, para compartirle sus cuitas. Pero a partir de ello, el receptor de la queja se erigió, abusivamente por demás, en vocero de un colectivo de padres y madres de familia que muy probablemente ni siquiera habían oído hablar de él en su vida. Es más, al parecer son muchos más los padres de familia que tienen una percepción diametralmente opuesta a la del señor Tirado, tanto en lo político e ideológico, así como en lo pedagógico, como lo evidenciarían más de 40 firmas de padres de familia de 11° que salieron en apoyo del docente y de la institución, según lo dieron a conocer los mismos acudientes, alumnos y exalumnos del colegio, cuando respondieron a los trinos desobligantes del señor Tirado hacia la institución y sus jóvenes luego de una entrevista realizada por Caracol Radio Bucaramanga. Entonces, por acá tampoco es la cosa.

Si se trata de verificar que se hubiesen agotado los mecanismos contemplados en el Manual de Convivencia para la resolución de inconformidades por parte de los miembros de la comunidad del colegio, por simple apego al debido proceso y al conducto regular institucional, lo primero que ha debido ocurrir era que los padres molestos (o su representante debidamente acreditado) acudieran a expresar su molestia directamente con el docente de la asignatura. En caso de considerar que la respuesta no fuera satisfactoria, podrían seguir escalando su inquietud, respetando el orden jerárquico institucional: director de grupo, jefe de área, coordinador académico, vicerrector (si lo hubiese) y, finalmente, si nada de lo anterior diera resultado, el rector del colegio. Pero por la cronología, es evidente que todo el proceso se hizo con las calzas al revés; en lugar de ser el primer receptor de la inconformidad, el profesor Chaparro se tuvo que enterar de la queja rocambolesca por Twitter, prácticamente cuando la misma ya iba camino al despacho de la Ministra de Educación, mediante carta formal del 19 de junio de 2020, suscrita por el congresista Edwin Ballesteros Archila, representante a la Cámara del Centro Democrático por Santander. O sea, que no solo se saltaron el conducto regular del colegio, sino que además pasaron por encima de todo el sistema de inspección y vigilancia de las instituciones educativas de la ciudad de Bucaramanga, del departamento de Santander y de la Nación. Impertinencia 3 – Pertinencia 0.

Visto desde esta perspectiva, el señor Tirado se instituyó, de manera arbitraria e impertinente, como el representante de un colectivo de padres de familia que jamás lo eligió, para barrer con la honra y la idoneidad de un docente y de un rector, así como con la dignidad de unos jóvenes alumnos y exalumnos que salieron en defensa de su Alma Mater, a quienes tildó de “decadentes” y de sujetos incapaces de una reflexión crítica por no pensar como él. Eso sin contar con el hecho de que quiso poner por el suelo el buen nombre de un colegio que lleva casi 80 años haciendo un enorme e innegable aporte cultural y académico al nororiente colombiano, solamente porque el contenido de un objeto de análisis crítico no gira en la misma dirección que su ideología política.

En este caso, parece que aplica a la perfección un adagio popular muy pintoresco de la tradición histórica del departamento de Santander, de la que el señor Tirado se precia de ser un ávido lector y estudioso: “Chilla más el lazo que el marrano”.

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