Opinión

Las apariencias engañan


Por Luis Carballo


Hace unos días me preguntaba si tendría que renunciar a todo lo que me gusta de la vida para estar en coherencia con mi pensamiento progresista. Si tal vez no estaría siendo incoherente e hipócrita al querer mostrarme a mí mismo como una persona abierta al mundo, en empatía con el pensamiento de todos, que quiere situarse en los zapatos de los demás y al mismo tiempo seguir viviendo en la burbuja protectora en la que me he ubicado durante la gran mayoría de mi vida. Había caído en lo que yo llamo preguntas existencialistas de personas que tienen su vida arreglada o planificada pero buscar dar una imagen de empatía. 

A veces hay que dar el gran salto y preguntarse que está sucediendo fuera de ese mundo perfecto que nos creamos algunos, saber cómo giran las cosas y sobre todo conocer las motivaciones que guían a miles de ciudadanos en su rebeldía y permanente inconformidad. Es la tarea que emprendí: aprender, estar atento a lo que sucede a mi alrededor y abandonar la burbuja existencial en la que resido, al menos por ratos, para estar en sintonía con lo que mueve a los ciudadanos.  ¿Por qué? Porque esto que nos está sucediendo no tiene vuelta, los problemas que tocan a los ciudadanos más vulnerables son los problemas de todos.

La crisis sanitaria, social y económica derivada de la pandemia actual, y que existía antes de ella también, ha llevado al aumento de la pobreza, la incertidumbre sobre el futuro para los más jóvenes, el cambio climático irreversible, el abuso y la represión de regímenes políticos en muchos lugares del globo, la inseguridad cotidiana que nos pasa de lado y las incivilidades permanentes, que incluyen las discriminaciones de todo tipo a millones de seres humanos.  Cerrar los ojos a todo esto ya no es opción, la realidad está allí y tarde o temprano nos atrapa y se desnuda delante de nosotros dejando ver un panorama desolador.

La Intención

La intención de esta columna no es enumerar la diversidad de problemas y situaciones que se viven hoy por hoy y que la gran mayoría de todos nosotros conocemos, sino preguntarse si conocer de primera mano esto y querer entender a los que diariamente se manifiestan contra ello es incoherente con un estilo de vida.  Nunca he sido de los que critica a nadie por su opciones o forma de ser, soy un ferviente creyente en la libertad de cada individuo y esto incluye también el que ellos sigan o no indiferentes, al fin y al cabo, es algo que solo le atañe a cada uno. Aquí el asunto es en dónde me ubico yo ante esta disyuntiva. 

Hace varios meses estaba muy activo en un grupo con personas a quienes tengo en gran aprecio, teníamos discusiones sobre temas de diferente índole, dado que el objetivo de la creación del grupo era el civismo y el amor por la ciudad donde nacimos. Se establecieron unas dinámicas muy interesantes y se creó una retroalimentación permanente.

Al ser parte de un grupo, era apenas natural que todos los puntos de vista sobre uno o diferentes aspectos de los temas tratados tuvieran divergencias o puntos de desencuentro… y eso está bien, así somos los seres humanos y la divergencia pone a prueba nuestro espíritu tolerante y democrático. Desafortunadamente a veces se cruzan líneas y se estropea el respeto que nos debemos.

Esto que les cuento al margen, me sirve para poner en contexto la situación que se derivó de esta situación. Decidí marginarme voluntariamente y privarme de los aportes de todos ellos cuando me percaté que ciertas líneas del respeto se habían cruzado, de alguna forma también yo había tenido mucho que ver en todo ello… y sentí que mi presencia allí, por el momento estaba comprometida.

Pero, se dirán, ¿y todo esto que tiene que ver con el tema central de la columna? Tiene que ver mucho, puesto que justamente el despertar y entender muchos de los aspectos que yo desconocía de la realidad nacional fue lo que creó un malestar en mí y me llevo a tener en algunos momentos discusiones fuertes con algunos de los miembros del grupo. Pareciera que querer comprender el acontecer del país fuera en contravía de nuestros anhelos y que desde la “burbuja” que nos hemos construidos algunos no deberíamos tener el derecho de conocerlos o interesarnos por ello dado que tenemos  “una vida sobre rieles”. Pero…¡Las vidas sobre “rieles” también se pueden descarrilar y chocar con realidades inimaginables!

Los Tiempos

Los tiempos turbulentos que vivimos dejan poco margen al espectáculo, estoy entendiendo que es importante comprometerse y aportar el grano de arena en el cambio con el que soñamos. Siempre he tenido claro que quiero ver sociedades dándole oportunidad a todos sus miembros y que querer vivir bien debería ser el sueño de todos. Quiero seguir por ese camino, quiero seguir interesándome por temas o asuntos que puedan mejorar la vida de las personas, apoyarles, darles difusión y no por ello abandonar mi gusto por las cosas buenas que la vida pueda proveerme, siento que ello no tiene por qué estar en contradicción.

Creer que nuestra filiación a ideas tiene que estar alineada a una vertiente del pensamiento político es un gran error. Creo firmemente que como ciudadano mi compromiso tiene que estar con las ideas, ¡las ideas que nos abran la mente y que permitan que como sociedad podamos alcanzar los objetivos que nos propongamos juntos! 

Seguiré amando lo bueno que nos trae este mundo, teniendo claro que se requiere al mismo tiempo concientización y apertura mental hacia los retos que la sociedad en su conjunto demanda, que mi tónica de respeto al pensamiento del otro debe prevalecer, que todo esto mencionado tiene que ser un trabajo personal e íntimo y que no se le puede imponer a nadie…

Seguiré amando la vida y los fantasmas que a veces me atraviesan por la cabeza no serán más que eso. No es necesario buscar o asumir culpas puesto que la empatía hacia nuestros conciudadanos no contradice nuestro deseo personal e íntimo de querer vivir bien.

#SomosPeriferiaUrbana


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