Las Prohibiciones Vs el libre albedrío

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Por Alicia Sarmiento 

Si bien a Carlos Gaviria, Q.E.P.D le cayeron truenos y centellas por su famosa sentencia sobre el libre desarrollo de la personalidad, siempre me sentí identificada con ella.  Somos libres incluso para hacernos daño.  Decidimos por nosotros mismos permanecer en una relación tóxica, ser infieles, decir mentiras, consumir drogas, alcohol, vender nuestro cuerpo, suicidarnos. Son todas libres elecciones.

También podemos elegir ser mejores personas, crecer en conciencia, no insultar a las personas con las que tenemos diferencias.  En fin, el único límite que se debe reconocer a la libertad propia, es la afectación al derecho de otra persona.  “Nuestra libertad termina donde comienza la del otro”.  Es allí cuando y donde funcionan las normas, las leyes, las prohibiciones: no robar, no matar, no agredir, no alterar la tranquilidad de los vecinos.

 Soy libre de robar sí, pero estoy afectando la propiedad de alguien más, el derecho penal me debe reprimir.  La libertad de expresión.  Soy libre de decir lo que yo quiera, pero no puedo propagar mentiras sobre otras personas ni inducir a otros a perpetrar actos de violencia que afectan la vida y la integridad de otros seres humanos.

Para limitar nuestra libertad en estos casos, están los jueces, son ellos los que deben a través de un fallo, declarar que mi conducta viola un tipo penal.

Como madre de familia muchos temores me asaltan, queremos evitar el dolor y sufrimiento a nuestros hijos, quizá el miedo más grande en mi caso era la posibilidad de que cayeran en el infierno del consumo de drogas o sustancias adictivas.

Tenía pesadillas, cuando eran niños.  Los veía harapientos y con un frasco de solución entre su nariz y la camisa.  Por fortuna mis hijos no son perfectos pero adicto ninguno, me siento muy orgullosa de ellos, de él y de ella, han tomado desde su libre albedrío, las mejores decisiones.

Nos equivocamos cuando buscamos solución a estas angustias desde el derecho Penal y otros ámbitos normativos.  La pena de muerte no ha logrado evitar la comisión de delitos en los países donde se aplica.

La prohibición del alcohol fue causa de la muerte de muchas personas involucradas de una u otra manera en el contrabando de licor o en la lucha contra él y la solución fue legalizar su comercialización y consumo aunque muchas tragedias se derivan del alcoholismo.

Las conductas transgresoras de un consumidor de drogas o alcohol, deben también resolverse desde el derecho penal, no el consumo.

Se afirma que la prostitución es el oficio más antiguo del mundo y desde siempre se ha pontificado sobre la actividad.  Durante las guerras llevar mujeres a los soldados para que disiparan sus angustias con el sexo, estaba justificado, pero ellas, tratadas como mercancía ¿Qué pensaban?  ¿Cómo se sentían?

La lucha de las mujeres para alcanzar la autonomía y la libertad del yugo paterno o del cónyuge, o de los hermanos cuando no se casaban, no termina todavía en muchas latitudes.

El cuerpo de los hombres, de los niños, no escapa al deseo, la lujuria y la perversión que encuentra no pocos defensores, incluso en las más elevadas elites de la política y la economía.  Hay quienes defienden la tesis de que los niños y las niñas también consienten los actos sexuales, que son amados por estas, sus víctimas, y por supuesto el consentimiento de un infante está viciado por la inmadurez física y mental.

Si el niño no sabe lo que hace, no entiende o no conoce las consecuencias de sus actos, el adulto sí y allí debe haber una respuesta desde el derecho penal.

Abolir la prostitución sin embargo, me parece tan peligroso como la persecución que en algunas ciudades se da contra los vendedores ambulantes.  Prostitutas o trabajadoras sexuales como ahora se les reconoce, camareros, cuidadores de carros, recicladores, están en el eslabón más bajo de la cadena de producción.

Oportunidades es lo que todas las personas necesitamos.  Poder hacer los que nos gusta, eso en lo que somos buenos, eso para lo que tenemos un don y un talento especial, es el deber ser de una sociedad sana.

Cuando sueñas con bailar ballet pero tienes que hacer maromas en la calle a cambio de una moneda, vender flores o dulces en la calle, tu vida no funciona, es entonces cuando adolescentes y jóvenes escapan de la realidad consumiendo sustancias adictivas.

Lo primero que pierde un adicto es su libre albedrío, ya no decide por sí mismo sino por la necesidad de consumo y están dispuestos a lo que sea con tal de lograrlo. Muchas adictas adultas venden a sus hijas pequeñas, las prostituyen cuando ya nadie da algo por ellas mismas; ella puede hacer lo que quiera con su cuerpo, no con el cuerpo de sus hijas menores de edad.

Las jovencitas se entregan a toda clase de abusos con tal de obtener la dosis que necesitan, si son menores el adulto que las accede sexualmente comete un delito, eso es claro.

Mujeres adultas que deciden vender su cuerpo para vivir de ello, actúan desde su libre albedrío, presionadas por la necesidad o el facilismo, como lo quieran leer, y es su derecho hacerlo: libre desarrollo de la personalidad.

Cosa distinta sucede con las víctimas de trata de personas. No decidieron vender sus cuerpos, fueron engañadas y sacadas de sus países de origen, esclavizadas en otras latitudes donde se encuentran solas e indefensas.  Delito.

Si no podemos tener el trabajo de nuestros sueños, ese que nos haría felices realizar cada día y tener la dicha de recibir a cambio un salario justo por ello; si esta sociedad, si este modelo económico no ofrece a su ciudadanía la oportunidad  de vivir con dignidad, derivando el sustento de aquello que disfruta hacer, lo mínimo que debe hacer es respetar el libre desarrollo de la personalidad de cada hombre o mujer, para elegir el modo de ganarse la vida si con ello no daña a otras personas.

Me declaro cuadriculada.  Soy periodista y una periodista de la calle, de la reportería, no creo ser feliz tras un escritorio todo el día cumpliendo el horario de 8 a 12 y de 2 a 6.  No soy emprendedora, no me gusta limpiar, barrer, trapear ni hacer de comer, prefiero siempre lavar la loza.

Mi vida en el desocupe de estos días, mientras espero el llamado a trabajar de nuevo, transcurre entre la hora de hacer el desayuno, el almuerzo y la comida, lavar ropa y medianamente asear el apartamento.

Preguntas esenciales 

Entre tanto no puedo dejar de preguntarme ¿y si no me llaman? Si me quedo sin ingresos ¿Qué me pongo a hacer? ¿Publicar un anuncio en mis redes sociales a ver quién me ofrece trabajo? Expresar mi necesidad con un “estoy triste necesito cash” ¿y esperar que un alma o varias almas caritativas me consignen el dinero que necesito para arriendo, comida y demás obligaciones? Si hay alguien interesado en una mujer de 54 años ¿Cambiar sexo por dinero? ¿Podré hacerlo con condiciones?

Hay cosas que nunca he estado dispuesta a hacer incluso con los hombres que me gustaron, amé o “querí”.  No tendría que estar haciéndome estas preguntas si las condiciones fueran distintas.  Si por lo menos hubiese la Renta Básica para desempleados que tanto hemos reclamado para los más vulnerables durante esta pandemia.  Hoy me siento vulnerable, solo espero no serlo en realidad.

Todo esto para pedirles mayor reflexión a la hora de buscar soluciones a los problemas que nos aquejan.  Leer tanto aplauso por la censura de Twitter  a la cuenta de Donald Trump, que es un nuevo ataque contra la libertad de expresión me parece un beneplácito equivocado.

Si el Expresidente cometió un delito desde su libertad de expresión, debe ser su juez natural el que le juzgue, no las redes sociales ni las plataformas sociales que ahora parecen ser la conciencia del mundo, sentenciando desde su púlpito  monopólico lo que es verdad y aquello que no lo es, sin formula de juicio científicos en los temas de pandemia por ejemplo.  O juzgando desde la subjetividad de quienes administran las plataformas, lo correcto y lo incorrecto.

No nos dejemos embrujar por cantos de sirena, defender la libertad es fundamental, sin peros ni excepciones.  Muchas personas sueñan manejar el mundo privándonos de la posibilidad de decidir por nosotros mismos, no renunciemos a ello solo porque no entendemos la dimensión de aquello que estamos deseando.

Como dijo Estanislao Zuleta en su Elogio a la Dificultad, “Deseamos mal”.  Para los amantes de Harry Potter, cierro con esta frase de Dumbledore: “Vienen tiempos en los que tendremos que decidir entre lo que es fácil y lo que es correcto”.


Tags: #LibreAlbedrio, #Prohibiciones, #AliciaSarmiento,


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