Las execrables muertes de líderes, civiles y excombatientes de las Farc a manos del Ejército Colombiano

La semana que acaba de pasar hubo un día de terror para Colombia, estamos bajo fuego y al parecer bajo ‘fuego amigo’. El día jueves 19 de septiembre de 2019 fue asesinado el escolta de Yolanda González García, secretaria departamental de Alianza Social Indígena (ASI), que  es un movimiento político de Colombia. Yolanda González transitaba en su camioneta blanca por la carretera que comunica a Pamplona, Norte de Santander con Saravena, Arauca. 


El Shabbat |



Por Alexander Quiñones-Moncaleano


La semana que acaba de pasar fue de terror para Colombia: estamos bajo fuego y al parecer bajo ‘fuego amigo’. El día jueves 19 de septiembre de 2019 fue asesinado el escolta de Yolanda González García, secretaria departamental de Alianza Social Indígena (ASI), que  es un movimiento político de Colombia. Yolanda González transitaba en su camioneta blanca por la carretera que comunica a Pamplona, Norte de Santander con Saravena, Arauca.

Yolanda González García resultó gravemente herida y su escolta, un funcionario de la Unidad Nacional de Protección, Ezequiel Méndez Riveros, de 33 años de edad, adscrito a la UNP, murió en el acto. González relató a Blu Radio lo siguiente:«De repente me salieron unos hombres del Ejército a la carretera, a la vía. Me hicieron el pare, y el conductor paró, frenó. Empezaron a gritar que nos bajáramos del vehículo. El escolta sacó el carné, se identificó. Les dijo que venía armado porque era escolta, que venía con la protegida. No lo escucharon, empezaron a gritar que ‘bájense del vehículo’, y nos tenían encañonados. Había muchos hombres que nos estaban encañonando».

Las palabras de Yolanda González desde el centro médico son desgarradoras: «nosotros somos líderes, si tenemos protección es por algo, necesitamos es que ellos nos protejan, no que nos maten.» González se encuentra en el Hospital del Sarare, jurisdicción del municipio de Saravena.

 

Las muertes que en los últimos meses han sufrido civiles, líderes y excombatientes de las Farc a manos del Ejército Colombiano tienen en alerta a la sociedad civil, pues esto sumado a las revelaciones que hizo el diario estadounidense The New York Times sobre la reaparición de los mal llamados ‘falsos positivos’  y todos los expedientes que vinculan a Generales y altos mandos del Ejército no generan mucha confianza en esta institución. Y aunque quiera la prensa mostrar que en esto no hay sistematicidad, los hechos muestran lo contrario y es evidente que los medios engavetan dicha información.

En Colombia hay un ala radical que no quiere y a la que no le conviene que haya paz. Les sirve la guerra y el derramamiento de sangre. Esa ala radical vive de la expropiación y el negocio de la guerra. De postre hay una parte de la sociedad colombiana que los apoya: la base de la pirámide de la sociedad colombiana los respalda. Dicen que la ultraderecha es la única capaz de salvar el país. Esa es la verdad que les han vendido y ellos gustosos la han comprado. Nos comparan con nuestro país vecino, Venezuela; que nos vamos a volver como ellos, como si nosotros fuéramos Suiza. El índice Gini nos pone en el puesto número 4 de países más desiguales del mundo. En el 2018 estábamos por encima solo de Sudáfrica, Haití, y Honduras. La derecha colombiana no ha garantizado los mínimos de bienestar social que necesita una sociedad. Todo lo contrario, es conocida en el mundo por su capacidad extractiva y acumuladora que ve al Estado Social de Derecho como un feudo y lo administra como tal. Sin hablar de que somos el país con más desplazados internos del planeta: ya superamos la cifra de 8 millones de personas desplazadas internamente a causa del conflicto, ése que creímos por un momento que una vez firmando el tratado de paz con las Farc iba a parar. Pero ha sucedido todo lo contrario, y testigos de ello son los habitantes de las zonas del Bajo Cauca y Catatumbo, por ejemplo, que día a día deben vivir la zozobra del desplazamiento, el asesinato y el recrudecimiento de la guerra por un territorio en el que puedan controlarse las plantaciones de coca y los laboratorios de base de coca.

La barbarie que ha salido a la luz de los oprobiosos actos que ha sido capaz el ejército no nos deja mucho margen de acción para creerles: ya sabemos lo que le hicieron a Dimar Torres, conocimos del asesinato del joven de la Ruta del Cacao en la Lizama, Santander y ahora nos enteramos del asesinato de Ezequiel Méndez Riveros, el escolta de Yolanda González. Todo esto extiende sobre el ejército un manto de dudas. Y los ‘falsos positivos’ que aún permanecen frescos en la memoria colectiva de un pueblo que no quiere regresar a la guerra y que le exige al Ejército que cumpla su función y no que se alíe con ese sector violento de la sociedad que quiere guerra. No queremos que Generales como Mario Montoya o Diego Luis Villegas Muñoz sigan en funciones activas dentro del Ejército. Lo que necesitamos es que esa política de Estado que desea guerra, sangre y violencia sea ya desterrada de nuestra sociedad.

No ha pasado un mes de ser conocido por el país un audio donde se escucha al indigno militar Diego Luis Villegas Muñoz decir: «el Ejército de hablar inglés, de los protocolos, de los DDHH se acabó, acá lo que toca es dar bajas y si nos toca aliarnos con los Pelusos nos vamos a aliar, ya hablamos con ellos, si toca sicariar, sicariamos y si el problema es de plata pues plata hay para eso». Volvimos a esa época de terror, ese lejano año 2000 en el que nos llenaron de terror, muerte y violencia. Y la única manera de parar el horror es que la sociedad civil le plante cara a la ultraderecha y exija que paren las muertes.

Lo sucedido en Saravena no lo podemos permitir más. Es hora de salir a las calles y a la plaza pública a exigir que pare la ‘horrible noche’.

 

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