La Tendencia #TodosBloqueamosAVicky me parece un poco radical

Ayer en las horas de la tarde, en su programa diario la periodista Vicky Dávila entrevistó al senador y expresidente Álvaro Uribe Vélez, y pareció un programa de variedades y entretenimiento y no de periodismo serio y veraz. Le dio l palabra al lider de la derecha colombiana sin hacer una sola pregunta incómoda ni una contra pregunta. Al parecer no le alcanzó el valor para una crítica o un momento de reflexión aguda sobre todos los entuertos e investigaciones que tiene encima el líder político más y mejor acusado por la opinión pública. 

Periodista Vicky Dávila. FOTO: COLPRENSA.



El Shabbat 



Por Alexander Quiñones-Moncaleano


Ayer en las horas de la tarde, la periodista Vicky Dávila entrevistó al senador y expresidente Álvaro Uribe Vélez en su programa diario, y pareció más un programa de variedades y entretenimiento que uno de periodismo serio y veraz. Le dio la palabra al líder de la derecha colombiana sin hacer una sola pregunta incómoda ni una contra pregunta. Al parecer no le alcanzó el valor para una crítica o un momento de reflexión aguda sobre todos los entuertos e investigaciones que tiene encima el líder político más y mejor acusado por la opinión pública.

A pesar de que Uribe ha tratado por todos los medios posibles de manejar a la opinión pública, también le han salido al paso opositores que han tenido las agallas de controvertirlo y llegan incluso a llamarlo con los epítetos de “paraco”, “mafioso”, entre otros; a estos contradictores los ha llevado a estrados judiciales para que se retracten y sabemos que a perdido estas batallas judiciales. Los casos más conocidos son los del periodista Gonzalo Guillén y el jurista Ramiro Bejarano, a quienes ha querido censurar y hasta el momento no ha podido. Como también ha querido fundar un Estado de Opinión por encima del Estado Social de Derecho y re-fundar la historia de nuestro país, diciendo que a los jóvenes colombianos no les han contado cómo era Colombia antes de la llegada de él al poder.

Afortunadamente hay personas haciendo un trabajo juicioso y disciplinado desde diversos ámbitos. Desde el periodismo, desde la academia, desde lo jurídico, han tratado que este hombre no manipule ni le siga haciendo daño al país. Los trabajos de hombres como Ariel Ávila, o Juan Trujillo, el perfil que realizó la intelectual Carolina Sanín o los análisis que han hecho Sara Tufano o Sandra Borda, han contribuido para que el país no olvide que este hombre está envuelto en ejecuciones extrajudiciales y en financiamientos de campañas por parte del paramilitarismo. En el caso más reciente se le investiga por fraude procesal y manipulación de testigos, y quienes están del lado de la denuncia se esfuerzan para que este personaje no pase a la historia como una mansa paloma sino como lo que al parecer es: uno de los hombres que más daño le han hecho al país.

Por su parte, Vicky Dávila le abrió los micrófonos para que vendiera su producto y su cara de borrego degollado; y dijera cuanto lamento lastimero se le ocurriera. No obstante hoy las redes sociales salen a cobrarle su poco profesionalismo periodístico, y lanzan un hashtag que es tendencia y ya lleva más de 5 mil RT. Esta es la manera como los colombianos le hacen control social a ciertos periodistas que no hacen un trabajo serio sino con un claro sesgo político. Mientras tanto, sus compañeros salen a defenderla y a recomendar sus columnas sin el más mínimo asomo de crítica, como lo han hecho Daniel Coronell y Yohir Akerman.

Vicky Dávila se merece su suerte. Los colombianos despiertan a esa manipulación mediática tan mediocre que hacen algunos periodistas. La Tendencia #TodosBloqueamosAVicky me parece un poco radical y, a la vez, insuficiente. El colombiano debe exigirle a sus medios que hagan un trabajo profesional, en el que se haga más periodismo y menos content marketing. También deben darse cuenta de que la forma de propiciar un periodismo independiente y serio es asumiendo de manera activa su lugar como ciudadanos curiosos y exigentes, pero también sabiendo que así como tienen derechos también ostentan deberes. Si el colombiano asume el costo económico, social y político que debe asumir con el periodismo logrará tener un periodismo cada vez más robusto y profesional.

Pero ¿qué quiere decir asumir el costo costo económico, social y político? Pues que deben apoyar de manera económica la creación de contenidos periodísticos de calidad y sin sesgos políticos; que sean capaces de investigar y denunciar no solo a Petro sino a todos los políticos. Al poder político se le hace contrapeso a través del periodismo de investigación y de opinión pero para esto debemos dejar de darle este protagonismo a medios como El Tiempo, Revista Semana, Noticias Caracol, La W Radio o El Espectador.  Los grandes medios de comunicación hoy por hoy están en manos de grandes fortunas en todo el mundo y Colombia no está por fuera de esa tendencia. Como lo cuenta Pikety en la presentación del libro, TF1 pertenece al grupo Bouygues, y Le Figaro a la familia Dassault. Le Échos, es desde 2007 propiedad de la mayor fortuna de Francia, Bernard Arnault (LVMH) y Le Monde fue adquirido por el trío Bergé-Niel-Pigasse, mientras que Libération por el dúo Ledoux-Drahi. En Colombia sabemos que la casa editorial El Tiempo es del hombre más rico del país, y también uno de los más ricos del mundo: Luis Carlos Sarmiento Ángulo; la revista Semana recientemente fue comprada por Jaime Gilinski, dueño de otra de las fortunas del país; el otro gran diario colombiano es de propiedad del grupo empresarial Santo Domingo desde 1997; finalmente el canal RCN es del otro gran magnate del país, Carlos Ardila Lûlle.

Ya sabemos que el periodismo centrado en el contenido es viable económicamente, la premisa fundamental la repiten diarios como The New York Times y The Washington Post: el contenido el es rey. Y así han logrado hacer periodismo con grandes estándares de calidad e independencia. Pero debe haber una sociedad civil dispuesta a pagar por este contenido periodístico investigativo y unos medios dispuestos a hacer un trabajo profesional, aunque difícil. Es mucho más fácil hacer publi-reportajes, pagados por los gobiernos de turno.

Vicky está recibiendo un poco de control social que le recuerda que el periodismo es un trabajo que debe hacerse con profesionalismo y no un asunto de entretenimiento para el beneficio de unos pocos. Si solo tiene combustible para atacar a Santos -cosa que ha hecho desde que la nefasta plataforma del Establecimiento, Revista Semana, le dio su espacio en el que ha escrito como dos mil columnas sobre el ganador del Nobel- debe replantear el ejercicio de su profesión. Es absurdo que teniendo en sus micrófonos a uno de los políticos más controvertidos del país, su entrevista se utilice solo para contar uno de los lados de la historia.

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