Víctimas

La muerte de Andrés Escobar a manos de la mafia y la complicidad del Estado 

Por Alexander Quiñones Moncaleano
@aqmoncaleano

Foto: Cortesía Archivo Casa Editorial El Tiempo

Ayer se cumplieron 24 años de la del futbolista , un ídolo de la afición colombiana. Esta muerte tiene que ver con aspectos que nos caracterizan como sociedad: narcotráfico, violencia, fútbol y mafiosos. Aunque hay que aclarar que no sólo somos cocaína y mafias. También tenemos expresiones culturales sublimes y dignas de admirar.

A Andrés Escobar lo mató la mafia, la cultura de “la vida vale menos que un peso”, esa que desde todas las calles de Medellín, y casi toda Colombia, cree que el dinero es más valioso que la vida. Los asesinos del “Caballero de las canchas” se creen intocables y en cierta medida tienen razón. Una vida segada por cuenta de un partido, aunque los motivos sean más profundos, es una infamia que lo peor de todo, nos caracteriza como sociedad. Los Henao sabían, como lo saben muchos mafiosos e infames hombres, que en Colombia, el poder y el dinero están por encima de la vida; en nuestro país la vida está lejos de ser sagrada. Vale menos que un cuarto de dólar.

El caso de Andrés Escobar, un paisa de pura cepa, que era un hombre tranquilo, pacífico, decente, demostró que el país puede hacer justicia si así lo desea. Que las fuerzas del Estado: inteligencia, fiscales, policías, pueden llegar a información profunda y fundamental en cuestión de horas. En el caso de Andrés, los fiscales pudieron saber quiénes fueron los asesinos del futbolista y cuál su prontuario.

Jesús Albeiro Yepes, uno de los tres fiscales encargados de llevar uno de los casos más mediáticos y dolorosos que ha tenido Colombia, después de mas de dos décadas contó muchas cosas que sabía y las conclusiones que sacó: “Ese día aprendí el poder de un Estado: si tiene voluntad y decisión es posible descubrir hasta el más planeado de los crímenes. El poder del Estado es infinito. Para resolver este caso hubo un despliegue de poder pocas veces visto en Colombia, quizás en dos o tres crímenes. Entendí entonces que el Estado lo puede todo, lo que pasa es que no le da la gana o la negligencia es total. Yo recuerdo que Muñoz estuvo varias horas en silencio, evadiendo nuestras preguntas hasta que se soltó y dijo que la coartada buscaba encubrirlo todo. Entonces el ambiente en Medellín estaba muy tenso. La gente buscaba lincharlo. Incluso ofrecían dinero para que fuera enviado a la cárcel de Bellavista en Medellín. Era una locura.”

Las palabras de Yepes, el fiscal, dan cuenta del movimiento de un Estado deslegitimado a los ojos de la sociedad que representa. Un Estado que en últimas no hizo justicia por la ejecución de un hombre que lo único que hizo fue jugar bien al fútbol. Una ejecución a manos de criminales como lo son los hermanos Gallón que ya han sido condenados… Aunque sean condenas que dan tristeza, ira e indignación.

Santiago Gallón es una figura que representa a la criminalidad, a la mafia, a la violencia que un sector de la sociedad colombiana quiere dejar atrás pero que aún le cuesta ingentes esfuerzos para hacerlo. El señor Gallón encarna al asesino, al criminal, que cree que tiene el poder para segar la vida de cualquiera. Este personaje oscuro ya ha sido condenado a principios de este año por apoyo a grupos paramilitares en los años 2010. Ha sido incluido en la lista Clinton y toda Colombia sabe que fue quien dio la orden a su conductor-sicario Humberto Muñoz Castro para que le descargara seis tiros de revólver a Andrés Escobar. Colombia también sabe que este oscuro señor, caballista, ha tenido una estrecha relación de negocios  con el ex-presidente  Álvaro Vélez.

Colombia está dando pasos para dejar atrás la cultura del narcotráfico, la muerte violenta y todo lo que esto conlleva. Hemos avanzado y sin embargo falta más trabajo tanto de la sociedad civil como del Estado.

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