Judicial

La muerte del funcionario del Banco de la República deja un sinsabor en la sociedad colombiana

Por Alexander Quiñones Moncaleano

Lanuevaprensa.com

Jhon Anderson Medina Camacho (alias ‘Emilito’), fue el presunto asesino de Álvaro Murcia, el funcionario del de la asesinado la semana pasada. Ya está en prisión y esperando el juicio que lo lleve a pagar por el atroz crimen que hace unos días conmovió a la

 El funcionario del Banco de la República terminó su jornada y salió hacia su casa, como hacía todo los días. Sin embargo, teniendo en cuenta que ese día había en Bogotá cicloruta nocturna y protestas por alguna eventualidad social, se vio obligado a tratar de evadir la ruta acostumbrada y buscar una vía alterna, ruta que lo llevaría al barrio donde le robarían la vida por unos pesos; más concretamente, por robarle su automóvil. 

A alias ‘Emilito’ lo aprendieron de manera exprés, pues el doliente era funcionario de una institución que tiene cierta influencia en el país. La prensa salió a decir cosas tales como lo hizo Claudia Palacios, columnista de El Tiempo, que este tipo de personas no debieran haber nacido, como si así funcionara el mundo. Como si no fuera de manera diferente, es decir, que el país se vuelque a construir una sociedad más incluyente y menos desigual para que personas como Jhon Anderson Medina Camacho puedan elegir hacer otras cosas y no dedicarse a la criminalidad.

Claudia Palacios se equivoca cuando cree que esto es una cuestión de individuos; puede que haga parte del debate la individualidad, pero debemos tener en cuenta lo social y político del asunto. A Álvaro Torres Murcia le quitaron la vida y a sus familiares la oportunidad de disfrutar su compañía, pero esto no se resume en un asunto de individualidades así estas sean la suma de la toda la sociedad. La columnista se equivoca al creer que se debe abortar porque la madre no pueda hacer hombres morales; o, acudiendo a las palabras de ella misma: 

“Más pecado es dar a luz un ser humano al que no se le dará tiempo, paciencia, sacrificio, amor, alegría, recursos y todo lo demás que requiere para que desarrolle sus talentos y enfrente sus debilidades. Y más daño le hace a la sociedad llenarla de personas levantadas con esas falencias que el hecho de dar el mensaje de supuesto desprecio por la vida, según argumentan quienes se oponen al aborto. Las personas que se convierten en padres tras meramente suplir una necesidad fisiológica, en el mejor de los casos criarán ‘ninis’ y, en el peor, delincuentes.”

Como en muchas oportunidades he insistido, la cosa va más allá de la división de la suma de todas las partes.

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