Por qué mientras en los países vecinos el pueblo se levanta contra sus gobernantes en Colombia aguantan hasta el hartazgo 

Antidisturbios enfrentándose a los manifestantes en Quito. RODRIGO BUENDIA AFP


El Shabbat |



Por Alexander Quiñones-Moncaleano


En Latinoamérica hay insatisfacción de parte del pueblo. Los gobernantes tienen a sus habitantes sumidos en una miseria e infamia que cada día crece de manera exponencial. Argentina y Colombia tienen las monedas más devaluadas del continente. La semana pasada, Perú se quedó sin presidente. El índice de buena vida no pinta muy bien; empecemos por esto último.

Una investigación global realizada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) revela cuáles son los países que más sufren la falta de equilibrio entre la vida laboral y personal.  Según la publicación del organismo, el estilo de vida en algunos países latinoamericanos no está realmente equilibrado. El estudio denominado Better Life Index tiene en cuenta, entre algunos factores, el tiempo libre que tienen las personas para el ocio y el cuidado personal con relación a las horas dedicadas al trabajo. “La evidencia sugiere que las largas horas de trabajo pueden afectar la salud personal, poner en peligro la seguridad y aumentar el estrés”, explican los creadores de este indicador.

Según esta escala, tres naciones latinoamericanas se encuentran entre las 10 que peor calificación obtuvieron: mientras más bajo es el índice se considera que el país tiene un peor equilibrio trabajo-vida. La lista la lidera Colombia con una puntuación de 0,9, donde cerca del 27 % de los empleados trabajan 50 horas o más por semana, seguido por México y Turquía, mientras que Chile ocupa el séptimo puesto con una puntuación de 5,0.

Pasemos a Perú: esta nación se quedó sin presidente y sus ciudadanos salieron a las calles a protestar por toda la crisis. Gran parte de esta crisis política puede ser atribuida a Odebrecht, una empresa constructora brasileña que prosperó durante el auge económico. Durante décadas, la constructora fue la empresa principal de los proyectos importantes de infraestructura —como carreteras, puentes y represas— que usaban los presidentes sucesivos para demostrar su buena gestión del país. El brote de investigaciones detonó como una bomba en la élite política de Perú. La policía arrestó a Ollanta Humala, un militar retirado que fue presidente de 2011 a 2016, y lo retuvieron en prisión durante meses. Los fiscales, buscando una sentencia de 20 años, lo acusaron de haber recibido pagos ilegales de Odebrecht para su campaña. Alejandro Toledo, quien lideró Perú a principios de la década de 2000, está preso en Estados Unidos, a la espera de una solicitud de extradición peruana. Se le acusa de haber tomado unos 20 millones de dólares en pagos.

Y seguido de Perú, también estalló la crisis en Ecuador. Un Moreno adusto dijo que enfrenta una intentona “golpista” y puso a los militares a conducir buses para afrontar la huelga del sector del transporte. Le ha costado contener el enfado ante las cámaras al hablar de los “desestabilizadores” que intentan apartarlo del Gobierno “legalmente constituido”. Las protestas contra el paquetazo, como llaman en la calle a las recientes medidas, han dejado decenas de heridos y más de 300 detenidos que desafiaron las restricciones del derecho a reunirse. Hoy los ciudadanos siguen en pie de lucha y quieren derrocar a el otrora protegido de Rafael Correa.

En Haití también hay gran insatisfacción. Al menos 17 personas han muerto y 189 han resultado heridas en las protestas que se repiten casi a diario desde el pasado 16 de septiembre, denunció este jueves la Red Nacional de Defensa de Derechos Humanos. Entre los 17 fallecidos figuran dos menores de edad, según el informe elaborado por la RNDDH.

Colombia no es ajena a la crisis política que se vive en el continente y sus habitantes están en medio de una situación  socialmente deplorable, el desempleo ha alcanzado cifras de dos dígitos y el dolar alcanzó un techo que no había visto el país jamas. Ni hablar de la corrupción, pues en esta nación suramericana se destapa cada semana un nuevo escándalo de corrupción. El último involucró a la universidad pública, donde se descubrió que fueron saqueados 11 mil millones de pesos. Los estudiantes salieron a enfrentar a los corruptos y fueron gaseados y violentados por parte del ESMAD.

Resulta curioso que en Colombia jamás haya sido depuesto de su cargo un presidente. Los ciudadanos colombianos, al parecer, tienen un aguante que ningún pueblo tiene. Los ecuatorianos bajan presidentes, el único que ha terminado su mandato en los últimos veinte años ha sido Rafael Correa; en Perú ha pasado lo mismo, hasta el carismático y popular líder Fujimori está condenado por corrupción. Eso no lo ha visto un colombiano hace más de 50 años. El único presidente depuesto ha sido Laureno Gómez y no fue precisamente por el pueblo sino por el Establecimiento. Vale la pena hacerse la pregunta: ¿Por qué Colombia en su historia reciente no ha sido capaz de deponer a un presidente?

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